García Linera: «En momento de crisis, detrás de cada liberal moderado se encuentra un fascista»

Desde México, el segundo al mando del Gobierno de Evo Morales condenó la brutal represión que afronta el pueblo de Bolivia. «Lo que estamos viendo ahí es una especie de ajuste de cuentas de una élite política contra un indio que se atrevió a gobernar», expresó


Por Elodie Descamps y Tarik Bouafia.- Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia desde 2006 y gran arquitecto de la política impulsada por el presidente Evo Morales, Álvaro García Linera nos brindó una entrevista en Ciudad de México, donde encontró asilo después de verse obligado a huir de su país. En esa conversación, nos contó cómo se desarrollaron los acontecimientos, y nos compartió su análisis acerca de las causas profundas de ese golpe de Estado, sus actores y las injerencias exteriores.

Empezando por la actualidad. Desde hace unos días, sus militantes, simpatizantes y más generalmente todos los que se oponen el golpe están sufriendo una brutal represión por parte de las fuerzas policiales y militares. ¿Cómo reacciona usted ante esta oleada de violencia que no deja de crecer?

AGL: Triste e indignado por el asesinato de 7 humildes campesinos. Uno está en estado de coma, Todos fueron asesinados con bala, con fusiles automáticos en manos del ejército y de la policía nacional en movilizaciones de campesinos que buscaban manifestar su repudio y su rechazo al golpe de Estado. Hubo una masacre y está claro que los responsables, bien sean policías, militares o civiles, un día, en una semana, en un mes, en un año o en cinco años,  van a tener que responder ante los tribunales de justicia. Están ensangrentando al pueblo boliviano de manera atroz. Hay 110 heridos por bala. Mas de 600 personas detenidas. Es un golpe sangriento que no está midiendo ningún tipo de recurso para imponerse a sangre y a fuego. *

Ustedes renunciaron justamente para evitar más derramamiento de sangre, más violencia por parte de la oposición

ALG: Sí. Nos fuimos porque no queríamos ver bolivianos muertos. La policía nos amenazó, las fuerzas armadas desconocieron el orden constitucional y amenazaron con usar la fuerza contra nuestros compañeros y dijimos «renunciamos», obligados por esta presión policial y militar, para que no se toque a nuestros compañeros. Pese a que renunciamos a nuestra victoria, a ser gobernantes, pese a que no íbamos a ser candidatos en las próximas elecciones, pese a todo esto, sale esta gente, este Gobierno impostor para seguir matando a bolivianos, en lo que es una oleada de violencia racista en contra de los indios.

Lo que estamos viendo ahí es una especie de ajuste de cuentas de una élite política, contra indios que se atrevieron a gobernar, que se atrevieron a tener poder, a tener derechos en los últimos años.

Las tres etapas del Golpe

El domingo 10 de noviembre, en un lapso de unas horas, usted anunció nuevas elecciones y finalmente tomó la decisión de renunciar para poner fin a la violencia desatada por la oposición. El jefe del Ejército, Williams Kaliman le habría «sugerido» renunciar. ¿Que pasó exactamente para que tomara la decisión de dejar el poder? Y ¿cómo explicar que las fuerzas armadas apoyaran tan rápidamente el golpe?

ALG: Tuvimos tres etapas en el golpe. Primero, una etapa civil que inicia al día siguiente de las elecciones. Ganamos con mas de 10 %, lo que significaba que ya no había necesidad de segunda vuelta. El derrotado, Carlos Mesa, no reconoce nuestra victoria y pide una segunda vuelta. Inmediatamente se inicia una oleada, una especie de insurgencia de clases medias tradicionales que enarbolaron discursos de supremacía racial. Se levantaron ciudades como Santa Cruz, Cochabamba y La Paz en contra del Gobierno. Empezaron a quemar instituciones estatales. Cinco de las nueve cortes electorales, que es el lugar donde se hace el recuento de los votos, fueron asaltadas, quemadas. También se quemaron urnas, papeletas. Luego instalaron un paro de actividades en las zonas pobladas por esas clases medias tradicionales. Surgieron por primera vez bandas paramilitares, fascistoides que comenzaron a atacar a líderes sindicales. Quemaron varias sedes de sindicatos campesinos y obreros. Atacaron y persiguieron a sus líderes. Mujeres campesinas que marchaban fueron atacadas por bandas de 500, 600 motos con personas llevando bates, palos con clavos, gases lacrimógenos.

Secuestraron a una alcaldesa de un municipio campesino, le pegaron, la maltrataron, la tiraron al suelo, la orinaron, le cortaron el cabello, la amenazaron con lincharla. Y ante la presencia de medios televisivos, le echaron pintura en toda la cara.

