¿El síndrome Canoa?

A más de 50 años del linchamiento de estudiantes en San Miguel Canoa, Puebla, la justicia por propia mano no paró y siguió en el estado; el último caso ocurrió el pasado 10 de junio, con la muerte del abogado Daniel Picazo, en Huauchinango
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Columnas / México / Puebla

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El 14 de septiembre de 1968, pobladores de San Miguel Canoa, junta auxiliar de Puebla, lincharon a cinco empleados de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), tres de ellos murieron, porque, azuzados por el párroco del lugar, fueron acusados de comunistas y ladrones, que pretendían colocar una bandera roja y negra en la iglesia y dañar la imagen de San Miguel, patrono del lugar. En 1976, Felipe Cazals filmó Canoa: un hecho vergonzoso, una película que retrata fielmente los sucesos y circunstancias que llevaron a esta masacre.

El 10 de junio de 2022, habitantes de la comunidad de Papatlazolco, en el municipio de Huauchinango, en Puebla, lincharon al joven abogado Daniel Picazo, exasesor de la Cámara de Diputados, tras confundirlo con un secuestrador de menores.

¿A 54 años de los linchamientos de Canoa y 46 de la filmación de la película, por qué siguen ocurriendo hechos como estos en Puebla y el resto del país?

Los linchamientos son ejecuciones sin un proceso legal de un sospechoso por parte de un grupo de personas haciendo uso de la violencia. Por lo general, ocurren espontánea y multitudinariamente. Basta una chispa que incendie la pradera.

Son tan antiguos como la Humanidad. Tienen como origen motivos religiosos, ideológicos y raciales. No son privativos de México. Basta recordar las ejecuciones a las personas que colaboraron con los nazis en Italia, Francia, Bélgica y otras naciones ocupadas en la Segunda Guerra Mundial. En la segunda mitad del Siglo XIX y la mayor parte del Siglo XX, Estados Unidos fue testigos de linchamientos de personas asiáticas y afrodescendientes. Apenas en 2019, el presidente Joe Biden firmó la aprobación de la ley contra los linchamientos Emmett Till, que los cataloga como un crimen de odio y delito federal. En Argentina y Brasil el fenómeno sigue presente.

En México, los linchamientos ocurren en todos los estados e inclusive en la CDMX, pero históricamente se concentran en el Estado de México, Puebla, Morelos, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Veracruz, Guerrero y en la CDMX, particularmente en las alcaldías Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco; es decir, las entidades del Sur con un fuerte componente indígena y comunitario; así como con un alto grado de marginación social. Ahora nadie lincharía a una persona por ser “comunista”, pero sí por motivos de seguridad o religiosos. En Canoa, repicaron las campanas, sonaron los megáfonos y de boca en boca se convocó a la muchedumbre; ahora se corre la voz por medio de redes sociales.

Los protocolos contra linchamientos han mejorado en Puebla y diría que en todo el país, pero tal parece que no es suficiente. ¿Cómo detener los ajusticiamientos en un contexto cargado por la violencia? Deben fortalecerse las políticas de información y prevención, por ejemplo la película Canoa debería de proyectarse en las secundarias y preparatorias y los protocolos deben seguir mejorándose.

¿Las penas por linchamientos deben aumentarse? No, lo que debe mejorarse es el combate a la impunidad y principalmente, atacar las causas que los provocan, la ausencia de autoridad, la pobreza y la ignorancia. Eso pienso yo, ¿usted que opina?

@onelortiz

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