Mónica Rojas es una escritora poblana que es embajadora en Suiza de la organización Save the Children:

“Antes de que el monitor se apagara, le prometí que yo seguiría contando sus historias”

Periodista y novelista, egresada de la Licenciatura de Comunicación de la BUAP, Mónica Rojas radica actualmente en Zurich, donde estudia un doctorado sin descuidar su carrera literaria

Mónica Rojas y su abuela

Por Flor Coca Santillana

“Sobre mi abuela Leonarda puedo contar muchas anécdotas. Era una gran contadora de historias. No veía bien, sus ojos estaban llenos de cataratas, quizás por eso es que veía tan bien con la imaginación y los recuerdos.

“Yo vivía con ella, y también dormí con ella hasta que cumplí los diez años. La casa era pequeña y éramos muchos los que vivíamos en ella.

“Dormía con una luz suave, la necesitaba para conciliar el sueño. Decía que, de no hacerlo así, tenía pesadillas”.

Así comienza mi plática con Mónica Rojas Rubín, escritora poblana, a quien volví a ver, después de algunos años, a través de una video llamada de Puebla a Zurich, Suiza, lugar donde ahora vive escribiendo, estudiando un doctorado en la Universidad estatal y siendo embajadora de la organización Save the Children.

Cuando le pregunté, cómo había decidido ser escritora, me habló de su abuela, ella es la que la inspiró para dedicarse a la escritura. Mónica era una niña tímida, muy estudiosa y con sobrepeso, pesaba cerca de 90 kilos. No tenía amigos en la escuela primaria y era el blanco preferido de las burlas de un grupo de alumnos por su aspecto y su manera de ser. Por eso, para aplacar su resentimiento hacia ellos, prefería inventar historias y adornar sus lecturas, para correr a casa a contárselas a su abuela. Además, la “cerebrito”, como la apodaban quienes la incomodaban, fue siempre una alumna becada que no se quedó con las ganas de vengarse y en la escuela secundaria formó su “Banda” para ir a burlarse de quienes antes lo hacían con ella. “Yo creí que me sentiría muy satisfecha de vengarme de quienes antes lo hacían conmigo y no fue así, me sentía vacía, mal. Decidí entonces que la tolerancia me ayudaría mucho a superar mis problemas”.

Estudió en la escuela de Comunicación de la BUAP y trabajaba al mismo tiempo. Su primer empleo fue en la Jornada de Oriente, periódico en el que se hizo cargo de la sección de nota roja, que casi siempre cubre un reportero hombre. Mónica con 19 años, decidió tomar la responsabilidad y afirma. “Ese fue el reto que yo me impuse al insistir en incursionar en ese ámbito. Primero fue la necesidad de aprender. Una cosa es la que aprendemos en el aula en el área de la comunicación y otra es la práctica. Ahí casi todos los colegas son hombres y desde ahí una empieza a percibir distinto, desde el área de redacción, hasta lo que se encuentra uno en las calles y pues finalmente fue una buena elección porque aprendí muchísimo y pude apreciar que aun en los momentos más violentos y trágicos, surgen cosas buenas en los seres humanos y eso fue con lo que me quedé de esa experiencia”.

La Jornada de Oriente, Sicom (hoy Puebla FM) y otros medios de comunicación le permitieron dejar correr la pluma y adquirir la experiencia para tiempo después convertirse en la escritora que es ahora.

La mariquita azul

Ella es autora de El cosechador de estrellas, y su versión para niños, El niño que tocó las estrellas, Hacia ninguna parte y otros más.

La Mariquita azul, me cuenta: Es una historia de tolerancia, amor y empatía. Ella escribió esta historia pensando en la tristeza de los niños migrantes que tienen que dejar sus países por diversos motivos. “la Mariquita azul, fue escrito a través de un trabajo de introspección cuando llegamos a Europa mi hija Amelie y yo. Ella tenía cuatro años y llegaba a un país nuevo, con una familia nueva y en ese proceso de adaptación, creamos juntas el personaje.

“Este libro para niños cuenta la historia de una mariquita azul, que era feliz y por diferentes problemas, emigra hacia otro lugar, siguiendo la ruta del sol. Ella llega a un jardín que solo es habitado por mariquitas rojas, quienes la rechazan de entrada por ser diferente. Ella, a pesar de su tristeza no abandona el lugar, sin embargo, está sola. En una oportunidad, platica con una de las mariquitas y logra hacer migas.

“Al final, surgen como un milagro de la naturaleza, las mariquitas violetas que, en el proceso de amistad con la mariquita azul, las alas de las rojas comienzan a cambiar de color, porque la combinación del rojo y el azul da como resultado el color violeta.

Mónica Rojas es también embajadora de la organización Save the Children; misión que le interesa mucho. Ella afirma: “Elegí ser embajadora porque estoy convencida de que hay que escuchar a los niños. Ellos son personas vulnerables. Existe mucha violencia hacia ellos, no solo las guerras, también la trata de personas, que es terrible, el abuso sexual, la violencia en casa. Yo invito a las personas a que se acerquen a la lectura de la Mariquita azul, ya que una parte de las ganancias de ese libro serán para Save the Cildren México. Creo que este trabajo nos hará vivir en un mundo mejor”.

En 2019, el 23 de abril, se cumplió un centenario de la creación de Save the Children. Una organización fundada para ayudar a los niños víctimas de la guerra. Ese día, en Ginebra, Suiza, Mónica Rojas presentó su libro en formato infantil que narra la biografía de Eglantyne Jebb, la fundadora de esta organización. En su discurso dijo: “Escribir la historia de una mujer tan inspiradora como Eglantyne Jebb fue gratificante, pero, además, una gran responsabilidad. Eglantyne Jebb fue una visionaria, una rebelde, una filántropa totalmente comprometida con la humanidad y era importante que todas y todos los lectores se contagiaran de su entusiasmo y sus ganas de luchar por un mundo mejor.

“Eglantyne Jebb fue, y sigue siendo, una flama blanca que alumbra y da esperanza a la niñez”.

Mónica Rojas Rubín, quien perdió su inseguridad y sus miedos, ahora prepara su tesis de doctorado y un libro más sobre México, su país. Y seguirá cumpliendo la promesa que le hizo a su abuela Leonarda antes de morir a los 92 años; “antes de que el monitor se apagara, le prometí que yo seguiría contando sus historias”.

Primavera de 2021

Compártelo

Comentarios