El «Sol del Saber» de Quimantú: La Revolución del Libro y la lectura de la Unidad Popular

Un 12 de febrero de 1971 se firma el acta de compra de todos los activos de la Editorial Zig-Zag por parte del Gobierno de la Unidad Popular y Salvador Allende, integrándose al Área Social de empresas del Estado

Por Amauta

12/02/2024

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Un 12 de febrero de 1971 se firma el acta de compra de todos los activos de la Editorial Zig-Zag por parte del Gobierno de la Unidad Popular y Salvador Allende, integrándose al Área Social de empresas del Estado. A propósito de esta efeméride, compartimos una nota sobre la recordada iniciativa editorial.


El Gobierno de la Unidad Popular y Salvador Allende tuvo entre sus primeras tareas la construcción de una cultura y educación popular que acompañara e impulsara el proceso de cambios estructurales que se pretendía con la «vía chilena al socialismo».

En ese marco, la promoción del libro y la lectura tuvieron desde muy temprano un lugar prioritario, encabezado por la Editorial Nacional Quimantú, empresa creada en febrero de 1971 a partir de la compra de la paralizada y quebrada empresa privada Zig-Zag, y cuyas instalaciones se encontraban «tomadas» por sus trabajadores por la falta de respuesta de los propietarios acerca de la situación de la empresa y de sus derechos laborales.

Participación de trabajadores de Quimantú en marcha, sosteniendo lienzo que lleva la fecha de su creación: 12 – II – 1971.

Quimantú, «Sol del Saber» en mapudungún, fue una empresa referencial en varias dimensiones, tanto por el éxito en la muy masiva edición y publicación de libros y revistas, la enorme adhesión que tuvo entre las mayorías populares, una forma de organización horizontal entre sus trabajadores, y la participación de voluntarios y organizaciones populares en la producción y difusión de su enorme producción editorial.

En esta nota, hacemos un repaso de una de las políticas más exitosas y recordadas del gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular, a partir de notas y textos publicados en la época.


Publicidad de la Editorial Nacional Quimantú, año 1972.

La creación de la Editorial Nacional Quimantú

La Editorial Nacional Quimantú es creada a partir de la compra de la editorial Zig-Zag (vinculada a empresarios democratacristianos), una de las más grandes del país y que se encontraba en quiebra y con una huelga de sus trabajadores desde fines de 1970. En ese contexto, el gobierno decide comprarla a iniciativa y solicitud de los trabajadores de la editorial. Desde un inicio, esta pasa a ser una iniciativa emblemática del gobierno de la Unidad Popular, captando la colaboración y apoyo de sectores crecientes de la ciudadanía.

«Gobierno adquirió el activo de la Empresa Editora Zig-Zag». Diario El Siglo, febrero de 1971.

La impresión de libros clásicos fue una de las tantas áreas de la editorial. Además, se comenzaron a publicar una serie de revistas que atendían a distintos sectores e intereses de la sociedad, como «Paloma», «Cabrochico», «Ramona», «Hoy», «La Quinta Rueda», «Hechos Mundiales», «Mirada», «Ahora», o «Mayoría».

Además, se pubicaron reportajes especiales los siguientes títulos:

«Los gremios patronales», «Vivir o Morir» escrito por Alfonso Alcalde sobre la tragedia de la caída del equipo de rugby uruguayo, «El caso Kenecott. La historia inconclusa de un embargo», «El caso Schneider ¿Operación Alfa o no?», «El Cobre. Todo lo que un chileno debe saber sobre su principal riqueza», «El tancazo de ese 29 de junio» sobre la intentona golpista preparatoria del Golpe de Estado definitivo, «Documentos especiales de Fidel», «La crisis educacional». «Vietnam. Ni todas las bombas del mundo», «Prontuario. Técnica del interrogatorio y la represión y el asesinato» abordando el terrorismo de Estado en América Latina y el despliegue de la después llamada «Operación Cóndor», «Cómo participar. Lo que ud. necesita saber» un manual de participación y organización popular, «Documentos secretos de la ITT», «Fuegos artificiales», «Área social: la Justicia pierde el juicio», «Los países en la UNCTAD III», «Los resultados de la UNCTAD III. Esperanza o frustración para el desarrollo», «Los intocables. La ruta del contrabando y la historia de la mafia», «Fascismo ayer y hoy», «La gira de Chile» sobre el viaje de Salvador Allende y la política internacional del gobierno de la Unidad Popular, «Documentos gráficos. Dos tipos de marchas».

