Comicidad fascista: Un pernicioso laboratorio de guerra sucia que opera en Venezuela

El sentido utilitario del chiste como mecanismo de perversión y apoyo a una visión del mundo que excluye a quien piense distinto.

Comicidad fascista: Un pernicioso laboratorio de guerra sucia que opera en Venezuela

Autor: Félix Eduardo Gutiérrez

«Dos vecinos hablaban de la actividad de la  Quema de Judas (en sus comunidades).
— ¿Qué Judas quemaron por tu casa?
— A un chavista que quería emigrar.
— Ah, qué creativo ¿Con qué hicieron el muñeco?
— ¿Había que hacer un muñeco?».

Este es uno de los «chistes» que circularon por las redes sociales  en el presente año, en la conmemoración de la Semana Santa en Venezuela, a propósito de la celebración de la Quema de Judas, una tradición popular hispanoamericana muy famosa en el país suramericano, que se cumple el Domingo de Resurrección durante la evocación de la Vida, Pasión y Muerte de Cristo.

La tradición consiste en elaborar un muñeco que simboliza a Judas Iscariote, personaje que, señala la historia cristiana, traicionó y  vendió  a Jesús por 30 monedas. El muñeco es golpeado, apedreado y linchado,  posteriormente quemado por una turba en un espacio público.

El «chiste» en cuestión hace referencia a cada una de las acciones descritas de la tradición popular venezolana, pero no precisamente en contra de un muñeco sino en contra de lo que, considera la ultraderecha, debe hacerse con todo militante o seguidor de la Revolución Bolivariana: Apedrearlo, lincharlo y quemarlo.

Se trata de una verdadera apología al fascismo, es decir, menospreciar, reducir y aniquilar al rival por su posición política e ideológica, por su color de piel o raza, así como por su condición social, utilizando el «chiste», la «broma» y la «comicidad» para cumplir con los fines de una laboratorio de guerra psicológica que opera en contra del pueblo chavista o que simpatiza con el chavismo como movimiento político.

Incapaces, animales y excrementos

Los mensajes de este laboratorio también colocan a los militantes o seguidores de la Revolución Bolivariana como animales o seres inferiores a la especie humana, incluso como excremento, por el solo hecho de ser seguidores del chavismo.

 

«Tarzán, amor», le dice Jane al mítico personaje del imaginario infantil occidental, «tú que hablas con los animales por favor explícale a los chavistas que va a pasar con la Constituye Comunal».

El personaje femenino se refería a las elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), realizada el 30 de julio de 2017, evento político en el que votaron más de 8 millones de electores venezolanos.

«Joven… ese puesto es para personas con discapacidad mental», le dice, en otro «chiste», un policía a un joven con una boina roja (símbolo del chavismo), que estaba sentado en el interior de una unidad del transporte público, en un puesto para personas con discapacidades.

«Yo soy chavista» le responde el joven. «Ah… disculpe», agregó el “policía”, en este «chiste» en el que se compara a los simpatizantes del chavismo ya no con animales sino colocándolos como personas con incapacidad mental.

Otro «chiste»: En una boleta electoral se identifica cada una de las opciones de votación con un excremento, a excepción de la tarjeta de la Mud, la Mesa de la Unidad Democrática, la alianza de partidos de la derecha, que se identifica con su tarjeta electoral original. En resumen, en ese «chiste», todos los candidatos distintos a los partidos de la Mud son excrementos, chavistas e incluso opositores que no coincidan con la Mud.

«El venezolano, como todo hombre y mujer del Caribe, es una persona que utiliza la broma, el chiste, el humor, como parte de sus recursos en la vida diaria. No obstante, estos “chistes” políticos son algo muy distinto y contrario a ese humor natural y a flor de piel que caracteriza al venezolano».

Esto lo aseveró la periodista, docente e investigadora venezolana  de la comunicación Andreína Alcántara, autora de la publicación de humor “De risas y lamentos (rimas y versos)» (2017), presentado recientemente en la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven), evento realizado en Caracas y que durante este 2018 recorre varias ciudades del país suramericano.

Alcántara destacó que el humor arroja luz sobre la conciencia de los hombres, apuesta a la inteligencia, al conocimiento, al juicio, pero estos “chistes” que circulan por las redes sociales “son la antítesis del humor, incluso de la misma comicidad, se trata más bien de un pernicioso laboratorio para promover el odio entre los venezolanos» y en el ámbito internacional contra los nacionales de ese país.

«Chistes» que no son bromas

El «chiste» que habla de utilizar a un chavista para quemarlo, como la tradición popular hispanoamericana de la Quema de Judas lo indica contra un muñeco, dejó de ser hace rato una “broma” en Venezuela y se volvió una triste y dolorosa realidad.

Entre mayo y junio de 2017 al menos 7 venezolanos fueron linchados y quemados, algunos asesinados, durante las «guarimbas», como se le conocieron a los hechos violentos que dejaron más de un centenar de muertos en Venezuela y que perseguían como propósito el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro.

Entre estos hechos destacó el caso del joven Orlando Figueira, golpeado, apuñaleado y quemado el 20 de mayo de 2017, durante actos violentos antichavistas en el sector Altamira, en Caracas.

El joven resultó agredido ni siquiera por ser chavista sino por parecerlo (por su color de piel y aspecto social), agonizó durante varios días en un hospital caraqueño, antes de fallecer, con más de 80% de su cuerpo carbonizado por la agresión colectiva.

También se conocieron casos en otras ciudades venezolanas, como Maracaibo y Barquisimeto, donde igualmente fueron quemados jóvenes tras la «acusación» de ser chavistas.

Los «chistes» en los que se justifica el linchamiento, la quema y muerte de simpatizantes del chavismo, también en los que se le compara con animales y excremento, igualmente con personas incapaces mentalmente, es un brutal laboratorio de guerra sucia para promocionar el odio.


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