El Chaca: La historia del joven asesinado durante la celebración del triunfo del NO

Foto Chaca PORTADA

Luis Alberto Silva Jara tenía 14 años y ganas de estar en la calle la noche del 6 de octubre de 1988. El día anterior había triunfado la opción del NO en el plebiscito y con ello Pinochet abandonaría al menos el gobierno. Los pobladores de Villa Francia celebraban en sus calles, pero el “Chaca” –como le decían- había decidido irse a la esquina de Las Rejas con la Alameda. Ya había oscurecido cuando entre festejos y agitación oyeron disparos. Uno de ellos fue a parar en la cabeza del “Chaca”. Testigos apuntan a carabineros como los responsables. La causa, en cualquier caso, ha sido reabierta.

Luis era el menor de los cuatro hijos del matrimonio de Héctor Silva López con Eliana Jara Muñoz, quienes a mediados de los ‘70 llegaron hasta Villa Francia para tomarse un terreno y comenzar a levantar su hogar. La venta en las ferias libres del sector ha sido desde entonces su sustento. “Éramos bien pobres, vivíamos en dos piezas de madera prefabricadas, dormíamos todos en una cama. Entonces eso te hace crecer, yo creo”, recuerda Eliana, una de las hermanas del “Chaca”.

A Luis le gustaba el Colo-Colo y para ir al estadio tenía que trabajar. Se las arreglaba vendiendo las verduras que le sobraban a su papá. Por su tez morena y ganas de revolverla se ganó rápidamente el mote de “Chacasulo” entre sus amigos, quienes sacaron el nombre de la serie de televisión que por esos años se daba en Chile, Shaka Zulu. Eliana recuerda que lo mandaban al colegio y decidía irse para otra parte: “Si habían protestas él se arrancaba para allá, a las concentraciones. Pero aquí nadie sabía”, cuenta. “Siempre fue bien agrandao”, asegura.

Chaca futboleroA los amigos mayores y banderas del Colo, el “Chaca” comenzó a sumar las rojas con negro. Como en gran parte de los pobladores de Villa Francia, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) había calado hondo en los tempranos intereses de Luis. Sin importar que fueran las más baratas, hasta prefería comprarse las famosas zapatillas Tigre, conocidas por su diseño rojinegro. Las muertes de Miguel Leal y de los hermanos Vergara Toledo lo habían empujado también a ubicarse en la trinchera opuesta a la del régimen.

“Al parecer estaba en un grupo. Incluso le decían la mascota. Eran más grandes que él. Si  era un niño. Y nosotros no sabíamos nada. Después supimos que estaba metido en un grupo, que igual participaba en las concentraciones”, recuerda Eliana sobre las andanzas contra la dictadura del “Chaca”. En una de esas protestas fue que, semanas antes del triunfo del No, Luis había tenido que subirse a los techos de las casas donde vivía para arrancarse de carabineros. Luego de esto él le confió a su mamá algo que la marcaría para siempre. “Mami, a mí me van a matar”, asegura Eliana que le dijo, y luego agregó: “Pero no te asustí, yo quiero que tú me admitai a mis compañeros, no le cierre la puerta a nadie”. “La Villa Francia era más movida que ahora; en los años ´85, ´86, con las barricadas. Mi hermano nació dentro de todo esto. Nació con la dictadura y murió con la dictadura, sacando a la dictadura. Entonces él tuvo como una premonición, él sabía”, dice Eliana.

ALAMEDA CON LAS REJAS

“Eran como las 23:30 horas cuando dos niños menores, de unos 7 a 8 años, fueron a mi casa y me dijeron que mi hijo Luis Alberto estaba herido y que lo habían llevado en ambulancia a la Posta Tres”, relató a la justicia Eliana Jara, su madre. Dos horas antes había salido de su casa sin decirle exactamente dónde iba, solo que se juntaría con sus amigos. “Salió bien arreglado, bien vestido”, recuerda su hermana.

Alrededor de las 10 y media de la noche de ese 6 de octubre Luis ingresó grave al Hospital San Juan de Dios con una herida a bala en el cráneo con pérdida de masa encefálica. Una ambulancia lo había recogido desde el costado nororiente de la Alameda con Avenida Las Rejas. Una hora más tarde aproximadamente fue trasladado al Instituto de Neurocirugía. A las 00:40 del 7 de octubre de 1988 el “Chaca” falleció a causa de un traumatismo cráneo encefálico por proyectil sin salida. Tenía 14 años.