A los campesinos que encontraban caminando, los batieron como si fueran ganado, como si fueran animales. Esto es en el primer momento del golpe de Estado, el momento civil. Se buscó imponer, al margen del Estado y de las instituciones legalmente constituidas, una especie de terror urbano.

La respuesta de las fuerzas populares fue convocar a resistir al Golpe. Llegaron obreros mineros de la Central Obrera Boliviana (COB) en La Paz. Llegaron campesinos, indígenas, pobladores urbanos para defender al presidente. Y era probable que, de mantenerse esta confrontación entre fuerzas civiles golpistas y fuerzas civiles que defienden la democracia, los hubiéramos derrotado. Pero ahí vino la segunda fase, la policía y eso fue lo que desequilibró todo. La policía desconoció el mando civil, desprotegió las instituciones y a los sectores agredidos y, a las 24 horas, el comandante de las fuerzas armadas desconoció el mando civil y llamó a que Evo renunciara.

Es una escalada civil, policial y militar. Si no hubiera habido esta actitud de policías y militares, se habría acabado el golpe en su etapa civil.

Lo que cambió el panorama es que la policía y las fuerzas armadas dieron la vuelta. Esos mismos que no habían intervenido para poner orden y proteger a dirigentes sindicales perseguidos, que no habían protegido a las mujeres agredidas por estas bandas paramilitares, al día siguiente de desconocer las autoridades legítimas, mostraron una capacidad extraordinaria para desplegar fuerzas represivas para detener campesinos, dirigentes, gasificar manifestantes… Ayer (viernes 15 de noviembre), asesinaron a 7 personas, uno está en estado de coma y en 5 días ya van 18 muertos*.

Se notó la voluntad por parte de las fuerzas golpistas de arremeter en contra de los sectores populares tales como los mineros, los campesinos, los obreros que históricamente fueron las bases sociales que llevaron a Evo al poder.

AGL: Creo que ahí, a pesar de hacer este esfuerzo, igual los podíamos derrotar. Lo que inclinó la balanza fue el papel de la policía y los militares. Policías y militares desconociendo la constitución y que se pasaron con armas del lado de los facciosos y golpistas y ese momento se convirtió en la fase dura del golpe. Seguramente han visto la imagen de la «presidenta» autoproclamada con un general que le coloca la banda presidencial. Esto no había sucedido desde la época de la dictadura. ¿Cuándo un militar le pone una banda presidencial a un presidente? ¡Es la Asamblea la que pone la banda presidencial al presidente! Ahí es un general del ejército que pone la banda presidencial a una impostora. Yo no había visto una foto así desde los años 1980, cuando un general del ejército, García Mesa, dio un golpe de Estado, mató al líder socialista Marcelo Quiroga en Santa Cruz y a decenas de mineros para terminar posicionándose como presidente. Desde hace 39 años no habíamos tenido una imagen de ese calibre donde policía y militares ocupan literalmente el palacio de gobierno y de facto son el Gobierno.

La señora Jeanine Áñez es un monigote, porque los que tienen el poder real son los policías y el mando militar.

EE. UU. detrás de la jugada

En 2008, ya ocurrió un intento de golpe de estado desatado por sectores conservadores de la Media Luna y apoyado por el exembajador estadounidense en cargo, Philip Goldberg. ¿Que pasó para que lo que fracasó hace 11 años, hoy triunfara?

AGL: Dos cosas han cambiado. Al igual que ahora, fue un golpe civil movido por Comités Cívicos que son estructuras que agrupan corporativamente a sectores muy conservadores de la sociedad cruzeña y del oriente. Comenzó como un levantamiento, igual que el que sufrimos hoy. Sin embargo, en 2008, ni la policía ni las fuerzas militares se voltearon. Hoy sí. Pues ellos aprendieron. Y seguramente lo hicieron sobornando mandos policiales y militares. Ha habido muchísimo dinero para que inicialmente los policías y luego el mando militar se volteen. Deben haber millones de dólares que han sido utilizados para sobornar la lealtad constitucional de las fuerzas de seguridad.

Eso es lo nuevo. En 2008, mantuvieron una neutralidad institucional. En esa época, la batalla se definió a favor de las fuerzas progresistas. Hoy no.

