Un Plan sin Consulta ni Consenso

La lectura hueca del plan 2021-2025 de la BUAP 

Pero ni los estudiantes, ni los docentes, ni los administrativos somos miopes, sabemos que estamos sometidos a condiciones en contra de nuestra dignidad

Por Guadalupe Grajales

La lectura y el análisis del Plan General de Desarrollo de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, llamado PDI, nos ha dejado claro que el propósito del mismo es desmantelar a la universidad. Y el verbo que estoy empleando es ‘desmantelar’ no ‘transformar’.

Para nosotros una transformación se logra con el concurso de la comunidad, cuando esta comunidad, la universitaria, logra a través de la discusión, la argumentación y el diálogo llegar a la convicción de que hay que propiciar ciertos cambios para beneficio de la propia comunidad. Este no es el caso.

Para empezar, se nos quiere hacer creer que este plan fue el resultado de “una amplia consulta”. ¿Cuál? ¿La “consulta” a través del buzón de sugerencias? Que participaron las “fuerzas vivas y picudas” de la sociedad poblana, ¿porque invitaron a algunas personas a dar algunas conferencias? Normalmente, el plan general de desarrollo que la rectoría en turno presenta al Consejo Universitario para su aprobación, es la sistematización de la concepción de universidad, de sus actividades sustantivas y de los modos de mejorarlas, inscrita en el plan de trabajo presentado a la comunidad universitaria durante la campaña electoral. Este no es el caso.

Este documento llamado PDI 2021-2025 obedece más bien a un intento por pulverizar la actual estructura organizativa tanto académica como de gobierno de la universidad. Pretende instalar “con todas las de la ley”, pues es lo primero que anuncian en sus “metas”, una estructura académica en la que las unidades académicas pierden la autonomía para regular la docencia, la investigación y la extensión en aras de un aparato administrativo dividido en “cabezas de sector” que, de manera absolutamente vertical, tomarían las decisiones más fundamentales para conducir la vida universitaria con la consiguiente ausencia de la representación y participación de todos los sectores, el estudiantil, el docente y el no académico, hasta ahora contemplados en nuestra legislación.

Este estado de cosas se viene viviendo en la universidad hace décadas, pero ha sido en estos últimos años que se ha recrudecido la suplantación de las funciones de las unidades académicas y de sus autoridades colegiadas y personales mediante la creación de un sinnúmero de dependencias administrativas que se han dedicado a vaciar cada vez más a la academia de sus facultades y atribuciones. No hay una sola acción académica que no pase por la “autorización” de alguna dependencia administrativa. A cada paso nos tropezamos con oficinas y lineamientos que ni siquiera han sido aprobados por el consejo universitario.

Y ahora nos anuncian “con bombo y platillo” que esta situación “de hecho” va a pasar a ser “de derecho”. ¿Qué esperamos los universitarios para exigir a esta administración que someta verdaderamente a debate su pretensión de desmantelar nuestra universidad?

¿Por qué no empieza esta administración por hacer sesiones ordinarias del Consejo Universitario en lugar de extraordinarias? El problema con las extraordinarias no es sólo que el orden del día no se puede modificar, sino que además se convoque un día antes de celebrarse la sesión. ¿Por qué son problemas? Porque los documentos que acompañan el orden del día también se dan a conocer un día antes. ¿Se imaginan ustedes? La sesión convocada para “discutir” el plan general de desarrollo 2021-2025 fue extraordinaria. Era claro que tenía que ser el punto único de la sesión, pero ¿cómo le hicieron para leer un documento de 107 páginas y para analizarlo de un día para otro? El caso es que decidieron que “este era el mejor de los planes posibles.”

No es casual que esto haya sucedido. Hace mucho tiempo que todos los acuerdos del consejo universitario son por unanimidad. Y digo que no es casual porque durante décadas las administraciones de nuestra universidad sistemáticamente sustituyeron la información, la discusión y la argumentación que nos caracterizó como una universidad democrática y nos dio una identidad, por una identidad de pacotilla como “soy lobo Buap”.

Pero ni los estudiantes, ni los docentes, ni los administrativos somos miopes. Sabemos que estamos sometidos a condiciones de estudio y de trabajo que van en contra de nuestra dignidad y que nada le debemos a una administración que sólo ha sabido aprovecharse de nuestra vulnerabilidad. No hay duda de que esta administración tiene pies de barro.

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