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La masacre de El Paso y sus efectos en la sociedad

«La muerte del sueño americano»: latinos en EE. UU. temen por sus vidas

Aunque en el transcurso del año 2019 han ocurrido 253 tiroteos masivos en Estados Unidos, la masacre de El Paso, Texas es la primera dirigida directamente contra la comunidad latina


A menos de una semana de la masacre que acabó con 22 vidas en un supermercado ubicado en El Paso, Texas, miles de latinos e inmigrantes en Estados Unidos tienen miedo de ser las próximas víctimas de un evento similar.

Para muchos que ya viven con verdadero terror de ser detenidos y deportados, el tiroteo constituye una amenaza latente contra sus vidas.

Esta vez, no fue un video viral de alguien gritando a las personas por hablar español o un tuit racista, sino algo mucho más aterrador: una emboscada, realizada por un pistolero que no ocultó su odio hacia los latinos.

Aunque en el transcurso del 2019 han ocurrido 253 tiroteos masivos en Estados Unidos, el que ocurrió en El Paso fue el primero dirigido directamente contra la población latina.

Patrick Crusius, un supremacista blanco de 21 años, asesinó a 22 personas en una masacre que tuvo como objetivo “disparar a tantos mexicanos como pudiera”. Foto: Web.

El autor, identificado como Patrick Crusius, un hombre blanco de 21 años, manejó nueve horas desde Dallas para perpetrar la matanza en El Paso, una ciudad fronteriza con la localidad de Ciudad Juárez, México, donde el último censo arrojó que el 83 % de la población es latina.

Días antes de la matanza, Crusius publicó en Internet un manifiesto racista y xenófobo, lleno de odio hacia los latinos, en el que se quejó de una “invasión hispana” de Texas.

De hecho, el supermercado donde ocurrió la tragedia es el más cercano a la frontera y es habitualmente concurrido por latinos.

«Un hombre anglo vino aquí a matar hispanos», dijo después de la matanza el alguacil de El Paso, Richard Wiles, en sintonía con el Gobierno de México, que condenó los hechos como «un acto terrorista contra mexicanos inocentes», teniendo en cuenta que 8 de las  22 víctimas fatales son de esa nacionalidad.

«El atacante vino a nuestra comunidad porque somos una comunidad hispana y porque tenemos inmigrantes en nuestra comunidad. Vino a hacernos daño», dijo la congresista originaria del El Paso, Verónica Escobar.

De hecho, Chris Grant, de 50 años, y quien fue herido por el atacante durante el tiroteo vio de cerca cuando Patrick Crusius, disparó a la cabeza de personas que le rogaban en español que “por favor” no los matara, mientras dejaba que los compradores blancos y afroamericanos salieran de la tienda.

«Ellos estaban rogando en español: ‘Por favor, por favor, no me mate, y él no sintió remordimiento por sus vidas”, relató Chris Grant, quien sobrevivió a la masacre de El Paso. Foto: CNN.

Estaban en el suelo, y todavía les disparaba en la cabeza. Rogaban, ‘¡Por favor! ¡Por favor! No me disparen”, relató desde el hospital a la cadena CNN.

“Estaban rezando en español. Yo soy de El Paso y sé español, y ellos estaban rogando en español: ‘Por favor, por favor, no me mate’, y él no sintió remordimiento por sus vidas”, subrayó.

Cuando se le terminaron las balas, Crusius se entregó sin oponer resistencia y le declaró a los policías que lo arrestaron que su propósito era “disparar a tantos mexicanos como pudiera”.

Los latinos en Estados Unidos temen que el nacionalismo blanco radical los convierta en el objetivo de nuevos ataques. Foto: El Clarín.

Miedo de casi 60 millones de latinos

Actualmente, aproximadamente 56,5 millones de latinos viven en Estados Unidos, lo que representa el 18 % de la población, es decir, representan casi una de cada cinco personas en el país.

Asimismo, casi dos tercios de los latinos que habitan en EE. UU. nacieron en la nación norteamericana, según los registros del Centro de Investigación Pew.

Sin embargo, para millones de ciudadanos latinos, el atentado en El Paso representa un punto de inflexión que les ha hecho cuestionarse sobre su lugar en la sociedad norteamericana.

Ya sean republicanos o demócratas, hablen inglés o español, sean nuevos inmigrantes o hijos o nietos de migrantes, estos ciudadanos han manifestado a diferentes medios de comunicación su temor a que el nacionalismo blanco radical los convierta en el objetivo de nuevos ataques.

Una masacre con tinte personal

“El hecho de que él decidiera venir aquí, a la zona más poblada de El Paso, y probablemente la más latina, y decidiera hacer eso, a esa hora, es muy difícil de llegar a comprender», dijo Dominique Díaz, una mujer de 54 años que participó en una vigilia el domingo.

Las tiendas de armas en la ciudad están llenas de clientes y muchos de ellos son latinos.

Después de la masacre, Zachary Zuñiga, un abogado en El Paso, planea comprar su primer arma. Foto: The New York Times.

“Básicamente, se debe al instinto de no querer ser una víctima”, dijo Zachary Zuñiga, de 32 años, un abogado en El Paso que se inscribió en un curso de tiro y planea comprar su primera arma.

Quiero poder proteger a mi familia si personas como éstas van a venir aquí pensando que pueden disparar en lugares a los que van mi familia y amigos”, dijo Zuñiga a The New York Times, al tiempo que recordó que creció en una casa donde sus padres nunca tuvieron armas.

Cristina Mora, socióloga de la Universidad de California, especializada en inmigración y política racial, planteó que el atentado probablemente ha generado una profunda sensación de inquietud entre los latinoamericanos, sin importar cuánto tiempo hayan vivido en el país.

