Opinión

23 de septiembre, fecha mítica en México

Se trata de un día en que han coincidido momentos críticos para movimientos estudiantiles en resistencia, así como ligas guerrilleras

Por Enrique Condés Lara

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX mexicano, en días 23 de septiembre se presentaron acontecimientos que marcaron la vida política de este país y que influyeron  el curso posterior de la nación. 

El primer 23 de septiembre fue en 1956, año que se caracterizó por el surgimiento de movimientos estudiantiles en varias partes del país y por vez primera una institución de educación superior, en este caso el Instituto Politécnico Nacional, fue ocupado por el ejército. El movimiento del Politécnico demandaba la aprobación de una Ley Orgánica, mayor presupuesto para cubrir diferentes necesidades de las escuelas, la revisión de los planes de estudio de distintas carreras que en ese entonces ofrecía el Poli y la remoción del director general, doctor Rodolfo Hernández Corzo.

Después de más de dos meses de huelga, el 16 de junio de 1956, el presidente Adolfo Ruiz Cortines recibió al Comité Central de Huelga y prometió la solución a las demandas estudiantiles, pero lo único que cumplió fue en la sustitución del doctor Hernández Corzo por el ingeniero Alejo Peralta, en la última semana ese agosto. Y en la madrugada del 23 de septiembre, 1 800 soldados de los Batallones 2º, 8º y 24º de la Brigada de Infantería del Campo Militar No. 1, ocuparon el internado, la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y otros edificios; y expulsaron de las instalaciones a los estudiantes del internado, en una demostración excesiva  de fuerza. “Se acabó –diría el nuevo director general— la era de agitación en el Politécnico”, aunque lo que en realidad terminó fue la oportunidad de que hijos de obreros y campesinos de provincia tuvieran acceso en mejores condiciones a la educación que ofrecía el instituto.

Ese 23 de septiembre, el Gobierno mexicano infringió una dura derrota no sólo al Politécnico, sino al movimiento social en su conjunto. Y un contundente mensaje: que nada, ni nadie podían salirse ya de los cauces institucionales. Al movimiento del 56 se le criminalizó: se montó una campaña de calumnias por medio de la prensa nacional para aplicar, por segunda vez en la historia moderna del país, el delito de disolución social contra los grupos disidentes.

 Otro 23 de septiembre, pero de 1965 y en la sierra de Chihuahua, un grupo de guerrilleros llamado Grupo Popular Guerrillero, intentó tomar el cuartel militar de Ciudad Madera. Casualidad, tal vez. Ese día Arturo Gámiz, el doctor Pablo Gómez y demás participantes del asalto al cuartel, convencidos de que era necesario construir un nuevo país, se decidieron por las armas después de haber agotado los recursos de la lucha legal. Creyeron en la posibilidad de que el chispazo producido por ellos cundiría en la pradera seca de la injusticia que atravesaba a toda la nación. No fue así, pero su gesta se convirtió en ejemplo para cientos de jóvenes que, muy pocos años después, decidieron continuar ese tipo de acciones. No lograron el propósito que anhelaban, pero fueron parte integrante de las luchas que se han dado, la expresión más radical del movimiento social. Esa fría mañana en la sierra de Chihuahua, inició o dio origen al movimiento armado de filiación marxista en nuestro país.

Tres años después, en pleno movimiento estudiantil, el 23 de septiembre de 1968 amaneció con la noticia de la renuncia del rector Javier Barrios Sierra ante la Junta de Gobierno de la UNAM. Dijo:

“Sin necesidad de profundizar en la ciencia jurídica, es obvio que la autonomía ha sido violada, por habérsenos impedido realizar, al menos en parte, las funciones esenciales de la Universidad… Me parece importante añadir que, de las ocupaciones militares de nuestros edificios y terrenos, no recibí notificación alguna, ni antes ni después de que se efectuaran… Los problemas de los jóvenes sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza de la violencia o la corrupción… Estoy siendo objeto de toda una campaña de ataques personales, de calumnias, de injurias y de difamación. Es cierto que hasta hoy procede de gentes menores, sin autoridad moral; pero en México todos sabemos a qué dictados obedecen.”

Las palabras del Rector cayeron en el vacío y horas después, los gobernantes que habían agravado el conflicto, cargaron contra las instalaciones del último reducto físico del movimiento: el Casco de Santo Tomás. Afloró entonces el 68 del que poco se habla: una sorprendente e inesperada resistencia, organizada por nadie y por todos al mismo tiempo, que descansaba en la experiencia de las brigadas y a contrapelo del Consejo Nacional de Huelga.

