La Comisión de Seguridad Social, Bienestar, Niñez, Adolescencia y Familia de la Cámara de Diputados de Brasil, aprobó un proyecto de ley para prohibir el uso de las «constelaciones familiares» en los procesos judiciales.
Según consignó un reporte de la agencia RT, en Brasil está ampliamente extendido el uso de estas «terapias» como mecanismo de resolución de conflictos en juzgados de familia, a pesar de que instancias como el Consejo Federal de Psicología la califican como una pseudociencia que puede conducir a revictimizaciones, especialmente cuando se trata de casos de violencia de género.
La propuesta legislativa fue presentada por el diputado Duda Ramos, perteneciente al centrista Movimiento Democrático Brasileño, y recibió el respaldo de la diputada Silvia Cristina, del bloque de Progresistas, quien se encargó de exponerla ante sus colegas de la Comisión.
En su ponencia, la legisladora resaltó que la aprobación de la prohibición es necesaria y urgente para evitar consecuencias legales, éticas y psicosociales «potencialmente graves». En este punto, la diputada brasileña expuso la opinión del Consejo Federal de Psicología y otras entidades profesionales, que coinciden en alertar sobre la ausencia de fundamentos científicos capaces de respaldar la veracidad y eficacia de las «constelaciones familiares».
«Ante este alarmante panorama, reitero que cualquier intento de reconciliación entre la víctima y su agresor representa un riesgo extremo y debe evitarse a toda costa. La práctica de la terapia de constelaciones familiares contradice esta idea», puntualizó Silvia Cristina, refiriéndose a la situación de la violencia contra las mujeres en Brasil.
¿Qué son las constelaciones familiares?
Se trata de una terapia creada por el psicoterapeuta alemán Bert Hellinger con el propósito de «resolver» conflictos entre miembros de un grupo familiar, especialmente parejas y padres e hijos, a través de sesiones grupales o individuales, en las que se recrean escenas destinadas a evocar los sentimientos que se tienen sobre la familia.
Según se explica en el portal de la fundación que continuó con el trabajo de Hellinger tras su muerte en 2019, se espera que esas representaciones permitan la emergencia de «creencias que hemos adoptado de nuestros padres y que nos mantienen cautivos».
Se afirma además que estas concepciones «fueron instaladas en el subconsciente y hoy día se interponen en nuestro camino», lo que impide que se produzcan «cambios de comportamiento». La promesa es que una vez estén claras cuáles son las «creencias ocultas» que impiden las modificaciones conductuales, estas «pueden ser cuestionadas, liberadas y reescritas», si la persona toma la decisión de hacerlo.
La práctica se rige por tres «órdenes básicos de la vida»: el de «el mismo derecho», que consagra que todos los miembros del grupo familiar tienen el mismo derecho de pertenencia, por lo que cuando a «un miembro de la familia se le niega o se le priva la pertenencia, surge un trastorno con consecuencias de largo alcance»; el de «la jerarquía», que «exige que todos en una familia ocupen el lugar que se les ha dado y que es el suyo propio»; y el de «equilibrio», que define los lazos familiares en términos de intercambios equivalentes (dar lo mismo que se recibe).
Este orden de jerarquía ha sido objeto de fuertes cuestionamientos, pues legitima el sistema patriarcal, al asumir como natural la subordinación de las mujeres y los hijos frente al varón.
Asimismo, privilegia los lazos biológicos por encima de los afectivos y subestima otros modelos familiares distintos del tradicional, lo cual resulta funcional para la revictimización de mujeres que han padecido la violencia de género, de menores sometidos a maltratos domésticos y de personas pertenecientes a grupos vulnerables.
Vía RT
