El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, acusó a Estados Unidos (EE.UU.) de convertir el bloqueo económico impuesto a la isla en «un castigo colectivo contra la población» y una expresión de «genocidio y crimen«
En una entrevista concedida a RT, el líder cubano denunció que el gobierno del mandatario estadounidense, Donald Trump, ha intensificado su hostilidad hacia la mayor de las Antillas, más allá del embargo que Washington ha mantenido por más de seis décadas, sumando ahora nuevos mecanismos de presión que afectan directamente a los sectores más vulnerables de la sociedad cubana.
Díaz-Canel indicó que durante su primer mandato, Trump imprimió un recrudecimiento sin precedentes a estas medidas coercitivas, y que tras su regreso a La Casa Blanca, el magante republicano ha acumulado todas esas restricciones sumando además lo que calificó como «un bloqueo energético».
El mandatario describió esta estrategia como «una política de máxima asfixia, de máxima presión», cuyo único objetivo sería doblegar la voluntad del Estado cubano y generar condiciones de ingobernabilidad en la isla.
El presidente cubano fue más allá al advertir que las autoridades estadounidenses deberán enfrentar responsabilidades ante la comunidad internacional por «el crimen y el genocidio que han orquestado contra Cuba».
«Están aplicando un castigo colectivo contra la población cubana. Es una expresión de genocidio y de crimen. Y yo creo que en algún momento los que han sido artífices de esta política contra Cuba tendrán que responder a nivel internacional», afirmó.
En este sentido, enfatizó que el bloqueo actual no es una mera disputa política entre gobiernos, sino una expresión de genocidio que atenta contra la población civil, violentando principios fundamentales del derecho internacional y los derechos humanos.
«Hay que actuar con sentido de urgencia»
En su diagnóstico de la crisis, Díaz-Canel calificó la situación como «sin precedentes» y de «compleja gravedad», señalando que ha escalado a un nivel superior a cualquier otro momento histórico. Ante este escenario instó a actuar «con sentido de urgencia» pero también «con mucha sangre fría» para evitar improvisaciones que pudieran generar más dificultades.
Reconoció que se trata de un proceso dialéctico que inevitablemente enfrentará contradicciones y posibles errores, para lo cual advirtió que será fundamental tener «la capacidad para superar y rectificar».
El mandatario subrayó la importancia del debate popular en la construcción de soluciones, afirmando que «no se puede hacer revolución sin participación y control popular».
Enfatizó que las transformaciones que se están planteando no son exclusivamente económicas, sino económico-sociales, y dejó claro que en ningún caso han puesto en riesgo los conceptos de justicia social que caracterizan al proyecto revolucionario cubano.
«Hace seis meses que no llega un barco de combustible»
Para dimensionar la gravedad de la crisis, el presidente cubano ofreció detalles del impacto del bloqueo energètico impuesto por la administración Trump. Denunció que hace seis meses que no llega un barco de combustible a la isla, con la única excepción de una embarcación rusa que arribó por concepto de ayuda humanitaria.
Además, explicó que las presiones de Washington sobre las empresas extranjeras han provocado la retirada de una parte importante de los inversionistas internacionales que operaban en Cuba, lo que ha generado «mucho deterioro» en los procesos económicos, productivos y de servicios del país.
El líder cubano fue contundente al vincular estas dificultades directamente con el bloqueo, señalando que se trata de «un castigo colectivo» que afecta la vida cotidiana de todos los cubanos.
Cuba insiste en diálogo con EE.UU.
A pesar de la dureza de sus acusaciones, Díaz-Canel insistió en la disposición de Cuba al diálogo con Estados Unidos como vía para resolver las diferencias bilaterales y recordó que la revolución cubana siempre ha defendido la solución dialogada de los conflictos.
Ratificó su convicción de que, más allá de las inevitables diferencias ideológicas, es posible encontrar áreas de cooperación con beneficio para ambos pueblos, por lo que abogó por construir espacios que ayuden a «garantizar la paz y la estabilidad de ambas naciones y también de la región latinoamericana».
En conversación con RT, el mandatario calificó el diálogo como «un proceso que hay que asumir con mucha seriedad», con sensibilidad y responsabilidad, para avanzar en la creación de confianza mutua y, sobre todo, para alejarse de la confrontación.
