Tras años de dilaciones judiciales, recursos y dos condenas previas que fueron revisadas, este jueves el Tribunal de lo Penal del Ródano, en Francia, declaró culpable a Nicolás Zepeda por el asesinato premeditado de la estudiante japonesa Narumi Kurosaki y lo sentenció a cadena perpetua.
El veredicto se conoció luego de varias horas de deliberación en las que los magistrados analizaron los alegatos finales de las partes. Con esta resolución, la justicia francesa no solo ratifica la autoría del crimen, sino que impuso la pena máxima contemplada en el código penal, superando los 28 años de prisión dictados en sentencias anteriores y los 30 años que había solicitado el Ministerio Público en esta instancia.
El fallo ratifica la autoría de Zepeda en el crimen de la estudiante japonesa sino y supera los 28 años de prisión dictados en sentencias anteriores
Un largo periplo judicial
El caso contra Nicolás Zepeda ha sido uno de los más complejos y mediáticos de los últimos años en Francia, no solo por la naturaleza del crimen, sino por el intrincado recorrido procesal que llevó a que se repitiera el juicio en tres ocasiones.
Zepeda ya había sido condenado en 2022 y nuevamente en 2023, en ambas ocasiones a 28 años de prisión. Sin embargo, la defensa del chileno logró que la Corte de Casación de Francia —el máximo tribunal en materia judicial— anulara la última sentencia. El argumento central de aquella anulación no fue el fondo del caso, sino una falla en el proceso: los jueces de segunda instancia no habían respondido adecuadamente a una de las solicitudes de la defensa, lo que, según el alto tribunal, vulneró las garantías del acusado.
En esa ocasión, los abogados del chileno acusaron irregularidades en el proceso. Específicamente, debido a la proyección, durante el juicio, de una presentación PowerPoint, que no fue notificada al equipo de Zepeda. Junto con esto, también denunciaron que la defensa de la víctima realizó una investigación particular. Lo cual no está permitido según el código penal de Francia.
Esa decisión derivó en la repetición integral del juicio que concluyó este jueves. En esta nueva instancia, la fiscalía, encabezada por el fiscal Vincent Auger, solicitó una condena de 30 años de reclusión por asesinato premeditado. No obstante, el tribunal fue más allá de lo pedido por el persecutor y decidió imponer la cadena perpetua.
El caso de Narumi Kurosaki: un crimen sin cuerpo
El origen del caso se remonta al 5 de diciembre de 2016, cuando se produjo la desaparición de Narumi Kurosaki, una estudiante japonesa de 21 años que se encontraba en un intercambio académico en la Universidad de Besançon. Ese día, Zepeda, su expareja sentimental, había viajado desde Chile hasta Francia, sorprendiendo a la joven, con quien había terminado recientemente una relación.
De acuerdo con la reconstrucción de los hechos presentada por la acusación, Zepeda fue la última persona en tener contacto con Narumi.
De acuerdo a la investigación y el propio relato de Zepeda, ambos cenaron juntos la noche del 4 de diciembre en “La Table de Gustave”, un restaurante a 25 kilómetros al sur de Besanzón y luego fueron a la habitación de la joven en una residencia universitaria.
Además, el chileno reconoció que se encontraba con la joven esa misma noche en su habitación y aseguró que “estaba en perfecto estado de salud”. Según su declaración, la última vez que la vio due en la madrugada del 6 de diciembre de 2016.
Además, se logró comprobar que Nicolás Zepeda envió mensajes a familiares y cercanos de Narumi, utilizando su teléfono. Todo esto con el presunto objetivo de distraer la investigación.
Uno de los puntos más controversiales del proceso, y que la defensa utilizó como eje central de su estrategia, fue la ausencia del cuerpo de la víctima. A lo largo de los tres juicios, los abogados de Zepeda insistieron en que, sin un cadáver, no se podía probar más allá de toda duda razonable que Narumi Kurosaki hubiera muerto, y mucho menos que hubiera sido asesinada.
Sin embargo, la fiscalía sostuvo que existían pruebas circunstanciales suficientes para acreditar el crimen, lo cual fue confirmado por la justicia francesa.
