Derecho a la vida subordinado al derecho a la propiedad

      En una sociedad que permanentemente «criminaliza» y condena, por los medios de comunicación de masas, la acción de las y los jóvenes; en donde las autoridades universitarias, rectores, decanos, directores, y gubernamentales son incapaces de entender el fondo de las demandas de las y los estudiantes las  «judicializan»

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Derecho a la vida subordinado al derecho a la propiedad

Autor: Director
15/05/2015

 

 

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En una sociedad que permanentemente «criminaliza» y condena, por los medios de comunicación de masas, la acción de las y los jóvenes; en donde las autoridades universitarias, rectores, decanos, directores, y gubernamentales son incapaces de entender el fondo de las demandas de las y los estudiantes las  «judicializan». Siempre habrán desquiciados dispuestos a matar. En la sociedad neoliberal chilena, nacida de la más repugnante violencia militar y civil en 1973, cuando los sectores dominantes se alzaron en armas para defender el «sacro santo» derecho de propiedad privada, este se situó por encima de todos los demás derechos humanos, e incluso, del derecho a la VIDA.

El alevoso asesinato de los dos jóvenes estudiantes en Valparaíso es la más clara manifestación de la socialización de la concepción neoliberal, con su individualismo y egoísmo perverso, en la cual se han formado miles y miles de hombres y mujeres en estos últimos 40 años. El centro de esa socialización a girado en torno a la importancia que tiene el derecho a la propiedad privada. En su nombre, todos se defienden, se encierran, se protegen, se arman y están dispuestos a violar el derecho humano, esencial y fundamental, como es el derecho a la vida.

  1. Hobbes, enseño, hace ya varios siglos, que los hombres están dispuestos en función de proteger sus propiedades y su vida, levantar y construir un poder despótico. Eso es lo que hicieron los sectores propietarios en 1973, cuando avalaron la dictadura militar de Pinochet. Esta protegió sus propiedades asesinando a miles de ciudadanos. Luego avalados por la Concertación de partidos políticos, construyeron e impusieron la «Democracia Protegida».  Hoy, las y los chilenos, no estamos dispuestos a seguir soportando esa forma dictatorial ni el poder despótico que ejercen en ella, los propietarios, los empresarios.

El poder despótico y anti-democrático de los empresarios nacionales, se expresa en distintas dimensiones de la estructura productiva y de servicios de la sociedad neoliberal. Desde aquellos que devastan la naturaleza a los que imponen la hegemonía cultural neoliberal a través de «vender» una supuesta «educación» en sus empresas educativas: colegios, liceos, centro de formación técnica, institutos profesionales y, sobre todo, universidades. La actual educación que se ofrece en las supuestas universidades privadas como también públicas no son más que los espacios de reproducción ideológica, justamente, de los perversos valores antihumanos del neoliberalismo.

Por eso, la lucha que desde el año 2006 ha desarrollado el movimiento estudiantil no debiera ser solo por gratuidad o de mejor calidad de la educación, sino por el fin del predominio de la educación neoliberal. La cual hoy de manera muy paradojal, las autoridades académicas, implementan o mejor dicho imponen en las universidades del capitalismo académico. La lucha de las y los estudiantes por la democracia al interior de esas casas de estudios, no debería reducirse a la demanda por tri-estamentalidad,  sino, fundamentalmente, por volver instalar la verdadera pluralidad académica en sus carreras y programas de estudio. Esta consiste en que el estudiante pueda tener la opción de elegir entre académicos y profesores de distintas posturas ideológicas y políticas. Actualmente, la uniformidad y homogeneidad es agobiante.  Todos los docentes universitarios, son formateados con los mismos objetivos, descriptores y bibliografías y además super-vigilados y controlados en el cumplimiento del «programa» de los diferentes cursos. La lucha estudiantil debe abandonar sus demandas economicistas y avanzar en la lucha política, social y académica por construir una nueva universidad.

Hay que superar los actuales discursos y los repertorios utilizados por las y los estudiantes en los últimos años. El movimiento estudiantil debe dar un salto cualitativo en lo argumental y en lo político. Debe comenzar a profundizar la discusión sobre qué universidad se quiere y qué tipo de sociedad. Para ello, también, sería fundamental y central que en esta nueva fase, las y los estudiantes sean acompañados -no dirigidos- por los académicos, que han sido y son los grandes ausentes de la actual lucha por la educación y por la Universidad.

Lamentablemente, la muerte de los dos estudiantes de la Universidad Santo Tomás, nos debiera ayudar entender qué es lo que está pasando en nuestra sociedad. Su asesinato  no es producto del desquiciamiento de un sujeto, no puede quedar encerrado en esa explicación psiquiátrica o psicoanalítica, sino que debiera hacernos meditar y reflexionar profundamente el tipo de sociedad en que vivimos. Y, no olvidar que ella es producto de la impunidad ante la violación permanente de los derechos humanos y de la naturaleza y, especialmente, del derecho a la vida por parte del neoliberalismo.

Santiago de Chile, 15 de mayo 2015.

©JCGL/jcgl


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