Nota Política

Lecciones de la consulta

Las consultas son instrumentos de la ciudadanía, no de los políticos. A la clase política no le interesa la participación social, sino ganar puestos ejecutivos y legislativos
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Columnas / México / Puebla

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@onelortiz

Los opositores al gobierno federal cebándose están en los resultados de la consulta del 1º de agosto. Es su derecho. Hay libertad de expresión. Aunque sus dichos recorran senderos de la burla o el insulto bienvenida la pluralidad. ¿Fracasó la consulta? ¿Fue un éxito organizativo? ¿Los expresidentes la libraron y son intocables? Véanse los resultados y sus implicaciones desde una perspectiva más allá de la descalificación, pero sobre todo de las lecciones que deja.

Felicitación a los 6 millones 629 mil 375 participantes y a las miles de ciudadanas y ciudadanos que atendieron las mesas receptoras. Obvio, los resultados de la consulta estuvieron muy lejos del 40 % de participación que la ley establece para que sus resultados sean obligatorios. Sin dudarlo, en este aspecto, la consulta fracasó.

El no llegar a la meta de participación no implica que todo haya sido un error. En el otro lado de la moneda, considérese que fue la participación más alta en un ejercicio de esta naturaleza en nuestro país, sea organizado desde la sociedad, los partidos o la autoridad. En 1993, en el plebiscito ciudadano de la CDMX participaron alrededor de 300 mil personas; en la consulta del FOBAPROA, alrededor de un millón, igual que en la consulta para cancelar el nuevo aeropuerto de la CDMX.

Más de seis y medio millones de votos no es una cantidad despreciable. Varios partidos políticos estarían felices de tener una votación como la de ayer; por ejemplo, son más del doble de los votos totales del PRD el 6 de junio. La oposición le hizo vacío a la consulta, porque es más conveniente políticamente y fácil operativamente jugar a que la participación no llegue al 40% que ganar la consulta.

Lecciones de fondo y de forma. Las consultas son  instrumentos de la ciudadanía, no de los políticos. A la clase política no le interesa la participación social, sino ganar puestos ejecutivos y legislativos, tanto que violan la ley electoral. No les importa que el INE los sancione con multas millonarias, pues una diputación, una senaduría, una presidencia municipal o una gubernatura bien vale una multa, que dicho sea de paso se descuentan del financiamiento público.

El Presidente promovió la consulta en sus conferencias mañaneras. Fue un acierto que no involucrara a servidores públicos y a la estructura de gobierno; ni que los servidores de la nación movilizaran a los beneficiarios de los programas sociales, hacerlo hubiera sido un delito; sin embargo, debe reconocerse que mandó un mensaje confuso al llamar a la consulta, pero declarar que votaría por el No y al final, no participar. Prefirió su gira en el Norte del país que regresar el domingo y ejercer su derecho ciudadano.

Los gobernadores, principalmente los recientemente electos, no pesaron en la consulta. Fue positivo que no utilizaran los recursos de sus entidades para intervenir, pero tampoco tuvieron  definiciones claras al respecto. En las once nuevas gubernaturas de Morena la participación fue mínima, por ejemplo en Sonora y Sinaloa.

Morena fue el único partido que promovió la consulta, pero su vida interna sigue siendo un caos, ni los que llegaron, ni los que no llegaron a un puesto de elección se pusieron las pilas. No hubo una estrategia nacional, ni directrices, ni acciones, ni convocatoria a la militancia. Las redes sociales son un importante medio, pero nada sustituye el trabajo organizativo y político de base.

Tres lecciones más: 1) Los temas de consulta deben ser del interés de la ciudadanía, no de los políticos. 2) La pregunta que se consulte  debe estar bien formulada, ser sencilla y clara para la sociedad, y 3) la consulta debe ser el mismo día de la jornada electoral, para ahorrar dinero, optimizar recursos humanos y facilitar la participación, por lo cual se debe insistir en la reforma que lo haga posible.

La consulta del pasado 1º de agosto, no fue el gran salto, lastima, pero sí un escalón más en la lucha de quienes impulsamos y creemos en la utilidad de las herramientas de la democracia directa. El camino es así. Los expresidentes están contentos, pero no lo debieran estar tanto, por lo menos hay seis millones y medio de personas que no han olvidado lo que hicieron, no en el plano penal que eso corresponde a las fiscalías, sí en el aspecto social y político. Eso pienso yo. ¿Usted que opina?


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