Padres de los dos estudiantes colombianos ya arribaron a Puebla

El 24 de febrero la muerte de tres alumnos movilizó a Puebla y Colombia, ¿qué ha pasado?

En 2020, tres estudiantes de medicina, dos de la UPAEP, y uno de la BUAP acudieron al carnaval de Huejotzingo del que ya no regresaron con vida a sus destinos

“Cuando llegamos a México, yo tenía todavía la ilusión de que fuera falso”, narró Jorge Enrique Quijano Palacios, quien aún llora la partida de su hija Ximena Quijano Hernández, la joven colombiana que viajó a México para continuar con sus estudios de Medicina en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) para cumplir su sueño de ser una gran doctora; anhelo que fue truncado por un grupo de criminales la madrugada del 24 de febrero de 2020.

Hoy, a dos años del crimen, Jorge y su esposa Sonia Hernández regresan al país que le arrebató a su hija, al sitio cuyo nombre se resisten a aprender de memoria –Huejotzingo-, municipio ubicado a 45 minutos de la ciudad de Puebla, donde la joven de 25 años pasó las últimas horas de su vida.

Junto a Jorge y Sonia también viajaron desde Colombia, Angélica Cerpa y José Antonio Parada, padres de Koty, como le decían de cariño a José Antonio Parada Cerpa, compañero de Ximena en la UPAEP quien también fue víctima de la delincuencia ese mismo 24 de febrero.

Sin saber cómo terminaría aquel trágico día para ellos, Ximena y José Antonio acudieron el domingo 23 de febrero de 2020 al carnaval de Huejotzingo, acompañados de su amigo Francisco Javier Tirado Márquez, originario de Xalapa, Veracruz, y quien al igual que ellos estudiaba Medicina, pero en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

Según recuerda Jorge Quijano, cerca de las 20:00 horas (21:00 horas, tiempo de Colombia), habló por teléfono con Ximena, la escuchó contenta y se divirtieron platicando de lo que veía su hija en el carnaval. Al finalizar la llamada, él se quedó tranquilo, sin saber que sería la última vez que oiría su voz.

Horas después, los tres jóvenes emprendieron el regreso a la ciudad de Puebla para descansar unas horas, pues se tenían que presentar a las seis de la mañana en el Hospital General de Cholula, nosocomio donde hacían sus prácticas profesionales.

Alrededor de las 22:15 horas, los tres estudiantes pidieron un servicio de transporte privado de la plataforma UBER. Abordaron un automóvil Chevrolet Beat color plata con placas TPP-146-A del estado de Puebla, conducido por Josué Emanuel Vital Castillo.

Desde ese momento, Jorge, Sonia, Angélica y José Antonio perdieron la comunicación con sus hijos. La angustia fue mayor al rastrear por GPS el teléfono de “Koty” y ver que tenía varios minutos sin moverse de la misma ubicación. Nadie respondía a sus insistentes llamadas telefónicas.

“Estamos hambrientos de justicia”

Los familiares de los estudiantes manifestaron que aún tienen un gran dolor por la pérdida de sus hijos, incluso que han buscado ayuda profesional para aliviar.

Jorge Enrique Quijano Palacios declaró que hace dos años no lloró la muerte de Ximena, pero que ahora solo decir su nombre le provoca el llanto. “Es muy, muy difícil”, dice con la voz entrecortada.

Cristina Márquez, madre de Francisco Javier, dice que su hijo ahora cuida de los pacientes en el cielo y que su sitio en la tierra fue para hacer conciencia de la violencia que se vive en el país.

Francisco Javier, añadió, hubiera sido el primero en salir a marchar por el crimen de un compañero. Por eso, Cristina va a pelear hasta el último momento por la justicia del asesinato de los estudiantes.

“Estamos hambrientos de justicia, y que de verdad se haga esa justicia, y lo vamos a hacer por ellos, porque yo creo que sí hubiera faltado sólo uno de ellos, ellos no hubieran dudado en levantar la voz para exigir justicia”

Mencionó en entrevista con El Ciudadano México

Asimismo, señalaron que aún tienen muchos cuestionamientos del asesinato de los jóvenes, por lo que esperan que sus dudas sean resueltas esta semana, ante las audiencias que tienen pendientes.

El día de la “mala noticia”

El lunes 24 de febrero de 2020 fueron encontrados en la junta auxiliar de Santa Ana Xalmimilulco, en el municipio de Huejotzingo, los cuerpos sin vida de Ximena, José Antonio, Francisco Javier y Josué Emanuel.

Al mismo tiempo, desde Colombia sus padres seguían buscándolos sin saber lo que había pasado; incluso, llamaron al hospital en el que realizaban sus prácticas profesionales, pero les mencionaron que no se habían presentado ese día. La incertidumbre era cada vez mayor.

