Comida fosilizada comprobaría hábitos dietéticos de criaturas del pasado

Calamar prehistórico, a medio comer, una nueva clase de fósil

os restos de comida que nunca entraron en el tracto digestivo de un depredador del jurásico se convirtieron en evidencia fósil que ha recibido una nueva denominación científica

Por Gerardo Sifuentes

Hace 180 millones de años, un belemnita (Passaloteuthis laevigata), criatura marina semejante a los calamares, se daba un banquete con unos crustáceos cuando fue interrumpido sorpresivamente por el mordisco de un depredador más grande; dejándolo a medio comer con una gran dentellada en el costado. De esta manera se convirtió a través del tiempo en un pabulita, un fósil de «sobras» de comida, del griego pabulus (comida) y lithos (piedra). Este término fue acuñado por un equipo de paleontólogos suizos para designar este caso particular de cadena alimenticia fosilizada.   

La comida fosilizada se puede convertir en evidencia para comprobar los hábitos dietéticos de las criaturas del pasado. De hecho, los restos de material procedente del sistema digestivo se les ha llamado en general bromalitas. Pero clasificarla en sus distintas etapas es toda una especialidad dentro de la paleontología. Entre estos se han encontrado fósiles que por alguna razón murieron con las presas aun en la boca; por lo general porque la presa era demasiado grande para ser tragada y las partes se quedaron dentro de la cavidad bucal. A estos les suelen llamar orales.

Una gama de fósiles

También existe el contenido fosilizado de los estómagos de algunas criaturas; en especial peces de gran tamaño, llamados gastrolitos y esofagolitos, según la parte del tracto digestivo en el que sean encontrados. Otros restos pueden identificarse dentro del colon de los animales, por lo que reciben el nombre de cololitos.

Pero quizá los más famosos sean los coprolitos, los restos fosilizados de las heces fecales, en los que también se han podido encontrar restos identificables de las presas ingeridas. Recientemente se habla de los regurgitalitos, que como se puede adivinar son producto de la regurgitación de alimento.

Investigación de Zurich

En la reciente investigación el equipo de la Universidad de Zurich, Suiza, encabezados por el doctor Christian Klug, se demostró que hay otro proceso; cuando un depredador deja caer la totalidad o parte de su presa, que luego se fosiliza. Las señales dejadas por los organismos producidas por una actividad específica, en este caso la depredación, pertenecen en principio al reino de los icnofósiles, pero aquí se trata de algo que pudo servir de comida; así que será también un bromalita. Pero lo que se diferencia de las otras bromalitas, en el caso de un calamar jurásico descubierto en una cantera alemana, es el hecho de que la presa-comida nunca entró realmente en el tracto digestivo del depredador.

Klug y sus colegas utilizan el término pabulita para la comida fosilizada cuando nunca entró por la boca, restos de organismos incompletos, pero que muestran rastros de la depredación. Un sandwich mordisqueado que se les cayó de la mesa por decirlo de alguna manera.

“Los pabulitas tienen un gran potencial para informar sobre la depredación, así como los detalles anatómicos de los involucrados, que de otra manera son invisibles”

Reporte publicado
Revista Swiss journal of Palaeontology.

Hallazgo en población de Holzmaden, Alemania

El espécimen de belemnita que analizaron fue descubierto en 1970 por el coleccionista de fósiles alemán Dieter Weber, en una cantera cerca de la población de Holzmaden; en los alrededores de Stuttgart, suroeste de Alemania. Perteneciente al periodo toarciense, entre 182 hasta 174 millones de años en el pasado, la belemnita tiene restos de tres crustáceos del geno Proeryon en su corona bucal; el extremo donde convergen sus brazos y boca. A su vez, la belemnita muestra daños que indican marcas de depredación por un animal más grande en sus partes blandas. Salvo por este detalle, se trata de un espécimen que conserva en relativas buenas condiciones el resto de su anatomía fosilizada, convirtiéndose en un ejemplar único.

Una de las partes de la anatomía de los belemnitas es el rostrum o rostra, una estructura sólida en la parte posterior de estos animales. El hecho de que la rostra del ejemplar analizado presente también daños, puede ser un indicio de que este se convirtió en el resto de la comida de un depredador vertebrado; que había aprendido lo suficiente sobre los belemnitas como para no tragársela completa, debido a la particular dureza de esa especie de cáscara.

Exhibición en Alemania

El equipo de paleontólogos suizos indican que en el Museo Estatal de Historia Natural en Stuttgart, Alemania, se exhibe un espécimen completo del tiburón jurásico Hybodus hauffianus, cuyo estómago está lleno de hasta cien restos de belemnitas (un claro ejemplo de gastrolitos). Sin embargo, al parecer éste murió por atragantamiento, pues no trituró bien los rostra.

“Esta acumulación de rostra difícilmente digerible se identificó como la causa probable de muerte. El desafortunado tiburón se comió demasiados belemnitas completos sin masticar los rostra o regurgitarlos”

Estudio
Universidad de Zurich

Entre los animales que pudieron dar la mordida mortal al belemnita del estudio de la Universidad de Zurich, para luego dejar sus restos, se encuentran este tipo de tiburón jurásico, además de peces depredadores del género Pachycormus y Saurorhynchus, el cocodrilo marino Steneosaurus o el ictiosaurio Stenopterygius. Sin embargo, la apuesta que hacen los paleontólogos suizos es al escualo H.hauffianus, aunque se trata de una mera especulación.

Los investigadores destacan que este hallazgo brinda información simultánea sobre el comportamiento de un cefalópodo y un depredador vertebrado jurásicos como integrantes de la cadena alimenticia de su época. Además, el estudio les sirve para introducir el término paleontológico “caída de sobrantes” para tales restos de una comida y el de pabulita cuando los mismos se han fosilizado.


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