El exrector de la BUAP se muda a Madrid

¿Dónde estás, dónde estás, Esparza?

Igual que Emilio Lozoya, Alfonso Esparza no puede esconder ni el amor ni el dinero

Por Enrique Condés Lara

A fines de los años sesenta del siglo pasado (¡charros, hace ya bastante tiempo!), estuvo de moda una canción de la afamadísima Sonora Santanera que decía: “¿Dónde estás, dónde estás Yolanda? ¿Qué pasó, qué pasó Yolanda? Te busqué, te busqué Yolanda. Y no estás, y no estás Yolanda.”

La mención viene a cuento no por la tal Yolanda, sino por Alfonso Esparza Ortiz, ex-Rector de la BUAP, con graves procesos legales en su contra, desaparecido de los escenarios nacionales y que muchos aseguran que, fugado de la justicia, se encuentra en Canadá.

No es, sin embargo, así. Fugado de la justicia está, pero no en Canadá, sino en la madre patria, España.

El pasado día 14, Mario Alberto Mejía publicó en su sección La Quinta Columna del diario Crónica de Puebla, un relato de un sorprendido empresario inmobiliario español sobre “un poblano (que) acaba de comprar un ático dúplex con terraza en la zona más exclusiva de Madrid”. “Joder, tía, ustedes los poblanos si que saben vivir”, resaltó el empresario.

Y más, si cuentan “con los bolsillos abultados”, como señala Mario Alberto Mejía, dado que la zona más exclusiva de Madrid, el barrio Salamanca, es inaccesible para todo mundo menos para gente con mucho, pero con mucho dinero disponible. El aludido ático dúplex con terraza, que cuenta con solarium y piscina privada, se cotiza en alrededor de 5 millones de euros (unos 120 millones de pesos). Y si alguien camina como pato, grazna como pato y vuela como pato, uno tiene derecho a creer que  “el poblano que decidió irse a vivir a Madrid con su pareja en septiembre pasado” no es otro más que Alfonso Esparza acompañado de Isabel Martínez Hermoso (ella de pata).

Muy agudo, agrega Mario Alberto Mejía en la nota referida: “Cuando el exilio es forzado, duele.” Pero “cuando el exilio se ubica en el barrio de Salamanca, en Madrid –puntualiza—, deja de doler pronto.”

En efecto, mucho ayuda para paliar cualquier nostalgia por el terruño (Qué chula es Puebla, que linda; qué linda, que chula es Puebla”), además de un departamento de ensoñación, dirían los clásicos de la novela romántica,  que en el barrio de Salamanca estén a la mano los más lujosos y refinados restaurantes, clubs, centros nocturnos y boutiques de Madrid y sus alrededores. Las penas salpicadas de boato y derroches, ciertamente, no duelen; por el contrario, son sabrosas.

Pero Alfonso Esparza y compañía están siguiendo los pasos de Emilio Lozoya. No saben, ni pueden, vivir discretamente, pasar desapercibidos. ¿Para qué tanto billete, sobre todo el mal habido, si no es para gastarlo, para disfrutarlo? Puesto que vivieron toda su vida protegidos e impunes y cometieron las fechorías que se les atribuyen sin que nunca pasara nada, no tienen idea de lo que es vivir en la medianía e inadvertidos. El lujo y los derroches los delatan, pero sin ellos no pueden vivir, es más, no saben cómo vivir. Siempre ostentosos y prepotentes no pueden ser simplemente comunes y modestos, como reclama su condición de prófugos.

De la misma forma con que, con toda tranquilidad, Emilio Lozoya degustó su Pekin duck  en el Hunan de Las Lomas de la ciudad de México, a Alfonso Esparza e Isabel Martínez se les hizo fácil comprar un lujoso departamento en el mejor y más caro sitio de Madrid. Tanto el ex–director de Pemex como el ex–Rector de la BUAP estaban seguros de que nada pasaría.

En el caso de Lozoya sí pasó; y ahora, en lugar de pato come rancho, acompañado no de un buen vino sino de atole. En el caso de Esparza y compañera, por lo pronto saltaron nuevamente a la palestra e hicieron que muchos volviésemos a preguntar ¿dónde está la justicia; dónde está la ley?; ¿cómo es que salieron del país sin problema alguno? Y han puesto en aprietos, igual que Lozoya lo hizo, a quienes les ayudaron dentro de la BUAP (¿cómo estuvo esa transición de mando en la Universidad en la que aparentemente nadie se dio cuenta de que el entregador no estaba?) y fuera de ella. ¿Será que el conejo mayor –así lo definió el Gobernador Barbosa— que intercedió en su favor cuando el problema de Lobos BUAP, el opaco manejo de los dineros de la Universidad y la emisión de facturas falsas se hicieron públicos, es tan poderoso que nadie puede con él? ¿Ni siquiera el Gobernador de Puebla?

Veremos.

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