Las teorías de la FGE

La Fiscalía General del Estado de Puebla (FGE) confirmó el crimen de dos universitarios colombianos, un veracruzano y un conductor, en el mismo momento que uno de los amigos de los jóvenes extranjeros contactó a sus familias para darles la mala noticia.

A partir de ahí la dependencia manejó diversas hipótesis: la primera de ellas consistía en que el crimen fue un ataque contra los jóvenes a causa de una discusión que presuntamente sostuvo Ximena con una mujer en el carnaval de Huejotzingo por el sombrero que llevaba la chica colombiana.

La segunda teoría de la Fiscalía era que los jóvenes fueron víctimas de un intento de asalto, y al oponerse al atraco fueron asesinados.

Otra hipótesis apuntaba a que el ataque contra los cuatro jóvenes fue a causa de un intento de robo del vehículo en el que viajaban; lo que a la postre fue descartado.

Un día después, el martes 25 de febrero de 2020, elementos de la Fiscalía General del Estado detuvieron a Pablo de Jesús N., Ángel N. y Lisset N., a quienes se les acusó de homicidio calificado y robo agravado, relacionados al caso de los cuatro jóvenes.

El 27 de febrero de ese mismo año, un juez de control ordenó la liberación de los implicados al considerar “ilegal” su detención en la primera audiencia del caso. La FGE obtuvo una nueva orden de aprehensión contra los sospechosos, por el presunto delito de homicidio.

Hasta el 4 de marzo de 2020, los acusados fueron vinculados a proceso por los delitos de homicidio calificado y robo agravado al encontrarse las pruebas suficientes durante la audiencia celebrada en la Casa de Justicia de San Andrés Cholula, para que el juez de control emitiera la sentencia.

Este 24 de febrero se cumplen dos años de la muerte de los estudiantes, y sus padres aún exigen justicia y claridad en el caso.

Estudiantes toman calles de Puebla

Pero la historia trascendió el terreno judicial y tocó las fibras más sensibles de la sociedad poblana, el lunes 24 de febrero de 2020, la BUAP emitió un comunicado en el que lamentó el hecho en el que fue asesinado uno de sus estudiantes, exigiendo a las autoridades que el caso no quedará impune.

«La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla hace pública su indignación por el asesinato de nuestro compañero, Francisco Javier Tirado Márquez, estudiante de la Facultad de Medicina. Francisco Javier fue una de las víctimas de la inseguridad que prevalece en el estado. Exigimos a las autoridades competentes el esclarecimiento de tan lamentables hechos, y se aplique todo el peso de la ley a quienes resulten responsables»

En tanto que la UPAEP, casa de estudios de Ximena y José Antonio, también condenó el suceso, al tiempo que pidieron que las autoridades aplicaran la ley contra los que resultaron responsables por este crimen.

«La UPAEP manifiesta de forma contundente su indignación y preocupación por la escalada de inseguridad y violencia que vive nuestro estado y nuestro país, que condena a las familias a vivir en una constante zozobra e incertidumbre. Condenamos con firmeza este acto de atroz cobardía, un ejemplo más de la violencia irracional, inseguridad e impunidad que, desgraciadamente crece día con día. Exigimos a las autoridades la aplicación de la ley en forma pronta y expedita, para garantizar que no exista impunidad y que recuperemos la confianza»

Al día siguiente, el martes 25 de febrero de 2020, los estudiantes de Medicina de la BUAP y la UPAEP realizaron una de las primeras manifestaciones por las principales calles de la ciudad de Puebla.

Las movilizaciones iniciaron con la “Marcha por la paz, ni una bata menos”, en la que protestaron en contra de la inseguridad al tiempo que le exigieron a las autoridades estatales justicia por sus compañeros asesinados.

Ese mismo día, como forma de protesta, los compañeros de Ximena, José Antonio y Francisco Javier comenzaron un paro de labores indefinido en sus instalaciones académicas. El movimiento de los estudiantes de Medicina fue ganando simpatía dentro de la comunidad universitaria, por lo que, al día siguiente, el miércoles 26 de febrero de 2020, se sumaron a las protestas los alumnos del resto de facultades de la BUAP y la UPAEP.

Lo anterior dio vida a la asamblea estudiantil “25/02”, donde la comunidad universitaria se organizó para continuar con las manifestaciones y comunicar a la sociedad todo lo relacionado con las protestas, aclarando que su movimiento no tenía intereses políticos; su finalidad era exigir justicia para sus compañeros.

“Es un paro total indefinido para la comunidad universitaria, en su propia unidad académica, en nuestro movimiento nos deslindamos de las diferencias políticas existentes entre el gobierno del estado y las autoridades universitarias, nosotros no perseguimos ningún interés político. Reiteramos que somos un movimiento pacífico, estudiantil, apartidista, sin fines de lucro, con la intención de exigir justicia”

A esta serie de protestas se fueron sumando estudiantes de otras universidades de Puebla, como la Universidad del Valle de Puebla (UVP), la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), la Universidad Iberoamericana Puebla, y la Universidad Tecnológica de Puebla (UTP).

