Criticar para construir una alternativa en la BUAP

Nuestros propósitos de Año Nuevo son continuar con nuestra labor politizadora

En la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla el jueves nos vamos de vacaciones decembrinas para regresar en enero del 2023.

Hay que hacer un alto y respirar para tomar nuevos bríos y regresar dispuestos a seguir cumpliendo con una tarea indispensable en una universidad: la de ejercer la crítica.

Ya la administración central nos advirtió que en 2023 se modificará el Estatuto. No nos dicen nada más. Pero uno se pregunta si pretenden llevar a cabo tal reforma con el consejo actual, que no los ha defraudado, aunque a nosotros sí, pues todas las votaciones han sido por “unanimidad”, o será con el nuevo consejo que toma posesión en el mes de marzo del siguiente año.

¡Hay que estar alertas! Cada vez que se avecina una elección importante como ésta, la convocatoria se emite con escasos días de anticipación para que la comunidad ni se entere, y todo resulte a gusto de la administración central.

Por ejemplo, ahora sí podrán los docentes y estudiantes de las facultades de Derecho y de Ciencias Políticas elegir a sus representantes, sin que se los impongan. También podrán elegir a sus consejeros de unidad, pues pueden solicitar una elección extraordinaria para elegir a sus representantes ante un consejo de unidad cuya estructura es totalmente distinta. Pero sobre todo, hay que exigir que las elecciones sean presenciales. Nada de voto electrónico, pues éste ha sido el medio ideal para impedir y reducir la participación de los universitarios.

Por una parte nos dicen a los maestros(as) que podemos calificar en línea, pero por la otra nos hacen ir el último día de actividades para firmar el acta correspondiente. ¿Por qué? Por control, obviamente. La explicación burocrática es que “el sistema se abre esos días”. Y ¿quién abre el sistema? ¿está programado y se maneja solo? ¡Claro que no! Es el recordatorio de que “somos mortales” y dependemos de quien abre y cierra el sistema: la burocracia

Hace tiempo que “el sistema” suplanta a las academias de profesores(as), facultadas para proponer la distribución de las horas dedicadas a la docencia, pues a los(as) profesores(as) les sale en “Autoservicios” la lista de materias a impartir en su unidad de adscripción, o incluso en otras unidades, sin mediar ni una propuesta de la academia al director(a) de unidad, y sin preguntar al profesor(a) si está de acuerdo.

Estas prácticas violatorias de los derechos de los profesores(as) deben ser abolidas. Y ni se diga en el caso de las y los estudiantes. Ellas y ellos entraron a la universidad para cursar sus estudios de manera presencial y ahora resulta que éste no es el caso. Tan es claro que la enseñanza presencial es la paradigmática que, cuando había muchas solicitudes para estudiar una carrera, se generó el sistema a distancia, de manera que los puntajes más bajos obtenidos en el examen de admisión eran asignados a este sistema virtual, sin que la o el estudiante lo hubiera solicitado. O entraba al de distancia o no entraba.

No dejaremos de insistir en que el espíritu del legislador de nuestro Estatuto Orgánico fue el resultado de un consenso entre los universitarios y la culminación de un movimiento de reforma universitaria encabezada por la izquierda. ¿Qué nos puede decir ahora la administración central? ¿Que a fuerza de la imposición de políticas educativas obedientes al sistema global mercantilista, la universidad tiene que renunciar a un sistema democrático de gobierno colegiado y de libre conducción académica?

Porque eso tendrían que argumentar. Ahora que el país está viviendo cambios en distintos ámbitos, no podemos menos que reivindicar que nuestra legislación se adelantó. Nosotros contamos con una legislación que, de ser respetada, nos garantizaría nuestros derechos académicos, políticos y laborales. Y esto es así, a pesar de los “parches” al Estatuto y a pesar de los Reglamentos que contravienen al mismo Estatuto. Por eso su urgencia de “modificarlo”.

La verdad es que uno se pregunta ¿para qué formalizar o más bien “legalizar” las prácticas impositivas echadas a andar hace décadas en la universidad? ¿Será que no pueden conciliar el sueño porque están violando las normas? Lo dudo mucho. Dudo mucho que se preocupen por “hacer las cosas bien”. En realidad hacen las cosas “a modo”.

Participemos expresándonos, criticando, cuestionando, escuchando, consensando, construyendo nuevas alternativas.

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