La verdad de ‘la clarinetista’ que llamó a cometer asesinatos masivos en Venezuela

La oposición manipula a jóvenes del Sistema de Orquestas Nacional

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Su nombre es Karen Palacios. Trabajaba como clarinetista suplente de la Orquesta Filarmónica Nacional de Venezuela, una de las instituciones que integran el Sistema de Orquestas Simón Bolívar, patrimonio cultural del país suramericano, que cuenta con más de un millón de músicos


Palacios salió en libertad el martes -16 de julio de 2019- luego de estar presa por 45 días, por enviar mensajes de odio e instigación al homicidio masivo en Twitter, red social donde instó a matar a funcionarios de seguridad del Estado y a todo aquel que simpatizara, defendiera al Gobierno venezolano o fuese chavista.

En 2017 hubo un caso parecido al de Palacios, no precisamente por publicar mensajes de odio en redes sociales, sino por tratarse de un músico -también opositor- que fue formado por el sistema de orquestas que enque hasta la fecha ha incluido a más de un millón de niños y jóvenes, en su gran mayoría de bajos recursos económicos.

En aquel momento, el nombre que impregnó los titulares de medios de comunicación -venezolanos e internacionales- que están abierta y radicalmente en contra del Gobierno de Nicolás Maduro, fue el del violinista Wuilly Arteaga, quien saltó a la fama al calificarlo como una víctima de la supuesta ‘dictadura’ venezolana.

Arteaga era uno de los llamados ‘guarimberos’, miembros del grupo extremista de derecha Voluntad Popular -que dirige Leopoldo López y Juan Guaidó- para que ejecutaran acciones violentas de calle, sobre todo en la urbanización Altamira, donde fue quemado vivo Orlando Figuera por ser calificado como ‘chavista’ y donde regularmente se generan las ‘protestas’ que siempre son ampliamente cubiertas por agencias y medios de comunicación.

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En ese mismo lugar, donde el pasado 30 de abril Guaidó y López llamaron a una insurrección militar que fracasó, el violinista era perseguido por los medios para tomar fotos donde él tocaba mientras las ‘fuerzas represoras de Maduro’ arremetían contra los protestantes. El momento clave llegó cuando a Arteaga supuestamente le partieron su instrumento y se echó a llorar delante de las cámaras.

Eso ocasionó que varios artistas de renombre internacional, con mucha fama, le enviaran de regalo varios violines a Wuilly. Pero días después, la imagen del violinista que ‘luchaba por la libertad’ se vio ‘manchada’, pues tras ser apresado por las autoridades confesó que había sido pagado por la oposición radical para participar en la violencia callejera.

A Wuilly lo procesaron las autoridades venezolanas por «instigación pública y posesión de sustancia incendiaria», es decir, tocar violín no era lo único que hacía. Posteriormente, fue liberado, aprovechó su fama y su visa estadounidense para irse del país y declararse ‘perseguido político’. Actualmente vive en Nueva York, y su fama la aprovecha para tocar en el metro de esa ciudad y ser chequeado constantemente en las redes sociales.

El violinista que fue asesinado por la propia oposición

También en 2017, luego del fracaso de la imagen de Arteaga, hubo otro incidente relacionado con un violinista opositor a Maduro que supuestamente había sido asesinado por ‘el régimen’. Se trata de Armando Cañizales, un caso que fue silenciado a pocos días de su muerte, pues con el pasar de los días se evidenció que no fue una ‘víctima de Maduro’ sino de la violencia opositora.

Fue asesinado el 1° de mayo de 2017 en medio de protestas opositoras. “Mataron a un chamo de 17 años mientras Maduro bailaba”, tuiteó el integrante de Voluntad Popular, Freddy Guevara, actualmente protegido por el Gobierno de Chile en su embajada en Caracas.

Guevara, horas antes, había animado a los jóvenes a ser más atrevidos con la policía. “El gas lacrimógeno no hace daño”, decía. Sobre este caso, el diario español La Vanguardia reafirma que la víctima recibió el impacto de una esfera metálica de plomo que fue disparada por los propios manifestantes. No murió por el impacto de una bomba lacrimógena como difundieron el resto de los medios.

La Vanguardia, cuya línea editorial no es afín al Gobierno de Venezuela, admitió en una nota publicada el 7 de mayo de 2017, titulada ‘La verdad sobre el caso del violinista muerto‘, que la narrativa expuesta por los medios de comunicación internacionales sobre «una juventud heroica masacrada por la dictadura bolivariana» no se atiene a los hechos, sobre todo en el caso de Armando Cañizales.

El artículo describe las verdaderas causas del asesinato del joven violinista venezolano, de 17 años.

En la nota se reconoce que las primeras noticias que se viralizaron en las redes sociales iban dirigidas a inculpar al Gobierno de Maduro de la muerte del joven músico, a causa de ‘una bomba lacrimógena lanzada por la policía’, y su muerte era ‘la última de la violencia desproporcional de las fuerzas paramilitares de la dictadura chavista’, tal y como difundían medios de oposición digitales como La Patilla, Dólar Today, Maduradas, El Nacional, entre otros.

En un video se ve al joven músico desafiando a los efectivos antidisturbios -escribe La Vanguardia-, ‘brazos levantados, con el pañuelo tapando la cara y la máscara anti gas colocada. Luego se le ve llevado en brazos hacia una ambulancia y se oyen gritos de ‘¡Armando! ¡Armando!’.