La editorial tuvo un trabajo intenso desde el primer día, y obtuvo un gran éxito en número de impresiones y publicaciones. En los primeros 5 meses, ya se tenía más de 1 millón de títulos publicados.

La magnitud del esfuerzo editorial de «Quimantú» se refleja en este cuadro de su producción:

La iniciativa fue vanguardista en todos los ámbitos, incluyendo diseños novedosos y temáticas de vanguardia para la época.

Compartimos la transcripción de notas acerca de esta iniciativa del Gobierno de la Unidad Popular y Salvador Allende:

Revista Ahora nº21, 7 de septiembre de 1971. Fuente: Editora Nacional Quimantú. El proyecto editorial más grande de América Latina. Editorial Quimantú.

Los GERENTES-OBREROS de la “Quimantú” (Revista Ahora nº21, 7 de septiembre de 1971)

Cuando el día 12 de febrero de 1971 Zig-Zag vendió sus máquinas y edificios al Estado, la empresa privada se anotaba un nuevo fracaso en Chile. Zig-Zag dejaba tras sí 70 mil millones de pesos en deudas, las bodegas sin stocks, los créditos cerrados en los bancos, sueldos y gratificaciones del personal sin respaldo. Entonces los trabajadores tomaron a su cargo la empresa, y después de largos trámites legales se constituyó sobre sus ruinas la Editorial Nacional Quimantú, una empresa socializada, cinco de cuyos once gerentes son obreros de los talleres, elegidos por sus compañeros. 

Nadie, por supuesto, les dice “gerentes”: son los ejecutivos laborales, así como los restantes miembros del Comité Ejecutivo de QUimantú son los “compañeros directores”. 

Máximo Armijo, 25 años, fotógrafo de huecograbado; Arturo San Martín, 34 años, encuadernador de libros; Juan Fernández, 31 años, ayudante de prensas offsets; Carlos Valle, 24 años, montajista de fototono, y Samuel Salazar, de 26, corrector de pruebas, son los ejecutivos laborales de Quimantú.

La designación de los ejecutivos laborales corresponde a una política general de las empresas socializadas, luego de un acuerdo entre la CUT y el Gobierno, impulsado directamente por el Presidente Allende. Los gerentes – trabajadores tienen las mismas atribuciones que cualquier “trompa” de la empresa privada: supervigilar, administrar y dirigir la empresa, pese a lo cual no faltaron – ni faltan- las confusiones. Durante las primeras semanas de su ejercicio, los obreros-administradores de Quimantú recibieron innumerables peticiones para que actuaran como dirigentes sindicales, papel que no les corresponde. Es el sindicato el que tiene a su cargo, como siempre, la acción reivindicativa de los trabajadores, incluso en las empresas del área de propiedad social. 

La segunda confusión de sectores de base sobre los ejecutivos laborales en Quimantú fue considerarlos -como ellos mismos dicen- “ejecutivos… pero de segunda clase”. Y hasta se plantearon algunas protestas cuando se les asignó una oficina para atender a sus funciones, que cumplen después de trabajar como cualquier obrero durante media jornada, ganando los mismos sueldos de antes. 

Pero los antiguos administradores profesionales y la mayoría de los nuevos, muchos de ellos expertos en economía, finanzas, organización de empresas, periodismo o sociología, tienen en alta estima la labor de los gerentes-trabajadores, sin cuyo concurso no se habrían podido resolver innumerables situaciones de emergencia, o delicados problemas de funcionamiento, que en una empresa recién reorganizada siempre equivalen a un sismo grado 8. Quimantú se ha convertido ya en una pujante empresa que barrerá en el mercado en pocos meses más. 

Durante media jornada los ejecutivos laborales (generalmente en las mañanas) sob obreros en la producción física de Quimantú. Por las tardes, sin abandonar sus cotonas o sus overoles, actúan como ejecutivos. 

– ¿Se sienten a gusto en una oficina tan como de gerente?

– ¡Qué diablos! -dice Arturo San Martín-: no ganaríamos nada con sacar la alfombra, porque se perdería arrumbada en un rincón. Hemos nacido en la clase trabajadora y trabajadores somos.

– Tenemos que aumentar la producción -dice Juan Fernández-, y para eso trabajamos en los talleres, pero también -y al mismo tiempo- tenemos que sacar la empresa a flote, una empresa quebrada que recibimos, y hay que tirarla para arriba.