“Esto tiene un impacto más allá de la primera generación, la generación de inmigrantes”, dijo Mora. 

Desde la llegada de Donald Trump a Washington el miedo entre la comunidad latina en Estados Unidos ha aumentado. Foto: Univisión.

“Al menos para los latinos, de algún modo es la muerte del sueño americano”, dijo a The New York  Times,  Darío Aguirre, un abogado republicano de origen mexicano que vive en Denver, sobre el impacto que los asesinatos han tenido en él y en su entorno.

Aguirre se mudó a San Diego, California, desde Tijuana, México, cuando tenía cinco años y fue criado por su abuela en barrios populares llenos de mexicanos. Se alistó en la Fuerza Aérea norteamericana y más tarde se convirtió en abogado de inmigración.

“Muchos clientes me dicen: ‘Somos los nuevos judíos, somos tal como los judíos. Es algo nuevo para mi comunidad. Estamos habituados a la oscuridad básica del racismo, no a esto”, relató.

El discurso de odio del presidente Donald Trump ha contribuido a que se incremente la violencia contra los latinos. Foto: Web.

Discurso de odio

Fernando García, director ejecutivo de la ONG Red Fronteriza para los Derechos Humanos, con sede en El Paso, denunció que las comunidades latinas y migrantes han sufrido en los últimos años «un ataque sin precedentes (…) especialmente los dos últimos años de la administración de Donald Trump”.

«Había otro miedo muy internalizado sobre cómo se estaba hablando de nosotros, se nos llamaba como criminales, como violadores y las consecuencias de ello no las sabíamos. Hoy lo sabemos», dijo citado por el portal Página 12.

También para Angélica Salas, directora de la Coalición por los Derechos Humanos de los Migrantes, «la retórica del presidente Trump ha encendido las llamas de la discordia en el país».

Lo cierto es que desde que el Mandatario lanzó su campaña a la presidencia en 2015, muchos de sus discursos han apuntado hacia los inmigrantes mexicanos, de quienes ha dicho son «violadores», traen «drogas» y «crimen» a EE. UU. y hasta se ha referido a las caravanas procedentes de Centroamérica como una «invasión”.

El efecto Trump

Tras la tragedia en El Paso, a la que sumó un tiroteo en Dayton, Ohio, que dejó 9 muertos y 27 heridos; Trump ofreció un discurso y afirmó que, aunque condenaba el racismo y la ideología de los supremacistas blancos, las enfermedades mentales son la principal causa de las matanzas con armas de fuego en su país.

“En una sola voz, nuestra nación debe condenar el racismo, el fanatismo y la supremacía blanca. Estas ideologías siniestras deben ser derrotadas. El odio no tiene lugar en Estados Unidos”, dijo en un mensaje contradictorio, debido a la retórica racista que ha promovido a lo largo de su vida y que ha calado en ciertos sectores de la sociedad norteamericana.

En su manifiesto, Patrick Crusius empleó el mismo vocabulario que usa Trump en sus discursos y mensajes en redes sociales, como el término “invasión” para referirse a las caravanas migrantes, y además compartió el rechazo a las propuestas de algunos demócratas de abrir las fronteras.

Además de esto, Crusius compartía en sus redes sociales mensajes en favor del mandatario republicano y manifestaba su apoyo a la construcción del muro y las políticas migratorias.

“Los medios probablemente me llamarán un supremacista blanco y culparán a la retórica de Trump. Los medios son infames por las noticias falsas”, señala un extracto del manifiesto.

Los ciudadanos de El Paso protestaron por la visita de Trump a la ciudad. Foto: Univisión.

¿Retórica que une?

En medios de abucheos y protestas, el Jefe de Estado norteamericano visitó este miércoles la ciudad de El Paso.

«No eres bienvenido aquí», «Queremos una disculpa», «Trump es un racista, supremacista blanco«, señalaban los carteles de cientos de manifestantes que ondeaban banderas de México y Estados Unidos.

Estos ciudadanos condenaron el supremacismo blanco y la retórica antiinmigrante del Presidente, a quien consideran inspiró al responsable de la masacre a disparar sin remordimiento contra los latinos.

No obstante, ante las críticas a sus discurso y acusaciones contra los migrantes, Trump afirmó este miércoles que su retórica «une a la gente».

«No creo que mi retórica haga eso. Creo que mi retórica une a la gente. Nuestro país lo está haciendo realmente bien», dijo a la prensa, al tiempo que  manifestó su «preocupación» ante «cualquier tipo de odio».

«No me gusta, ya sea supremacismo blanco o cualquier otro tipo de supremacismo” subrayó.

El inquilino de la Casa Blanca reiteró una vez más que Estados Unidos «necesita leyes firmes sobre la inmigración». “Creo que necesitamos inmigración legal, no inmigración ilegal (…) Creo que las fronteras abiertas son algo terrible», afirmó.

En un intento por tratar de hacer ver que Washington quiere tomar cartas en el tema del auge de los tiroteos, propuso fortalecer la verificación de los antecedentes penales de quienes compran armas y aseguró que en el Congreso hay un “fuerte apetito” político para aprobar una ley sobre este aspecto.

“Creo que tanto republicanos como demócratas se están acercando a una ley que haría algo con el control de antecedentes”,  dijo.

Sin embargo, sería una medida muy lejana a un verdadero control de la ventas de armas de fuego en la nación norteamericana. Por ejemplo: el responsable de la masacre en El Paso no tenía antecedentes penales.

En un país donde el 40 % de sus habitantes tiene un arma y el negocio armamentista tiene un impacto económico superior a los 52 mil millones de dólares y un agresivo lobby político parece una tarea nada fácil que se logre la regulación.

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