Así como alumnos de otras partes de México, como la Universidad Veracruzana (UV), la Universidad del Estado de México (UAEM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), entre otros, quienes se sumaron a la petición de más seguridad para la comunidad estudiantil en todo el país.

Incluso, Sonia Hernández, madre de Ximena, refirió que en la Universidad Unisánitas de Bogotá, los compañeros de su hija y de José Antonio también se manifestaron.

Día histórico

El jueves 5 de marzo de 2020, los estudiantes de diferentes universidades se sumaron al llamado de las comunidades BUAP y UPAEP para participar en una manifestación pacífica a la que denominaron “Mega Marcha Universitaria”, partiendo de distintos puntos de la ciudad de Puebla, como la Avenida Juárez, y Ciudad Universitaria con dirección a Casa Aguayo.

La intención era buscar un diálogo con el gobernador del estado, Luis Miguel Barbosa Huerta, quien recibió a una pequeña comitiva integrada en su mayoría por estudiantes de Medicina de la BUAP y la UPAEP, quienes le entregaron un pliego petitorio con las demandas de la comunidad estudiantil, en su mayoría enfocadas en políticas de seguridad pública.

Finalmente, el lunes 9 de marzo de 2020, los alumnos de algunas de las facultades de la BUAP decidieron concluir el paro que sostenían desde el 26 de febrero en sus respectivas unidades académicas, no obstante, en algunas de ellas la protesta se extendió hasta el jueves 12 de marzo.

El último adiós

El miércoles 26 de febrero de 2020, familiares, amigos, y compañeros conductores de plataformas de transporte privado asistieron al entierro de Josué Emanuel Vital Castillo, conductor de Uber en el panteón de San Lorenzo Almecatla, junta auxiliar del municipio de Cuautlancingo, a un mes de haber cumplido los 29 años de edad.

Esa misma noche, en Xalapa, Veracruz, la familia de Francisco Javier Tirado Márquez veló su cuerpo en la funeraria Bosques del Recuerdo de su ciudad natal. Al día siguiente, después de una misa de cuerpo presente realizada en la iglesia de María Madre, sus restos fueron llevados al Cementerio Particular Veracruzano donde fueron enterrados con la bandera de Colombia.

El viernes 28 de febrero de 2020, sus compañeros Ximena y José Antonio fueron velados en la funeraria Gaviria, en su natal Bogotá, Colombia.

«Cuando llegué a México, yo tenía todavía la ilusión de que fuera falso, de que fueran otros, de que no fueran nuestros hijos, yo tenía todavía como esa llamita, yo creía que nos iban a decir que no eran ellos y que iban a aparecer, yo llegué a México con esa ilusión, pero todavía, no lo creo, todavía no acepto que hubiera pasado algo así»

Jorge Enrique Quijano Palacios
Padre de Ximena

El legado

Poco antes de cumplirse un año de su partida, el 19 de febrero de 2021, el Ayuntamiento de Puebla, encabezado en ese entonces por Claudia Rivera Vivanco, junto con autoridades universitarias y representantes de la Facultad de Medicina de la BUAP, inauguraron la “Plaza de la Salud”, un espacio ubicado en la 13 Sur, entre 27 y 31 Poniente, a un costado de dicha unidad académica.

Este corredor universitario, en el que los estudiantes puedan realizar de manera segura sus actividades académicas. La obra fue para honrar la memoria de Ximena, José Antonio y Francisco Javier.

Por el crimen, detenido “El Pirulí”

El 24 de noviembre de 2020, elementos de la FGE detuvieron a Felipe Hernández Tlatelpa, alias “El Pirulí”, señalado como el presunto líder del grupo delincuencial, responsable del asesinato de los tres estudiantes y el conductor de UBER.

Aunque el 6 de junio de 2021, “El Pirulí” se escapó del Centro de Reinserción Social de San Miguel en la capital del estado.

Tras la fuga fueron detenidas 18 personas, entre ellas el director y el subdirector del penal, al relacionarlos con la fuga de “El Pirulí”. Once días después, “El Pirulí” fue recapturado por elementos de la Fiscalía.

Al respecto, Jorge Quijano, padre de Ximena, refirió estar enterado de estos hechos, afirmó que le informaron que Felipe N. era el presunto líder del grupo criminal que le arrebató a su hija, pero, señaló que por lo que le han mencionado, este personaje no está involucrado directamente con el asesinato de su hija y sus amigos.

Este martes, Jorge viajó desde Colombia con su esposa Sonia, y los padres de “Koty”, Angélica y José Antonio, a la ciudad de Puebla, en donde se encontrarán con Cristina, madre de Francisco Javier para conocer los avances de las investigaciones. Aún esperan justicia por el crimen a dos años de la dolorosa partida de sus hijos.

Ilustración: Iván Castillo

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