CARABINEROS Y TESTIGOS

El 25° Juzgado del Crimen de Santiago inició entonces una investigación para encontrar a los responsables de la muerte de Luis. Son sus padres quienes plantean a la justicia que habrían sido policías los que habrían disparado en contra de su hijo. “Personas me informaron que un radiopatrullas de carabineros en Alameda con Las Rejas, habría efectuado disparos a todo un grupo que estaba celebrando el ‘NO’”, se lee en la declaración que hizo su madre el mismo 7 de octubre, contenida en el expediente judicial que se abrió tras la muerte del “Chaca”.

Por su parte, Héctor Silva López, padre del “Chaca”, expuso que “como trabajador en la feria, cercana a donde ocurrieron los hechos, personas que viven por el lugar y que han pasado a comprar, comentaron que el día y hora de los hechos, había un grupo de personas en el lugar gritando consignas y que por el lugar pasó un auto-patrulla de Carabineros, disparando, cayendo herido mi hijo, pero sin aportar mayores antecedentes. Al igual ignoro nombre y dirección de las personas que me comentaron lo relatado”.

Entre diciembre de ese año y enero de 1989 la justicia llamó a declarar a 5 carabineros que, según un informe de la misma policía, podrían haber estado patrullando el sector donde ocurrió el hecho. Dos dijeron no haber estado en el lugar, mientras que otros tres plantearon que no recordaban ese día. En el expediente judicial no consta ningún documento ni bitácora que permitiera reconstruir los recorridos de las radiopatrullas o revisar eventuales informes de algún incidente por parte de los carabineros.

La pericia balística a cargo del Laboratorio de Criminalística de Investigaciones arrojó que el proyectil que mató a Luis Silva tenía un diámetro aproximado de 8 mm, con lo que se concluyó que “podría corresponder a uno de nueve balines que contiene un cartucho calibre 12, anti-motín”, el que –agrega el documento- “debió ser disparado por una escopeta calibre 12”. Carabineros respondió un oficio en el que se remiten a informar que “efectuada una minuciosa revisión a las hojas de servicio del día en comento, tanto del 2do. como del 3er. turno de la 30ª. Comisaría Radiopatrullas de esta dependencia, se pudo constatar que no se registran constancias de ningún tipo que digan relación con consumo de munición, haciéndose presente que el tipo de armas utilizadas por el personal de la Unidad antes mencionada el día 06.10.1988, corresponde a Pistolas Taurus PT. Cal. 9 mm., y Pistola Ametralladora UZI”.

Por su parte, las declaraciones de los testigos, principalmente trabajadores del sector, no contribuyen con datos concretos para identificar a los responsables. Dos empleados de la Copec ubicada en Las Rejas con Alameda dijeron haberlos escuchado, pero no visto a quien los había efectuado. Agregaron que algunas personas comentaban que habían sido civiles, mientras que otros aseguraban que eran policías. Un vigilante de una ferretería ubicada en la misma intersección entregó una declaración en la que dijo haber visto a un individuo de civil disparando y a vehículos de Carabineros pasando por el sector, uno de los cuales luego fue a parar cerca del servicentro a observar a los manifestantes.

Lápida

LA INESPERADA VISTA DE CARABINEROS

Habían transcurrido poco más de cuatro horas desde que el “Chaca” había muerto cuando, a eso de las cinco de la mañana, su familia recibió una inesperada vista en su casa. “Llegó personal de Carabineros, consultando por antecedentes de Luis y nombre de los padres, manifestándoles que su hijo había sido muerto por unos individuos que habían disparado desde un vehículo particular, además que había sido encontrado con un gorro pasamontañas y una honda”, expuso Investigaciones tras entrevistar a su papá. Un antecedente que quedó también por escrito en el parte que Carabineros envió ese mismo día al 25° Juzgado del Crimen, en donde se lee que Luis llegó a la Posta 3 “portando entre sus ropas una onda (sic) con empuñadura metálica y elásticos negros, un capuchón de género tipo pasa montaña (sic) y 10 piedras de diferentes tamaños”. “Les dijimos: ‘¿Dónde está?, tráiganla. Si él andaba con una capucha, ¿por qué no la tienen…?´ Y ahí los echamos”, recuerda Hilda sobre ese episodio. “Las solicitamos ver con mi esposa, ya que no es efectivo que mi hijo las anduviera portando”, declaró a Investigaciones el padre de Luis.

