La cara oculta de India

La violencia contra las mujeres en India es una realidad que se esconde y que se sustenta en las diferencias sociales, políticas y económicas

La violencia contra las mujeres en India es una realidad que se esconde y que se sustenta en las diferencias sociales, políticas y económicas. Después de la violación en grupo y muerte de una joven de 23 años, este fin de semana trascendía la violación y ahorcamiento de una mujer y el arresto de seis hombres por violar a otra una mujer tras coger un autobús.

Los medios de comunicación que, por lo general prefieren ocultar la cara más conflictiva de India, han encontrado una «nueva» cruda realidad y durante estas semanas nos han querido mostrar la violencia contra las mujeres, aunque serán contadas las noticias que profundicen en el verdadero nivel de violencia estructural contra ellas.

Una mirada más detallada nos permite constatar la terrible historia de desigualdad y abandono que deben soportar las mujeres, una realidad basada en la discriminación, el prejuicio y la violencia y que toma diversas formas dirigidas directamente contra la mujer: violación, explotación y humillación sexual (prostitución), violencia doméstica.

En India nos encontramos con una estructura patriarcal, un sistema donde la dominación masculina está legitimada dentro de la familia y la sociedad, a través de derechos «superiores», privilegios, autoridad y poder. Todo ello acompañado por unas graves carencias, cuando no complicidades, del propio Estado indio y de sus instituciones, y que ponen de relieve la insuficiencia, ineficacia y falta de voluntad de la maquinaria del Estado para frenar la violencia contra las mujeres.

Las declaraciones de representantes del chauvinismo hinduista y de sectores reaccionarios de la sociedad, la inacción de los representantes políticos, la enorme corrupción del aparato policial o la incapacidad de la judicatura componen el coctel básico que en cierta medida «justifica» esa realidad contra la mujer india.

Las mujeres en India, al igual que los hombres, pueden ser víctimas de asesinatos, hurtos, engaños… pero en el caso de ellas, además, son sujeto de un abanico de diferentes tipo de violencia dirigido únicamente contra ellas. Si bien es cierto que los recientes acontecimientos se centran en la violación colectiva de la joven Jyoti Singh Pandey, la tipología de agresiones es mucho más amplia:

Muerte por dote: Es un nuevo término en criminología en India, e implica la muerte (por asesinato o suicidio) de una novia acosada por su esposo y suegros para que aporte más dinero y artículos, en calidad de dote, al hogar de su familia política.

Violación: Los datos oficiales son mucho menores a los reales, en buena parte debido al estigma asociado a la víctima y a las presiones oficiales para no denunciar. Incluso cuando se denuncia, el culpable es rara vez detenido, y si se le juzga, se hacen intentos para exonerarlo lanzando calumnias sobre el carácter moral de la mujer. Las víctimas son en muchas ocasiones mujeres jóvenes (incluidas menores), pertenecientes a grupos tribales o castas bajas, minorías comunitarias o religiosas. La victimización de las mujeres durante los conflictos es común, y son objeto de venganzas políticas. A día de hoy, en India cada cuatro segundos es violada una mujer, ya sea dentro del matrimonio o en las calles.

Inmolación de la mujer (sati): Quemar a una viuda en la pira funeraria de su marido muerto era una práctica antigua en determinadas comunidades y castas en algunas partes de India y que fue abolida legalmente por el Gobierno británico. Tras la independencia, se dieron casos en Rajastán y en 1989 uno de ellos saltó a la primeras páginas de los medios.

Matrimonio de menores: Práctica hindú que perdura desde hace siglos. Los daños físicos y los embarazos pueden tener consecuencias fatales, sin olvidar la tensión emocional de las responsabilidades domésticas a una edad inmadura.
Infanticidio y feticidio femenino: El desequilibrio «ratio-sexo» muestra un constante declive en la proporción de mujeres en la población de India, debido, en buena medida, a la preferencia por los hijos, lo que conlleva el aborto selectivo de fetos femeninos o la eliminación física de las recién nacidas.

Prostitución: Una realidad que ha experimentado un incremento alarmante y que, por lo general, está ligada al crimen organizado. La pobreza en las zonas rurales hace que las mujeres y las niñas sean víctimas fáciles de las tramas de la prostitución. Su situación, repudiadas social y familiarmente, es lamentable y quienes logran escapar de esas tramas mafiosas acaban en los hogares de rescate donde la situación es también bastante deplorable.

Acoso sexual en zonas públicas, tanto en grandes ciudades como en pueblos. Apenas tiene persecución legal y si se produce, la condena es testimonial. Esta es una de las agresiones más extendida y que a diario tienen que hacer frente las mujeres en India.

Algunos señalan que India es una democracia caótica que está atravesando una encrucijada. El gigante indio está lleno de situaciones cuando menos contradictorias. Por un lado, la dirigente del principal partido de la oposición, la presidente de la Cámara Baja del Parlamento y tres ministras son mujeres, y mujeres son también un número cada vez mayor de deportistas y empresarias así como de jóvenes con estudios se se incorpora al mundo laboral.

Por otro lado, otros datos sin apenas eco señalan que en el pasado más reciente al menos 6 parlamentarios estatales han sido acusados de violación y otros 36 de ofender el pudor de una mujer y asalto. Además, 27 candidatos electorales de los diferentes estados han sido acusados de violación y otros 260 de diferentes tipo de violencia contra las mujeres.

Los últimos años han aumentado los crímenes y agresiones contra las mujeres en India, y la violencia, la atención de salud inade- cuada, la mala alimentación, la falta de atención a la salud personal y el bienestar, la desigualdad, la negligencia y el abandono son el pan de cada día para ellas.

Una activista india denunciaba recientemente que «nosotras, las mujeres indias hemos sido sobadas, manoseadas, tocadas, empujadas, ridiculizadas, pellizcadas y violadas. Algunas de nosotras literalmente violadas, y otras violadas con los ojos, los comentarios o los gestos. Cada una de nosotras se ha enfrentado a esa realidad desde la pubertad, e incluso algunas desgraciadamente antes. Algunas lo hemos sufrido en casa, otras en la escuela y la mayoría en las calles».

La violación colectiva de Jyoti Singh Pandey ha acaparado la atención de medios e instituciones, y esta activista denuncia que probablemente se deba a que la joven cumplía todos los «requisitos» que la convertían en una «india ideal». Se pregunta si la reacción hubiera sido la misma si «hubiera vestido falda corta» y afirma que es el momento «de analizar también nuestros propios prejuicios cuando estamos ante otros casos de violación».

Además, denuncia los prejuicios contra las mujeres consideradas «modernas» en India, la vista gorda que se hace ante las violaciones en el mundo rural y la indiferencia cuando las víctimas de las agresiones son mujeres dalias violadas por miembros de las castas superiores.

Para acabar con la discriminación, la opresión, la ausencia de oportunidades, las muertes de honor, la mujer como propiedad… en India, y en otros países, es necesario erradicar un sistema que ampara o se sustenta en las diferencias sociales, políticas y económicas que son «el pilar de la mayor democracia del mundo».

Por Txente Rekondo

Gara


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