Unasur

El segundo elemento a tomar en cuenta para entender el cambio entre el golpe del 2008 y el de hoy es que hace 11 años encontrábamos un continente cohesionado. Gobernaban Lula en Brasil, Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Kirchner en Argentina… Incluso la presidenta de Chile, Michelle Bachelet. Inmediatamente América Latina se activó como un bloque en defensa de la democracia.  De hecho, los miembros de la UNASUR se reunieron en urgencia en Santiago de Chile. La reunión fue encabezada por la presidenta Michelle Bachelet y los miembros rechazaron el golpe. Hoy ya ha pasado más de una semana, hay 18 muertos y no hay la UNASUR. No hay un acompañamiento de una estructura de Gobiernos soberanos que no depende de Estados Unidos para poder decir que la democracia debe respetarse, que la paz debe garantizarse. Lo que más bien vemos hoy son actitudes complacientes como la de la OEA, que está jugando un papel nefasto al avalar, santificar y pontificar decisiones que llevan a la masacre del pueblo boliviano.

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El portal de noticias Behind Back Doors publicó una serie de 16 audios al principio de octubre que revelan vínculos entre dirigentes de la oposición boliviena (el exprefecto de Cochabamba Manfred Reyes Villa, el exdiputado de Cochabamba Maurico Munos), exmilitares y senadores estadounidenses (Marco Rubio, Ted Cruz, Bob Menendez) con el objetivo de desestabilizar el país en caso de que fuese reelecto. Se trata, en parte, de fomentar un levantamiento militar-policial, atacar casas de diputados del MAS para que apoyen la renuncia… Según usted, ¿se puede tomar en serio esas revelaciones?

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AGL: Sí. Hay que tomarlas muy en serio, porque relatan cosas que han sucedido en el subsuelo político a lo largo de los últimos meses. Y creo que la señal que estaban esperando era con cuánto íbamos a ganar las elecciones.

En 2014, ganamos con 62 %, hoy ganamos con 47 %.  Ganamos las elecciones, pero era claro que no habíamos ganado con esta amplia ventaja de años atrás. Ahí vino un momento de debilidad democrática y constitucional y dijeron «este es el momento».

La región de Cochabamba ha sido escenario de violencia contra mujeres, principalmente indígenas. | Foto: ABI

Por eso, al día siguiente de las elecciones, cuando se dijo que ganó Evo con 47 %, estamos hablando de una victoria por debajo del 50 %.  La oposición se dijo «este es su momento de debilidad, hay que golpear» y se lanzaron en una ofensiva contra nosotros.

Democracia verdadera como la de Allende

Como lo ha señalado, pasaron de 62 % a 47 % entre 2014 y 2019. En esos cinco años, hay una parte de la clase media que, después de haberlo apoyado, dio vuelta al proceso de transformación que impulsaron. ¿Cómo explicar que amplios sectores de la población que salieron de la pobreza, tuvieron acceso a la universidad, a cargos públicos dejaron de apoyarlos?

Requiere una reflexión más meditada. Pero le puede sacar varias lecciones. Ganar con 62 % y luego 47 % es algo normal. De hecho, en varios países del mundo, los Gobiernos mandan con 40 %, 35 % y hasta menos. Pero para un Gobierno progresista es complicado. Para un gobierno normal, meramente administrativo, forma parte de la rutina. Pero, para un Gobierno que empuja transformaciones sociales, ganar con menos de 50 %, le impone otros retos. Uno de ellos es como neutralizar, como transformar la coerción legitima del Estado. En este sentido, Venezuela fue mas avanzado que el resto de todos nosotros.

En efecto, Venezuela más allá de los problemas que puede tener, tuvo la virtud de haber creado en paralelo del estado una estructura de defensa de su proceso revolucionario, cosa que no construimos nosotros. No porque no lo viéramos como necesario, de hecho, hubo intentos, pero quizás no se hizo con la suficiente velocidad o profundidad. Es un elemento clave. Este debate viene de Allende. ¿Es posible llevar el socialismo de manera democrática? Sí. Pero sabiendo también tener estructuras que defiendan lo democrático. Para mí, lo democrático no es sólo lo electoral, estoy hablando de un concepto más profundo de lo democrático. Democracia es igualdad. Es ampliación de derechos. Es desracialización de los poderes, desracialización de las oportunidades de las personas. Por eso no hay proceso de transformación si no es democrático. Esta transformación tiene que tener las instituciones pero también formas organizativas capaces de defender los logros ante un quiebre inducido externamente. Está claro que el dinero que ha circulado en los mandos policiales y militares vino de afuera. Y es mucho dinero.