Mientras los ejecutivos laborales enfrentan una responsabilidad nueva, que muchos de ellos no se imaginaron, por lo que tienen que ir haciendo camino al andar, el Sindicato de Quimantú celebró recientemente sus 38 años. Bastante extraño, dado que la nueva empresa apenas si tiene seis meses. Es que el antiguo Sindicato Zig-Zag cambió de nombre, y punto. Los capitalistas que vendieron a la Coro las máquinas y los edificios que no supieron administrar se llevaron la marca, algunos sobres con membrete y los cuños de goma correspondientes, pero toda la estructura laboral y los bienes de producción quedaron en su lugar. El Sindicato Quimantú (en las elecciones recientes los seis cargos los ganó la UP), pese a cambiar de signo la empresa, de todas maneras planteará este año un pliego de peticiones. Se espera resolverlo de común acuerdo con la “empresa”, pues a ambos lados de la gran mesa se sentarán representantes de los mismos trabajadores. 

Las cuestiones sindicales, por supuesto, subsisten, pero la fortaleza de una organización sindical como la de Quimantú provienen tanto de su experiencia como de la circunstancia que es un frente único. Desde los tristes tiempos de Zig-Zag no hay separación gremial entre empleados, obreros o periodistas, y ese fue uno de los factores determinantes que permitieron a los trabajadores, como un solo hombre, recuperar para la economía nacional una empresa que se iba a pique.»

Trabajadores de la Editorial Nacional Quimantú en marcha. Fuente: Editorial Quimantú.

«La Quinta Rueda», n°4, enero -febrero de 1973, p. 2. Editorial Quimantú. Fuente: Memoria Chilena. Memoria Chilena.

5.000.000 de Libros. Por Volodia Teitelboim

En caso de que usted quiera saber si en un país hay revolución, debe hacer un test. Consiste en averiguar, no en primer, sino en segundo término, si las viejas castas dominantes increpan furiosas, dispuestas a ponerle una bomba a todo lo que huela a cambio. Si recurren al homicidio político., si desatan sabotaje económico, si practican como en un culto religioso los ritos del mercado negro, si su industria de mentir trabaja a tres turnos, con todas las máquinas a reventar, es señal infalible de que rstán tan heridos y tan ecnolerizados justamente porque hay una revolución y su reino toca a difuntos. 

Están indignados, ofendidos porque el obrero, el campesino, la quinta rueda del coche, ahora son todo el coche, el que va sentado en el asiento del pasajero y también el auriga que, de pie en el pescante de la vida, conduce el vehículo de la historia por los nuevos caminos -polvorientos, accidentados y sin pavimentar- de una verdadera revolución.

Pero hay otra pregunta del test, que puede expresarse parafraseando la fórmula cartesiana. El pueblo podrá decir: “Leo, luego existo”. Es una ley de la revolución. Dime quién lee, cuántos leen, qué leen y sabremos si la revolución camina por dentro. 

No hay revolución en el mundo contemporáneo que no haya desarrollado el verdadero “boom” editorial -no de unos pocos bien promovidos-, la explosión del libro y de la lectura. 

En nuestra deficitaria revolución cultural, donde se advierten tantas lagunas, fracturas, ausencias, retardos, hay una prueba irredargüible y contundente de su existencia. 

Son los 5 millones de libros vendidos de la Editorial Nacional del Estado, “Quimantú”. 

5 millones, palabras mayores, números mayores, cifras fuera de serie. Inconcebibles antes del triunfo popular.

La editorial correspondiente a Quimantú, en el pasado Zig-Zag, vendía un millón de libros en un plazo de 4 años y 8 meses.

Quimantú en un lapso de un año tres meses, o sea, casi cuatro veces menor, editó, vendió, cinco veces más. O sea, la venta se ha multiplicado por veinte. 

Se está produciendo hoy a un ritmo de 800 mil ejemplares al mes.

El 4 de noviembre de 1971 salieron a la calle los dos primeros títulos, “Quién es Chile” y “La Sangre y la Esperanza”, de Nicomedes Guzmán.

Bien sabemos que los tirajes ordinarios hasta el Gobierno del benemérito Frei fluctuaban en Chile entre dos a cuatro mil ejemplares. Cinco mil eran casi un exceso, una aventura mayúscula, determinados por algún factor sensacionalista y a veces por la fama singular del autor. 

Llegó Quimantú y se volvió loco. Lanzó ediciones de 50 mil ejemplares. Multiplicó de golpe por diez o por veinte las cifras habituales, quebró todos los límites. ¿Un salto en el vacío?¿Tirarse de cabeza a una piscina sin agua?

