Libertad para Claudia

El presidente de la SCJN visitó el penal de Santa Martha Acatitla, escuchó a varias de las presas, y una de ellas es la protagonista de esta historia, a quien le prometió justicia...
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Columnas / México / Puebla

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Piensa que viajamos al pasado, estamos en 2013, el gobierno de Enrique Peña Nieto experimenta su luna de miel. Vivimos el “momento mexicano”. Miguel Ángel Mancera gobierna la Ciudad de México. Te llamas Claudia, trabajas como auxiliar administrativo en un restaurante de lujo que realmente es un table dance, el tristemente célebre Solid Gold. De hecho, eres empleada de un grupo que es dueño de varios establecimientos similares en Zona Rosa, Santa Fe y otras partes de la Ciudad. Tu labor es tediosa, talacha pura. No te agüitas, le echas ganas. Necesitas el trabajo, más ahora que estás embarazada.

Un día, en la televisión ves un operativo, en el cual el Instituto Nacional de Migración rescata a treinta y dos mujeres extrajeras, víctimas de trata y explotación sexual. Dos empleadas de limpieza y dos choferes, son detenidos. Abres tus ojos al darte cuenta que se trata de la empresa en la que trabajas. Te preocupas, pero no entras en pánico, al fin y al cabo, eres sólo una empleada que cobra por honorarios. Pronto, con un impresionante operativo, fuerzas federales, policías de la CDMX y agentes ministeriales, armados hasta los dientes, portando armas largas y vestidos con uniformes tácticos, irrumpen en tu domicilio, lo saquean, te detienen, pero no presentan orden de aprehensión, en ese momento no te acusan de nada.

Inicias tu paseo por el infierno. Los hechos ocurren en la CDMX, pero te llevan a Nayarit a más de mil kilómetros de distancia de donde vive tu familia, a pesar de tu embarazo, desnuda, te obligan a hacer sentadillas, te tratan como un animal. Tu embarazo se complica, te hacen una cesárea forzosa, por la mala atención médica tu vida está en riesgo, te quitan la matriz. Por meses, no tienes leche para tu bebé, ni comida para ti. Te separas de tu bebé. Te llevan a Morelos, estás más cerca de casa. Tres amparos más tarde, consigues tu traslado a Santa Martha Acatitla. En medio de un juicio lleno de anomalías, irregularidades y corrupción, te condenan a 22 años de prisión. Eres el Chivo expiatorio, la única “implicada” que sigue presa, la estadística con la cual quisieron taparle el ojo al macho. Pero no te rindes, por tu bebé, por ti y porque eres inocente, permaneces inquebrantable.

Nueve años después, volvemos al presente. Peña Nieto vive un exilio dorado en España y acaba de poner a la venta su departamento en Madrid. Mancera es senador por el PAN, las autoridades investigan uno a uno a sus cómplices en actos de corrupción y enriquecimiento ilícito, sólo falta que caiga él. En México hay un nuevo sistema penal acusatorio y la Policía Federal desapareció. Hace unos días, el presidente de la Suprema Corte visitó el penal de Santa Martha, escuchó a varias de las presas. Una de las internas que expuso su caso fue Claudia. El Presidente de la Suprema Corte se comprometió a que habría justicia para ella y otras mujeres. Mientras, Jacobo y Moisés, dos de los socios del Solid Gold, siguen impunes. Desembolsaron enormes cantidades de dinero a autoridades corruptas, siguen haciendo negocios de la explotación sexual de mujeres.

Políticos y servidores públicos, mujeres y hombres de poder, se llenan la boca diciendo que las cosas cambiaron, que son diferentes. Bueno, pues aquí hay un caso en el cual pueden demostrarlo con hechos, no con palabras. Si Claudia fue culpable de alguna falta, en estos nueve años, la pago con creces. Merece su libertad.

@onelortiz

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