Ante la posibilidad de un quiebre constitucional, se deben tener estructuras de defensa populares. Venezuela lo hizo y nosotros no. Esa es la primera lección. La segunda es que si los procesos progresistas son efectivamente progresistas, tienen que generar mecanismos de ascenso social. Si eres muy pobre, pasas a ser pobre. Si eres pobre, pasas a tener ingresos medios. Si no haces eso, no estás promoviendo una democratización de los bienes colectivos. Eso es normal. Y a la vez, es normal que quienes venían de los sectores populares y ahora tienen ingresos medios, tengan otro tipo de expectativas. No los podemos acusar por eso.  De hecho, los procesos regresivos en algunos países del continente surgieron cuando este ascenso gradual de clase media popular se detiene y se ve el riesgo de una caída otra vez al abismo. Ahí surge un momento de conservadurismo. En nuestro caso, como vimos eso en otros países, hicimos todo para que el ascenso social no cayera, declinara un poco el gradiente, pero siguiera avanzando. Pero ¿qué sucedió? que una clase media se vio invadida por sectores populares e indígenas que adquirieron formación académica, ahorros, y que tenían más capitales para acceder a cargos públicos. Esta clase media se enquistó porque estaba ascendiendo una clase media de origen popular. Y se enquistó hasta posiciones cada vez más conservadores. ¿Qué nos faltó tanto para esta clase media tradicional, como para fragmentos de la clase media nueva?, nos faltó ampliar nuestro discurso. Nuestro discurso quizás quedó desfasado temporalmente de la realidad. Materialmente, las clases se habían modificado, pero el núcleo de nuestro discurso seguía anclado en la antigua realidad.

En los medios mainstream, Carlos Mesa es presentado como un político de «centro-derecha» mientras que Luis Fernando Camacho sería el «líder de una protesta popular». ¿Qué nos puede decir sobre la trayectoria política e ideológica de esos dos personajes, bastante desconocidos?

Carlos Mesa fue vicepresidente de Sánchez Losada y luego candidato presidencial. Se presenta como un hombre de centro-derecha , pero en los últimos acontecimientos, al igual que esta clase media tradicional, se ha radicalizado. Es él quien desconoció la victoria nuestra. Convocó a movilizarse el mismo día lunes 21 de octubre y en esa misma noche se quemaron sedes electorales. Cuando se iban desarrollando los hechos vertiginosos del fin de semana pasado (Golpe), no aceptó ninguna vía de negociación. Fue la primera persona en reconocer a la señora Áñez. Mantuvo un silencio absoluto sobre las actitudes dictatoriales, sobre la violación de la Constitución, sobre la masacre contra el pueblo. Pasó de liberal moderado a golpista. Por eso digo que en momento de crisis, detrás de cada liberal moderado se encuentra un fascista.

Por su lado, Luis Fernández Camacho viene de una familia muy conservadora. Su padre fue miembro de Acción Democrática Nacionalista, que era el partido del exdictador Banzer Suárez. Hombre de negocios, supo capitalizar una disponibilidad regional antigobierno con cierta base social. También supo capitalizar, dando un discurso religioso racializado para articular y movilizar a su gente. Es el hombre que públicamente hacía rezar a la gente y que andaba diciendo que su héroe es Pablo Escobar, porque como él, tiene una lista negra de personas que hay que perseguir.

Bolivia: pilar del progresismo

Mientras América Latina está sacudida por protestas masivas contra gobiernos neoliberales (Haiti, Chile, Ecuador),  candidatos progresistas ganaron elecciones en países clave como México y Argentina: ¿cómo analiza este golpe de Estado en el contexto de conflicto y reconfiguración geopolítica que vive América Latina?

Se ha hablado mucho del fin del ciclo progresista. Para mí, la figura del ciclo no sirve. Prefiero el concepto de oleada, porque si hablas de un ciclo, pues no debería haber ni México ni Argentina con gobiernos progresistas. Son oleadas, mas intensas, mas bajas. La metáfora de la revolución como oleada planteada por Marx para explicar las revoluciones de 1848 me sirve a mí para graficar el momento actual. Es un momento muy caótico. Pero no es un ciclo, es una oleada. Se avanza en México y Argentina, se retrocede en Bolivia, hay protestas contra el modelo neoliberal en Ecuador y Chile…

Bolivia ha sido un pilar del progresismo latinoamericano. ¿Usted ve el golpe contra Evo como una manera de frenar una posible nueva ola progresista?

Sí, porque era un proyecto exitoso, una economía que funciona, una distribución de la riqueza que funciona, un proceso de industrialización que funciona, un manejo macro económico que funciona. Entonces, ¿cómo detener esto? Con la política, con la violencia.

PD: *Esta entrevista fue realizada el 16 de noviembre cuando la cifras de muertos era la expresada por García Linera. Al 18 del mismo mes, la represión ejercida por parte del Gobierno de facto de Bolivia había provocado la muerte de 27 personas, según datos de la Defensoría del Pueblo.

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