Opinión

En la BUAP, ¿todo marcha bien?

Es imposible descartar las relaciones, influencias y favores que debe estar moviendo el Rector saliente, a fin de evitar que un juez le dé una ingrata sorpresa

Por Enrique Condés Lara

Lo interesante en estos momentos del actual proceso para elegir Rector(a), de la BUAP no está en lo que se ve, sino en lo que no se ve.

En tanto los cuatro candidatos debidamente registrados inician sus campañas electorales, fuera de los reflectores se mueven personajes y fuerzas interesadas, unas en abortar un proceso marcado por irregularidades legales y otras en garantizar su continuidad.

En el primer paquete, Francisco Vélez Pliego, quien con toda claridad lo dijo al argumentar su negativa a participar con las reglas establecidas por un Consejo Universitario mutilado y sin valor legal. “Aprovecho para informar a ustedes que –anotó en su posicionamiento Ante el Estado de Excepción en la BUAP, del 30 de agosto—… he iniciado ante las autoridades competentes las acciones que conforme a derecho estimo pertinentes y estoy en espera de la resolución correspondiente.” Dicho con otras palabras: solicitó amparo contra los acuerdos del Consejo Universitario violatorios de la legislación.

En lo mismo, Guadalupe Grajales, quien juega en una doble pista, registró su candidatura a la Rectoría, pero despotricando contra las reglas y procedimientos establecidos y manifestando que todo “es la crónica de un fraude anunciado.” Lo hizo porque está esperanzada en lograr de un juez una suspensión legal del proceso. Otra cosa sería ingenuidad, cuando no ridículo.

No es algo menor lo que buscan. Una orden de suspensión provisional descarrilaría todo el asunto; obligaría a restablecer la legalidad y, por lo menos, a convocar a elecciones de un nuevo Consejo Universitario. Sería un golpe mayúsculo a las estructuras de poder y de control imperantes en la BUAP y, por supuesto, para el rector saliente, principal promotor del cuestionado proceso. Esparza Ortiz, quien con inauguraciones y presentaciones de libros pretende aparentar tranquilidad, seguramente se come las uñas tan solo de pensar en esa eventualidad.

En el carril contrario, el que busca apuntalar lo convenido, tras bambalinas también se mueven otros personajes y grupos. Es el caso de la carta de Beatriz Gutiérrez Müller en la que anuncia que se abstendrá de apoyar a alguno de los candidatos a la Rectoría. Sin embargo, de una toma de posición correcta puesto que su nombre estaba siendo usado, más o menos veladamente, por alguno(a) de los contrincantes, repentinamente avala la ilegalidad al asegurar que los universitarios “elegirán con libertad y que los organizadores de la elección harán su tarea con transparencia y de manera escrupulosamente legal.”

Dado que en México la ley se usa como cera maleable, no se puede descartar que las relaciones, influencias, favores, etc., que seguramente debe estar moviendo el Rector saliente a fin de evitar que un juez se atreva a darle una ingrata sorpresa, prosperen. “Ya la hicimos”, cantará alegre si eso sucede.

Pero no será para tanto. Uno de los secretos para el triunfo, con los procedimientos que está usando, es la discreción. En el momento en que salen la luz los enjuagues y chanchullos empleados, las cosas se complican. Se pierde legitimidad y comienzan los reclamos y cuestionamientos. Y si anteriormente se presentaban irregularidades y la gente volteaba hacia otro lado como no queriendo ver, fue porque se daban en un contexto diferente. Ahora ya no es así; hay otro ambiente, dentro y fuera de la BUAP. Eso es algo que no ha entendido Alfonso Esparza. 

Flaco favor le hace a la candidata oficial, Lilia Cedillo Ramírez, volcando ostentosamente el aparato administrativo de la Universidad en su favor. ¿Qué necesidad había de arroparla con 54,079 firmas de apoyo a su registro? ¿Para qué exhibir que los directores, jefes y otros funcionarios, como sabe toda la comunidad universitaria, presionaron a estudiantes, maestros, investigadores y personal administrativo para que respaldaran su candidatura? A diferencia de lo que ocurría antes, tales hechos ahora se difunden, se comentan y se critican. Esa excesiva ostentación de poder y de abuso más que ayudarla, la perjudica. Con razón, en el acto brincó Guadalupe Grajales: “Esta fase de la postulación es la vía ideal para someter a los trabajadores y a los alumnos a la presión brutal del aparato administrativo y de las autoridades para que se pronuncien por la candidatura oficial”, dijo, entre otras cosas.

Y si excesos tan burdos como ese se presentan durante la campaña electoral y en las elecciones, la duda sobre la veracidad de los resultados se extenderá, acompañada de críticas, reclamos y objeciones. Menudo lío le dejarán.

Tal alarde de poder expresa algo de más fondo. ¿Por qué eligieron  Esparza y compañía a la Dra. Cedillo para sucederlo? Porque tienen toda la intención de mantenerla bajo su control, y se lo están haciendo ver.

Los reclamos por transparentar el manejo de los bienes universitarios y rendir cuentas, el escándalo de Lobos BUAP, las denuncias por emisión de facturas falsas y desviación de recursos, llevaron al Rector actual y a sus íntimos a buscar una figura que sin estar comprometida con sus negocios, les garantizara seguridad, que no fueran tocados. Lo ideal, en otras circunstancias, habría sido que alguno de ellos sucediera a Esparza, pero eso no pudo ser dados los pleitos que tiene con el Gobierno estatal.

Así las cosas, pusieron su mirada en Lilia Cedillo Ramírez, una investigadora que ha trabajado como hormiga durante casi 40 años en y por la BUAP, a la que, como ella misma dice “se debe” y “quiere”; que con trabajo y constancia ha construido su carrera; que no cuenta ni forma parte de grupo político alguno; que es bien intencionada, atenta y de buenas maneras y que, aún cuando ha sido funcionaria universitaria, no tiene experiencia política. Desde la óptica esparciana, es el perfil apropiado para el momento actual: no tiene negocios raros, ni ha participado en operaciones turbias que pudieran usarse en su contra; no tiene enemigos y, algo importante, carece de fuerza propia en la Universidad, está sola. Y, al tomar posesión como Rectora, en condiciones complicadas, estará rodeada de los tiburones y chacales que manejan los recursos, administración y resortes de poder de la Universidad, quienes le dirán qué hacer y qué no hacer.

Si quiere en verdad la Dra. Lilia Cedillo ser Rectora de la BUAP tendrá entonces que fajarse e integrar un equipo de gobierno propio, deslindarse de Alfonso Esparza, poner fin a los manejos oscuros de los recursos y patrimonio universitarios y establecer una nueva relación con el Gobierno del Estado. ¡Vaya paquete! Dirán algunos, no sin razón, “se sacó la rifa del tigre”.

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