«La historia que conmocionó a la opinión pública chilena presenta rasgos estructurales comunes a otros escándalos de abuso sexual vinculados al poder económico y político, como el de Jeffrey Epstein, el empresario estadounidense acusado de manejar una red internacional de tráfico sexual que explotaba a víctimas menores de edad», reportó RT al referirse al caso de Claudio Spiniak.
Un escándalo que marcó a Chile a principios de los 2000 vuelve a la escena pública a partir de una mirada internacional que establece paralelismos con el caso del pederasta Jeffrey Epstein, destacando las similitudes estructurales en la relación entre abuso sexual, poder económico y protección política.
A más de dos décadas de uno de los procesos judiciales más impactantes en la historia reciente de Chile, el nombre de Claudio Spiniak resurge en el debate público, pero esta vez desde una perspectiva internacional que lo sitúa como una versión suramericana de un magnate financiero estadounidense quien fue condenado por liderar una red internacional de tráfico sexual que explotaba a víctimas menores de edad.
El medio RT publicó recientemente un análisis del caso, estableciendo conexiones entre ambos escándalos y poniendo el acento en lo que denomina como «la impunidad de los poderosos».
La historia que conmocionó a la opinión pública chilena durante los primeros años del nuevo milenio «presenta rasgos estructurales comunes a otros escándalos de abuso sexual vinculados al poder económico y político, como el de Jeffrey Epsteoin». Esta comparación, trazada por RT, no es meramente anecdótica sino que apunta a una característica compartida por ambos casos: la presencia de figuras poderosas cuyo estatus social y conexiones políticas parecen haber jugado un papel determinante en el desarrollo de las investigaciones y sus respectivos desenlaces.
El caso Epstein, que continúa generando repercusiones en Estados Unidos y a nivel internacional a pesar del fallecimiento del magnate en 2019 en la cárcel y en extrañas circunstancias que las autoridades determinaron como suicidio, mantiene abierta la investigación judicial.
En contraste, el caso chileno «se cerró por completo» después de un proceso que dejó más preguntas que respuestas sobre el alcance real de la red de pedofilia que supuestamente operaba en los círculos más exclusivos de Santiago.
El origen del escándalo: fiestas privadas en los barrios más exclusivos
El epicentro de esta historia fue Claudio Spiniak, un acaudalado empresariovinculado a la derecha económica que en 2003, a sus 55 años, fue detenido y acusado de encabezar una presunta red de pedofilia.
Según la investigación reconstruida por RT, «aparentemente, el magnate ofrecía ‘fiestas privadas’ en algunos de los barrios más elegantes de Santiago, en donde él y sus invitados abusaban de menores de edad de ambos sexos». El modus operandi para captar a las víctimas respondía a un patrón de vulnerabilidad social, ya que «las víctimas vivían en situaciones de vulnerabilidad y eran captadas en las calles».
Un elemento particularmente perturbador del caso era que «los pedófilos filmaban sus crímenes», lo que en principio constituía una prueba contundente para la investigación. Este material audiovisual se convirtió en evidencia clave que llevó a que Spiniak, de 55 años al momento de los hechos, resultara detenido y enfrentara acusaciones por «participación en una red de pederastia, promoción de la prostitución y producción de material pornográfico».
Vinculación de los políticos en la trama
La investigación judicial, que inicialmente se centraba en el empresario y sus actividades, experimentó un giro radical cuando el caso trascendió al ámbito político. El detonante fue una declaración de la entonces diputada Pía Guzmán, militante de Renovación Nacional, quien «aseguró que en esta trama estaban involucrados senadores que acudían a las ‘orgías’ de Spiniak».
A partir de ese momento, recordó RT, «las especulaciones estallaron hasta involucrar a Jovino Novoa, funcionario de la dictadura de Augusto Pinochet y fundador de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI)».
La lista de políticos salpicados por el escándalo se amplió rápidamente y saleron a la luz nombres como los de Carlos Bombal, militante de la UDI; Nelson Ávila (Partido Radical), Carlos Cantero (Renovación Nacional) y Andrés Zaldívar (Partido Demócrata Cristiano)
La cobertura mediática del caso alcanzó su punto más álgido en noviembre de 2003, cuando el Canal 13 emitió una entrevista que cambiaría el curso de la investigación y de la política chilena. La entrevistada era Gemita Bueno, una joven de 20 años que «aseguraba que había sido llevada a la casa del empresario cuando era menor de edad».
El testimonio de Bueno tenía un componente explosivo, ya que según afirmó «los senadores Novoa y Ávila eran asiduos a las ‘fiestas’ de Spiniak».
La relevancia de esta declaración radicaba en que, hasta ese momento, «aunque las víctimas ya habían declarado ante la justicia, ninguna había involucrado a políticos, sino a empresarios y a otros acusados». Por esta razón, «la declaración de Bueno remeció la política chilena» y situó el caso en el centro del debate público y la confrontación partidista.
La confesión que cambió todo
Sin embargo, el giro más dramático del caso estaba por producirse. Nueve meses después de sus declaraciones, Gemita Bueno admitió ante la opinión pública que había mentido y enfrentó una condena por falso testimonio-
La frase que la joven pronunció al confesar su mentira quedó inscrita en la memoria colectiva chilena por su crudeza: «Me pasé a todo Chile por la raja».
Al respecto, RT señaló que se trata de «un modismo que significaba que había hecho algo extremo que nadie esperaba: mentir para involucrar a poderosos políticos en una causa por pedofilia».
