Medios masivos y narrativas de la historia

Las historias que hacen el cine, la televisión y ahora las plataformas

Hay que seguir asistiendo al cine y viendo la televisión, disfrutar de Netflix, HBO, Prime-Amazon y otras, pero sin creer todo lo que dicen

A lo largo del siglo XX, el cine y la televisión crearon historias que todo mundo tomó como verdaderas; ahora lo hacen también a través de Internet, las plataformas streaming –Netflix, HBO, Prime, Apple, etc.

Armaron cuentos muy bien hechos que pasaron por ciertos y, aún hoy, son considerados por muchísima gente como verídicos. Hicieron pasar a ciertos personajes como héroes y libertadores cuando en realidad no lo eran, y a otros como bárbaros y malvados, lo que tampoco fueron. A los primeros los pintaron apuestos y valerosos (y en muchísimos casos de color blanco); a los otros los dibujaron perversos y traicioneros (y por lo general de color oscuro o amarillo, de acuerdo a la situación que prevalecía en el momento en que produjeron los filmes o las series). Así, varias generaciones se formaron, y se siguen formando, creyendo que la matazón de indios en el Oeste americano fue una epopeya civilizadora. Todos aplaudían, y aplauden, las cargas de los bravos del 7º de Caballería y a los valientes colonos, que tan solo querían las tierras, cuando respondían a los ataques con arco y flecha de indios que cortaban cabelleras por el mero gusto de hacerlo. Y ¿cuántos no quisieron ser de la Legión, como el muchacho chicho de la película, para abatir árabes primitivos que se negaban a ceder el norte de África al progreso y la cultura? ¿Cuántos no lanzaron, y lanzan aún, vivas a la artillería de los buenos o a los refuerzos llegados en el último momento, que arrasaban a los fanáticos (además ¡islamistas!) y salvaban al puñado de valientes que habían resistido casi sin alimentos, agua y pertrechos, todo tipo de embates? Y ¿cuántos no sintieron calofríos al momento en que quedaban solos los nobles exploradores que llevaban en sus espaldas la gravísima responsabilidad de colonizar África negra, cuando al momento de ser atacados a mansalva por negros semidesnudos y pintarrajeados (seguramente caníbales) eran abandonados por los cobardes cargadores (también negros) de alimentos, ropa, tiendas de campaña y hasta el indispensable brandy?

En tales historias, hasta en formas salvajes los blancos siempre fueron civilizados, ¿o de qué raza era Tarzán? Y qué decir de los paganos hindúes que luego de efectuar satánicos rituales en templos milenarios, atacaban por la espalda a los gallardos expedicionarios de Su Majestad la Reina, instalados en esas regiones solamente para llevarles las buenas costumbres y el progreso.

Hubo también, y hay, muchas buenas películas y series de televisión donde los buenos eran blancos y los malos también. Sin embargo, estos últimos estaban contra lo correcto: la democracia, Dios, la libertad. Así, durante la II Guerra Mundial, los nobles y valientes aviadores americanos y británicos que para salvar a Europa de las hordas y destrucción nazis, arriesgando el pellejo, bombardeaban a gusto todo lo que encontraban en su camino (acabando con nazis, pero también con fábricas, vías de comunicación, trenes, ciudades, población civil y hasta con perros, gatos y gallinas), arrancaban felicitaciones y adhesión generalizada en este lado del Atlántico porque la causa que los movía era “buena” y “justa”. Por eso mismo, no cabía ninguna justificación ante los “inhumanos e infames” bombardeos alemanes de ciudades y campiña inglesas. Hasta el Pato Donald fue antinazi.

Gracias también al cine y a la televisión, en los años de la Guerra Fría supimos que no era tan grave tener antecedentes nazis o fascistas porque todos los alemanes, italianos, húngaros, rumanos, austriacos, japoneses y otros, que no sabían lo que en realidad pasaba, habían sido engañados por Hitler, Tojo y Mussolini; todo mundo tuvo oportunidad entonces de enterarse de paso que, bien vistas las cosas, incluso los franquistas eran buenas personas. Asimismo, debido también al cine y a la televisión, y no tan solo a los periódicos, todos entendimos que esos ateos comunistas, enemigos de la civilización occidental cristiana, que querían destruir la sagrada institución de la familia, quitar los niños a los padres, esclavizar a todo mundo, acabar con la patria, conquistar el mundo, etcétera, no podían ser considerados parte del género humano. Afortunadamente, las bombas atómicas y de hidrógeno, las bases aeronavales situadas por todas partes y los portaviones, drones, misiles y submarinos nucleares nos salvaguardan. Además, para dormir tranquilos, contábamos con tipos como James Bond y Rambo, que los del bando contrario no tenían. ¡Qué bueno que todo eso ya es cosa del pasado y, como sabemos todos, reinan ahora la tranquilidad, la paz y la concordia mundiales!

Hay que seguir asistiendo al cine y viendo la televisión, disfrutar de Netflix, HBO, Prime-Amazon y otras, pero sin creer todo lo que dicen.

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