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El ministro para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, Néstor Reverol, detalló que la causa de la muerte no fue una bomba lacrimógena sino por una rolinera –una pequeña esfera metálica cromada de ocho milímetros de diámetro- que tras ser disparada se alojó en el cuello del violinista provocando su muerte.

Este proyectil no fue disparado por la policía, escribe La Vanguardia, sino por los propios manifestantes. ‘Ya se sabe que algunos de estos han fabricado armas caseras para su enfrentamiento diario contra la policía.

El Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) descubrió seis rolineras iguales en el lugar de las manifestaciones aquel día’, acota el medio español. Un fotógrafo de Reuters publicó imágenes de una de estas armas caseras en el momento de ser disparadas en aquella manifestación del 1° de mayo.

En la nota, La Vanguardia recuerda que Cañizales ‘se había formado como músico en el famoso Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela- gracias al cual cientos de miles de jóvenes de barrios pobres han aprendido a tocar instrumentos y participar en la creaciones la música clásica’.

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El caso de ‘la clarinetista’, otra vez El Sistema protagonista

El Sistema de Orquestas musicales de Venezuela ha trascendido fronteras y barreras culturales a lo largo y ancho del planeta. Hay centenares de historias de sus músicos y su talento alrededor del mundo, el más conocido y difunido el del director Gustavo Dudamel.

Esta vez el Sistema no sale a relucir por sus logros sino por el nombre de una clarinestista que formó parte de sus filas y que terminó siendo expulsada por estar vinculada a crímines de odio, intolerancia y por instar a matar masivamente a personas que piensan políticamente distinto a ella.

Karen Palacios es el nombre de esta clarinetista de 25 años de edad que estuvo encarcelada por publicar mensajes cargados de odio que llamaban a matar personas políticamente relacionadas al Gobierno de Venezuela y sus simpatizantes, incluso al propio presidente Nicolás Maduro.

«Esta vaina será hasta el día que nos arrechemos y entre 100 matemos a unos 10 guardias, colectivos o mierda de esas que se atraviese», fue uno de los mensajes escritos por Palacios justo en medio de acciones violentas de calle que promocionó y ejecutó la extrema derecha opositora identificada en torno a la figura de Juan Guaidó.

“Tengo días sin dormir porque de verdad espero leer, en una noche de insomnio, que Maduro huyó, que lo mataron, que lo apresaron o cualquier vaina que me haga feliz”, subrayó Palacios en otro tuit el pasado 1° de mayo de 2019.

El caso de Palacios ha sido ampliamente difundido por la mediática internacional aliada a la propaganda política de Estados Unidos y medios opositores al Gobierno de Venezuela. De hecho, su caso lo abordan como una víctima del ‘régimen’ y ‘la dictadura’, que comenzó con su expulsión como clarinetista de la Orquesta Filarmónica por supuestamente haber firmado en contra del Presidente venezolano.

Lo que no dicen estos medios, como ocurrió en el caso de Armando Cañizales, es que Palacios tenía un contrato vencido como clarinetista de la orquesta como ‘músico suplente’, es decir, no tenía un cargo fijo.

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Entonces, la clarinestista terminó en definitiva fuera de la institución musical por los gravísimos mensajes de odio que colocó en sus redes sociales, que motivaron a la directiva de la Filarmónica a tomar la decisión de no renovar el contrato, pues no se podían dar el lujo de permitir que entre sus músicos esté una persona que sea capaz o tenga intenciones de asesinar a otras.

Palacios estuvo detenida desde el 1 al 7 de julio en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) y desde el 8 hasta el 16 de julio en el Instituto Nacional de Orientación Femenina (Inof).

Al respecto, el fiscal general de la República, Tarek William Saab, tuvo que aclarar en una entrevista concedida al canal privado Globovisión que Palacios no estuvo detenida «por ser clarinetista» o por escribir en contra del Gobierno en sus redes sociales.

Estuvo presa «lamentablemente, yo no voy a evaluar aquí por qué lo hizo o no, porque instigó a través de redes a que fuese asesinado el Presidente de la República y cualquier otro chavista. No creo que sea lo correcto. El tribunal 5° de control decretó la liberación de la ciudadana, bajo régimen de presentación cada 30 días”.

La libertad de ‘la clarinetista’ quedó condicionada bajo las siguientes medidas cautelares: regimen de presentación ante tribunales, prohibición de declarar a los medios de comunicación y uso de redes sociales.

Luego que fuese liberada, medios internacionales y locales que son radical y abiertamente opositores al Gobierno de Venezuela comenzaron a difundir distintas historias relacionadas a los días que estuvo presa, señalando que ‘sufrió en carne propia’ la ‘tortura psicológica’ del ‘régimen’, sólo por ‘pensar distinto’ y ser ‘opositora’ de Maduro.

En su momento, antes de ser arrestada, Palacios expresó que una cosa es que se dijera que ella incitó al odio, a delinquir o promover la violencia, pero «jamás propuse que entre 100 matemos a 10». Pero, lamentablemente para la clarinestista las redes sociales lo guardan todo, incluso sus mensajes borrados.

La campaña de desprestigio contra Venezuela continúa, ‘la clarinetista’: el nuevo recurso de ataque.

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