Ese 23 de septiembre, las brigadas en el Casco habían salido a realizar sus actividades de propaganda. Sin embargo, a eso de las cuatro de la tarde, una voz de alerta sorprendió a quienes se encontraban en la planta baja de Ciencias Biológicas y alrededor de veinte huelguistas salieron a la explanada donde pudieron ver un helicóptero sobrevolando en círculos alrededor de una columna de humo. Alguien dijo: “están en la Normal”. De inmediato los estudiantes salieron hacia allá. No caminaron mucho, sobre la glorieta de Díaz Mirón, entre la Escuela de Medicina y el Hospital Rubén Leñero, ardía un enorme camión de redilas con logotipo del Departamento del Distrito Federal. La resistencia a la ocupación se convirtió en una batalla campal. Se logró cercar a los granaderos porque cientos de estudiantes y vecinos de la zona los hostigaban; mientras, los estudiantes atrincherados en las escuelas enfrentaban con bombas molotov, hondas y piedras, que eran las armas de la resistencia, a otros contingentes policíacos.

Durante esa noche y la madrugada posterior, el Casco caería en manos del ejército y el último edificio en ser ocupado sería la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas. Su defensa, en la práctica, el momento en que el movimiento mismo rebasó a los dirigentes: nadie lo planificó y pocos esperaban aquella forma de defender a la institución por la iniciativa de los brigadistas. César Tirado Villegas representante del CNH por la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas del IPN, apuntó:

“La resistencia era significativa… La crónica dice que después de la media noche, el Ejército se presentó, que eran mil soldados en 13 tanques y 30 transportes, 59 patrullas de la policía preventiva y 150 agentes de la policía judicial para acordonar las instalaciones, al mando del general Gustavo Castillo.”

La defensa del Casco de Santo Tomás fue un acto heroico, que no tenía la posibilidad de mantenerse como un frente permanente, todos lo sabían.

Quien revise la historia podrá comprender que, casualmente, trágicamente, injustamente, la ocupación de Ciudad Universitaria y la renuncia del rector Javier Barros Sierra fueron los actos que, entonces, más conmovieron a la mayor parte de la opinión pública en todo el país, y podrá comprobar, asimismo, que tales circunstancias permitieron al gobierno y a los militares oscurecer y desdibujar la cobarde agresión que los “comandantes” ejecutaron en contra de los estudiantes del Politécnico.

Otro 23 de septiembre, pero en Guadalajara y en 1970, jóvenes de los barrios proletarios y estudiantes provenientes de esos barrios tomaron la Casa del Estudiante y dieron forma al que posteriormente se conocería como Frente Estudiantil Revolucionario. Los residentes de la Casa del Estudiante eran jóvenes necesitados y en su mayoría eran estudiantes pobres del estado de Nayarit, aunque también había de Sonora y otros lugares. Dicha casa era una donación del presidente Cárdenas para estudiantes pobres. La toma de este edificio universitario se llevó a cabo como una operación con el apoyo de 70 u 80 estudiantes que ahí vivían y fue el acto que manifestó la aparición del FER.

El objetivo de la toma fue la expulsión del grupo de gente que no tenía nada que ver con la Universidad a fin de dar lugar a estudiantes de bajos recursos que sí requieran de un alojamiento en la ciudad. Un conjunto de hechos se sucedieron de inmediato y desembocaron, primero, en una sangrienta confrontación entre el flamante FER y la mafiosa Federación Estudiantil de Guadalajara apoyada por el Gobierno de Jalisco; segundo, el posterior surgimiento de tres agrupaciones guerrilleras: Unión del Pueblo, Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo y Liga Comunista 23 de Septiembre-FER.

 Los 23 de Septiembre cierran su ciclo con la conformación de la Liga Comunista 23 de Septiembre en el mes de marzo de 1973, en Guadalajara, Jalisco. Diversos grupos guerrilleros se unificaron y decidieron bautizar a la nueva organización con el nombre de Liga Comunista 23 de Septiembre. Liga, en recuerdo a la organización que fundaron Carlos Marx y Federico Engels; Comunista, para señalar su carácter y objetivo histórico, 23 de Septiembre, en reconocimiento a los hechos ocurridos anteriormente en esa fecha y, particularmente, al fallido asalto al Cuartel militar de ciudad Madera.

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