Durante la investigación hubo un hecho que llevó la búsqueda de responsables lejos de los policías, cuando se interrogó a dos funcionarios de la Municipalidad de Quinta Normal -Marco Mena Maturana y José Muñoz Ascencio-, los que habían sido mencionados a la madre del “Chaca” como los responsables de su muerte. Ambos negaron la acusación y responsabilizaron de este “rumor” a un ex-guardia del municipio, Hernán González, el mismo que habría entregado la versión a Eliana Jara. González no presentó pruebas y sólo dijo que escuchó “comentarios en la Municipalidad que decían que Marco Mena y José Muñoz Ascencio, y otro funcionario más, tendrían implicancia en tales hechos”.

Mural sobre El Chaca en Villa Francia
Mural sobre el «Chaca» en Villa Francia

EL TESTIGO CLAVE

Nelson Eugenio Leiva Salas era un “sapo” de los taxibuses del recorrido Manuel Montt-Cerrillos que trabajaba todos los días en la esquina sur-poniente de la Alameda con Las Rejas, el sector donde murió el “Chaca”. Allí también vivía su ex mujer con sus hijos, por lo que esa noche estaba todavía en el lugar. Es el testigo clave en este caso y desde que ocurrió el asesinato ha asegurado que vio a un funcionario de Carabineros disparar en contra del “Chaca”.

Leiva, quien entonces tenía 39 años, en la declaración ante el 25° Juzgado explica que ese 6 de octubre, cuando ya eran pasadas las 21:00 horas, se encontraba precisamente en esa esquina cuando comenzaron las manifestaciones. Y relató: “En un momento vi aparecer un furgón policial, el que salió de la primera calle que hay entre el Hospital del Profesor y la Villa Japón, es decir, costado sur de la Alameda, y se vino hacia Las Rejas contra el tránsito y se fue a parar a metros de donde yo estaba, es decir, junto a la esquina sur-poniente por Las Rejas”. Continuó Leiva: “Abrió las puertas traseras y se bajó un policía sin gorro ni casco, con un arma en las manos, no sé si era pistola o revólver, pero con ella efectuó un disparo en diagonal hacia el grupo que estaba frente a la Villa Japón, a unos 20 metros de Alameda, aproximadamente, y el disparo hirió a un joven que estaba parado junto a un poste de alumbrado público, el que cayó al suelo y quedó ahí”.

Nelson -quien en esta declaración dijo que no le vio la cara al policía- detalló además que este efectuó más disparos, hiriendo a otro muchacho que se encontraba en el bandejón central de la Alameda. Por último, explicó que él “estaba como a unos 5 metros del policía que hizo los disparos” y lo describió como “alto y corpulento”. “A los pocos días de ocurrir estos incidentes, carabineros de civil andaban averiguando quiénes habían sido testigos, y me daba la impresión que se estaban poniendo el parche antes de la herida porque actuaban en forma brusca y con garabatos”, apuntó.

EL SARGENTO 2° (R) RUBÉN ORLANDO ARAYA DÍAZ

Luego de que la causa se sobreseyera temporalmente en 1990 sin identificar a los responsables de la muerte de Luis Silva, ésta se reabrió en marzo de 2011 y quedó en manos del Ministro en Visita Extraordinaria, Mario Carroza. Durante esta investigación aparecen dos testigos más, Víctor Videla Sánchez y el periodista Héctor Pavelic Sanhueza. El primero asegura haber visto a un carabinero disparar contra el grupo y herir al “Chaca”; el segundo declaró haber llegado cuando el joven ya estaba en el suelo, pero asegura que en el lugar había un furgón policial.

Luis Silva, el "Chaca"
Luis Silva, el «Chaca»

Sin embargo, el relato más importante es nuevamente el del testigo clave, Nelson Leiva, quien ante el juez Carroza declara: “Uno de los efectivos uniformados, un hombre alto, moreno, de contextura gruesa, bajó con una pistola en la mano, apuntando hacia un grupo de personas directamente y disparó hiriendo al joven Luis Silva, quien cayó inmediatamente en la vereda al lado de un poste de luz, mismo lugar donde actualmente existe una animita en su memoria”. Y esta vez sumó una importante revelación: “Tengo plena certeza de que el funcionario involucrado era de la dotación de la Subcomisaría Alessandri y podría reconocerlo, si tuviera una fotografía suya de la época”, aseguró, explicando que “en varias ocasiones posteriores lo observé realizando patrullajes en el sector”.

