El respiro

El respiro, desde la izquierda como ideología política -simbólica y materialmente- reviste un grito de esperanza frente a la hegemonía cultural que el imperio ha democratizado en todas las latitudes del mundo occidental

Por Jorge Reyes Negrete

28/06/2023

Publicado en

Columnas / México / Puebla

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El tiempo no se puede medir en días
como se mide el dinero en pesos y centavos,
porque todos los pesos son iguales,
mientras que cada día, tal vez cada hora, es diferente.
Jorge Luis Borgues

Frente a la inmediatez y la hiperproductividad demandada por el capitalismo, darse un respiro -un tiempo para sí mismos- representa, genuinamente, un acto revolucionario.

Hace algunos días me llamaron de la universidad donde imparto clases, para preguntarme la posibilidad de llegar antes de la hora ordinaria, pues el alumnado, al no tener la clase previa, debía esperar más de dos horas para mi arribo. Al llegar al salón de clase, la primera pregunta que le hice a las y los futuros abogados fue ¿por qué, en este mundo de la inmediatez, la espera es mal vista y frecuentemente evitada?

Muchas fueron las respuestas que recibí. Entre ellas, que la espera impide que se puedan hacer cosas pendientes, que la espera resulta ociosa, que la espera es poco productiva, incluso que la espera impedía el descanso.

Yo repliqué todos los argumentos. No anteponiendo una velada soberbia, sino buscando que, dentro de los propios argumentos, hallaran problematización reflexiva quienes atendieron la interrogante.

El diálogo agudizó su intensidad en la medida que se iba tejiendo.

Hablamos del concepto y su prostitución capitalista en los contextos de la intelectualidad. ¿Por qué, al circundar un concepto sin definirlo, le envuelve una atmosfera de tedio?, ¿qué hace que el conceptualizar algo sin reflexionarlo, sin acariciarlo, sin mirarlo, sin contemplarlo, lo vuelva vomitivo, aburrido y sin sentido?

En el intelectualismo capitalista, el conocimiento y su valor no se miden en función del aprendizaje significativo, la satisfacción inútil que genera el saber o la posibilidad de arraigo empírico que éste pueda tener, todo en aras de construir nuevas formas de relacionarnos social y comunitariamente, sino en el número de conceptos que se tiene capacidad de aprender, los libros que se puedan leer y los artículos que se logren publicar. Esto explica porqué la inmediatez capitalista exige la celeridad del aprendizaje de conceptos, marginando otras formas de enseñanza.

El respiro, desde la izquierda como ideología política -simbólica y materialmente– reviste un grito de esperanza frente a la hegemonía cultural que el imperio ha democratizado en todas las latitudes del mundo occidental.

El respiro ocupa un espacio privilegiado cuando se habla de la utilidad de lo inútil. Es el respiro un nicho único de seguridad dentro de un campo minado que habitamos permanentemente.

Un momento de descanso, de descanso reflexivo y de cuidado propio, no de esos descansos sesgados por la liquidez social, donde se gasta la vida viendo televisión, tiktoks o twitters, no sólo es mal visto por la orquesta social, sino que penetra más allá de eso. El capitalismo hiperproductivista está tan interiorizado en nuestra cosmovisión, que ese descanso -el primero mencionado- nos auto-culpabiliza, pues abrazamos el pernicioso manto del “¿qué estoy haciendo de mi vida?

Escuchaba a Paco Ignacio Taibo II, en una entrevista realizada por este medio de comunicación, diciendo que, a 50 años de la muerte de Salvador Allende y del golpe de Estado en Chile, la lucha sigue. Sí, la lucha de las izquierdas contra el fascismo derechista que cada vez halla maneras más sofisticadas, encubiertas y enmascaradas de penetrarse en las conciencias. El contragolpe, entonces, no puede ser ingenuo, necesariamente frontal y violento, desde las concepciones clásicas de su entendimiento, tiene que ser, paradójicamente, violentamente sutil, vislumbrando esas de vías de perspicacia con las que esta derecha capitalista adormece el sentido revolucionario de las conciencias.

Para ello, el respiro, el gran aliado y el violentamente sutil acto revolucionario, hermano del ocio activo

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