La experiencia demostró que esos locos estaban maravillosamente cuerdos. Que el pueblo era una esponja ansiosa de absorber el agua de la vida, de la lectura, del conocimiento. Quieren para ellos el Sol del Saber. Y eso significa en lengua nativa “Quimantú”.

“Quimantú” derribó los precios. Rompió el criterio de la edición pequeña, escasa y cara, para sustituirlo por el de tirada masiva y barata. El precio por cierto influye. Y una revolución tiene que cuidar que ese artículo de primera necesidad esté al alcance del bolsillo modesto. 

Pero no es simplemente un problema de precio, que resulta complementario, complemento indisociable, pero no la esencia del fenómeno. 

La esencia del fenómeno radica en que el pueblo sabe que necesita formarse una cultura, que leer es para él una necesidad apremiante y permanente si quiere aprender a dirigir un proceso revolucionario. Y claro que lo quiere. Por esto se precipita sobre las colecciones que por primera vez se expenden en los puestos de diarios.

El artículo libro ha pasado a ser tan necesario como el pan o el traje. Para alimentarse, para vestirse por dentro, para transformarse en persona culta. Se viene al suelo la muralla china que encerraba en una clase a los lectores, como a los antiguos letrados del Celeste Imperio, convirtiendo la lectura en privilegio de una casta. Ahora hay “Quimantú para todos”, lectura para todos. 

He visto muchos sindicatos donde encuentro siempre los libros de nuestra editorial nacional. 

En casas de trabajadores que he visitado en ṕocas distintas encuentro algo más que un mueble nuevo: algún sencillo anaquel repleto de volúmenes. Antes no estaban allí. Ahora, sí. Surgen las bibliotecas domésticas, con ánimo crecedor, en el domicilio del obrero. 

No son los libros para él objetos ornamentales. Los he advertido sobajeados, reveladores de las manos que dieron vuelta sus páginas con un ansia nueva y un anhelo antes desconocido de ser a través del leer. 

Pero no sólo los trabajadores, el pueblo, se abalanzan al encuentro del libro.

Escritores semiinéditos de las antiguas ediciones fantasmas o exiguas hoy son lanzados en grandes tirajes. Con su Premio Nobel a cuestas, Gabriela Mistral tuvo que esperar postmortem que llegara “Quimantú”, pra que, con una sola edición de “Todas Íbamos a Ser Reinas”, superara en cantidad a todas las ediciones sumadas en castellano que se le hicieron antes, durante medio siglo.

Se han ingeniado los hombres de Quimantú para cubrir campos diferentes. Consulto “Nosotros los Chilenos” como una pequeña enciclopedia nacional en formación, con crecimiento quincenal. Su temática parece indispensable porque para hacer una revolución y un país nuevo los chilenos deben saber quiénes son Chile y los chilenos. 

Los “Minilibros” semanales, con 80 mil ejemplares, resultan fruto abundante y sabroso, me parece, de una audacia necesaria, que ha tenido la ávida acogida de una multitud de lectores hasta ayer inesperada. Porque las estadísticas anteriores decían que en Chile había 70 mil personas que leían un libro al año. Bueno, y ahora se venden 80 mil ejemplares de un título en una semana. 

Literatura, política, sociología, se agotan vertiginosamente. 

En menos de seis meses Quimantú vendió su primer millón. Fue el millón del despegue. Porque en la mitad de ese plazo vendió el segundo millón. En febrero debe llegar a los 5 millones de ejemplares. 

Es una hazaña de los trabajadores que los hacen. 

Pero también es signo inequívoco que por dentro del espíritu de Chile anda una revolución, que necesita el libro y la cultura como un arma para afianzarla y llevarla a su destino.


Fuentes y notas recomendadas:

Web «Sol del Saber» (catálogo de la producción de la editorial Quimantú).

Sección de «Quimantú» en la Biblioteca Virtual Clodomiro Almeyda (disponibilidad para su vista y descarga de varias de las publicaciones de Quimantú).

50 años de Quimantú, Grafito Ediciones.

Editora Nacional Quimantú. El proyecto editorial más grande de América Latina. Editorial Quimantú.

QUIMANTÚ: participación plena de los trabajadores en la gestión. Por Sergio Maurin, septiembre de 2013. Le Monde Diplomatique.

Editorial Quimantú, auge editorial sin precedentes en la historia de Chile. Miguel Lawner, 2023. Diario Hoja en Blanco.

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