Opinión

El Oso y el Puercoespín

El punto central de los colapsos que se viven, y vivirán más, a partir de la posible nueva reforma eléctrica, entre el Palacio Nacional y la Casa Blanca, se da justamente en el primero

Por Jorge David Cortés Moreno

La relación de México con los Estados Unidos es una historia de encuentros y desencuentros que, si fuera entre dos personas, no se dudaría en asestarle un término: compleja, desigual y tal vez tóxica.

Hace varios años se publicó por la editorial Grijalbo un interesante libro de Jeffrey Davidow, El Oso y el Puercoespín, para ser exactos en 2003. De su contenido podemos rescatar precisamente esa fábula aplicada para ambos países. Recientemente el presidente de México visitó aquel país, y lo volverá a hacer esta misma semana, convocado por su homólogo. Los tres líderes políticos de América del Norte discutirán diversos temas, en distintas reuniones. Sin embargo, dependiendo de los cuatrienios y los sexenios, a ratos se disfruta de las mieles y a ratos se vive un remolino de emociones agresivas.

Ahora mismo se está viviendo uno de esos remolinos. Los principales signos de esa violencia pasiva se alcanzan a ver a simple vista: mensajes diversos a cada momento, cierres en las mesas de negociación de ciertos temas, memorandas que producen “infartos” y llamadas telefónicas cuyos términos confirman un diálogo complejo.

Analizando las cosas, queda claro que la responsabilidad no es de la Cancillería, al menos en los niveles de decisión. Tampoco se puede achacar la culpa al Servicio Exterior Mexicano, al menos en su mayoría, considerando que algunos embajadores y cónsules no son de carrera sino que llegaron por una decisión política.

Podría pensarse que el punto central de los colapsos que se viven, y vivirán más, a partir de la posible nueva reforma eléctrica, entre el Palacio Nacional y la Casa Blanca, se da justamente en el primero. A la hora de reflexionar los porqués, surge uno de inmediato: la combinación letal de una falta de conocimiento sobre la agenda bilateral y la indiferencia hacia el exterior o para decirlo de otra manera: a partir de que el Oso decida despertar y observar hacia su vecino cercano el Puercoespín.

No es un tema menor y menos de ideologías. Los vecinos ahí están y hay que trabajar con ellos porque son como los familiares: no se escogen ni ellos nos eligen. Carece de sentido la rispidez porque entre otras cosas, en los Estados Unidos radica otro México que envía silenciosamente, las remesas que apoyan a éste. El Oso y el Puercoespín entrarán en una más de sus desavenencias. La historia nos ha enseñado que cuando la relación bilateral se vuelve frágil, todos perdemos. No es momento de perder, tan sólo por la pandemia frente a nuestra quebradiza condición humana.


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