En junio de 2013, Leiva asistió a un reconocimiento fotográfico donde aparecían distintos carabineros. Su conclusión fue contundente: “RECONOZCO SIN DUDA ALGUNA al funcionario asignado en la segunda fotografía de fojas 933 como el funcionario de Carabineros que disparó a Luis Silva Jara (sic)”, declaró. El policía al que hizo mención el testigo es el Sargento 2° (R) Rubén Orlando Araya Díaz (68), quien fue citado ante Carroza y dijo no tener antecedentes del hecho. Y agregó: “Es imposible que yo estuviera en la intersección de la Avda. Las Rejas con la Alameda (…) ese año yo era de dotación de la 25° Comisaría de Maipú y esa intersección era sector de la Subcomisaría de Carabineros Alesandri”.

Sin embargo, cuando Araya fue careado con el carabinero Patricio Cancino, reconoció que pertenecía a la Alessandri. Este último dijo que ambos trabajaron juntos por varios años en la Subcomisaría Alessandri a fines de los ´80. Algo que Araya, lejos de negar, confirmó. “Es completamente efectivo lo que señala, que fuimos colegas en la Subcomisaría Alessandri entre los años 1987 y 1989, yo efectivamente realicé labores de Suboficial de Guardia y Jefe de Turno, lo que implicaba ir a cargo de la patrulla que recorría el sector (sic)”, dijo.

No obstante, en octubre de 2014 el juez Carroza cerró el sumario sin culpables, pero la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP) pidió su reapertura, la que se produjo en diciembre de ese mismo año. Luego de eso, el 24 de marzo de 2015 se llevó a cabo una de las diligencias más importantes de la investigación, el careo entre el testigo Nelson Leiva y el carabinero Rubén Araya. El primero reiteró su declaración y dijo: “Estoy seguro que le vi la cara y lo reconocería sin duda alguna”. Sin embargo, cuando fue careado con él, declaró: “No reconozco a la persona que se encuentra a mi lado, no sé quién es”.

Diario La Época
Diario La Época

El Ciudadano conversó con Nelson Leiva, quien aún sostiene que sabe quién es el carabinero que mató al “Chaca”. Sin embargo, asegura que por temor, por no querer involucrar a su familia en este asunto, por los hostigamientos que dice ha sufrido por parte de carabineros y la PDI –pues ha sido arrestado por no presentarse a declarar- y por la exposición que implicó el careo que tuvo que enfrentar, es que negó poder reconocerlo.

Esto significó un segundo cierre del sumario en junio de este año. Carroza argumentó que junto con realizar las diligencias solicitadas por los querellantes, durante el careo se había “desvirtuado el reconocimiento fotográfico que efectuara Nelson Eugenio Leiva Salas”. La AFEP pidió nuevamente su reapertura, solicitando que entre las diligencias a realizar se desarrollara un careo entre Hilda Silva Jara, hermana del “Chaca”, y el Suboficial mayor Mario Soto Saavedra, a quien la mujer dijo reconocer en un set de fotografías como uno de los que fueron a su casa la madrugada del 7 de octubre de 1988, asegurando que a Luis lo habían matado civiles.

Carroza rechazó la solicitud y la AFEP debió recurrir a la Corte de Apelaciones. El pasado 14 de septiembre esta ordenó al juez reabrir el caso y cumplir dos nuevas e importantes diligencias. Que se realice un peritaje de regresión fotográfica de un grupo de funcionarios, entre ellos el Sargento Rubén Araya, y que se cite al testigo Nelson Leiva para que reconozca estas fotografías. Hoy el Laboratorio de Criminalística de la PDI trabaja en dicho peritaje de imágenes, las cuales Leiva deberá revisar para confirmar o descartar si reconoce en alguna al hombre que -asegura- le disparó y mató al “Chaca”.

Por Daniel Labbé Yáñez y Luis Miranda Arcaya

* Reportaje publicado en la edición n° 170 de El Ciudadano, octubre de 2015

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