Las consecuencias de esta confesión fueron inmediatas y de gran alcance. El Canal 13, el primer medio que había validado sus declaraciones, fue blanco de desprestigio por parte de la opinión pública y su director fue obligado a renunciar, a la par debió enfrentó una demanda de los senadores que habían sido acusados relacionados con la trama.
El descrédito se extendió más allá de ese medio en particular. «Las críticas se expandieron a gran parte de la prensa por el morbo con el que habían tratado el caso. También hubo un extenso debate sobre la responsabilidad y ética que debían tener los periodistas al abordar los casos de abuso sexual infantil», consignó RT.
Consecuencias políticas y electorales
A pesar del desmentido de Gemita Bueno, el análisis del medio sobre el impacto del caso señala que «el daño político de la falsa testigo ya estaba hecho».
En aquel momento, la derecha y centroderecha se aglutinaban en la Alianza por Chile de la que formaba parte la UDI y Renovación Nacional (RN) y el escándalo de pedofilia de Claudio Spiniakp que salpicó a diversos actores políticos de este sector provocó que la coalición experimentara una fuerte crisis con pleitos y divisiones.
El origen de estas divisiones internas se encuentra en las acusaciones realizadas por la propia diputada Pía Guzmán, quien cargó contra sus compañeros Novoa y Bombal de la UDI y Cantero de RN
La paradoja era que una legisladora había puesto en entredicho la honorabilidad de miembros de su propio bloque político sin contar con evidencias que respaldaran sus afirmaciones.
El impacto electoral no se hizo esperar, en 2004, el escándalo se convirtió en uno de los factores que influyó electoralmente a la Alianza perdiera las elecciones municipales frente a la Concertación por la Democracia».
Las tensiones internas se profundizaron de tal manera que, al año siguiente la Alianza no estuvo en condiciones de presentar a un candidato único a la Presidencia de Chile, por lo que RN postuló a Sebastián Piñera y la UDI, a Joaquín Lavín-
Los resultados electorales de 2005 evidenciaron el costo político de esta división, ya que la progresista Michelle Bachelet triunfó en la primera vuelta con el 45,6 % de los votos y selló su victoria en el balotaje.
El artículo de RT subraya que «el golpe del caso Spiniak era muy reciente, a pesar de que los políticos de la Alianza ya estaban libres de todo cargo».
La recomposición de la alianza derechista tomaría varios años y fue en 2009 cuando se pudo recomponer y unirse en la Coalición por el Cambio, que postuló a Piñera, quien ganó así su primera presidencia.
Condena a Spiniak y las pruebas desaparecidas
Con los políticos excluidos del proceso judicial tras demostrarse la falsedad de las acusaciones en su contra, la atención del caso se centró en el empresario Claudio Spiniak El proceso judicial se extendió durante varios años hasta que, en 2008, la Corte Suprema lo condenó a 12 años de prisión al encontrarlo culpable de los delitos de abuso sexual contra cinco menores, promoción de la prostitución y producción de material pornográfico.
El magnate Spiniak cumplió parte de su condena y en 2016 salió de la cárcel y quedó en libertad
Sin embargo, el fallo judicial dejó aspectos sin resolver que alimentarían las sospechas sobre la existencia de una red más amplia. Según detalla RT, «el fallo fue polémico, ya que los jueces consideraron que no se había comprobado la existencia de una red de pedofilia y, por lo tanto, de asociación ilícita».
Además de Spiniak, «también fueron condenados Miguel Quiroga, Ezequiel Martínez, Héctor Torres, José Alegría, Pablo Abazolo y Julio López».
La pregunta sobre quiénes más participaban en estas reuniones nunca pudo ser respondida debido a un hecho que resulta central en el análisis que realiza RT sobre la impunidad en este caso. Según revela el artículo, «nunca se supo con certeza quiénes acudían a la casa de Spiniak, ya que los carabineros que participaron en los allanamientos ‘perdieron’ 22 casetes con filmaciones de las ‘fiestas’, a pesar de que eran una prueba fundamental para girar más órdenes de aprehensión».
La desaparición de este material probatorio tuvo una consecuencia directa en el curso de la investigación: ya que permitió, «que muchos involucrados permanecieran anónimos e impunes».
El paralelismo con Epstein: estructuras de poder y protección
El artículo de RT establece un paralelismo explícito entre el caso chileno y el del magnate estadounidense Jeffrey Epstein, sugiriendo que ambos comparten «rasgos estructurales comunes a otros escándalos de abuso sexual vinculados al poder económico y político».
Esta comparación no se limita a la naturaleza de los delitos cometidos, sino que apunta a los mecanismos de protección que operan cuando personas con poder económico y conexiones políticas se ven implicadas en este tipo de escándalos.
En el caso Epstein, la investigación continúa abierta a pesar del fallecimiento del acusado, y las repercusiones siguen afectando a figuras prominentes de la política, la realeza y las finanzas internacionales. En el caso chileno, la desaparición de las pruebas audiovisuales durante los allanamientos impidió que se pudiera determinar con exactitud el alcance de la red y la identidad de quienes participaban en las «fiestas privadas» organizadas por Spiniak.
La mirada retrospectiva que propone RT sitúa el caso Spiniak no como un episodio aislado de la historia judicial chilena, sino como un ejemplo de cómo las estructuras de poder pueden incidir en el curso de las investigaciones cuando están en juego intereses de personas con influencia. La «pérdida» de los casetes con las filmaciones, un hecho que nunca fue esclarecido ni dio lugar a responsabilidades disciplinarias o penales para los funcionarios involucrados, se convierte así en el símbolo de una impunidad que, según el análisis del medio, trasciende las fronteras y los sistemas judiciales nacionales.

