Los huevones

Por el contrario, por todos lados veo a gente trabajadora, luchona que enfrenta sus problemas con entereza y convicción
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Columnas / México / Puebla

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La alerta me llegó a mis redes sociales. Varias personas, entre ellas, una muy querida por mí, me preguntó que si había visto las declaraciones de la actriz Laura Zapata en el programa de Carlos Alazraky, le conteste que no. Andrés Manuel López Obrador comentó el tema en una de sus mañaneras. Al final, la curiosidad ganó. Pulsé una de las alertas de mi Facebook. Las palabras de Laura Zapata no tienen desperdicio como ejemplo de racismo, clasismo, odio e ignorancia.

Dice que México es un país de huevones, que se conforman con las migajas que Andrés Manuel López Obrador les da a través de sus programas sociales. Primero, existe libertad de expresión, Laura Zapata puede decir lo que quiera, pero debe aguantar las reacciones que sus comentarios provocan. Segundo, doy por hecho que esta actriz es auténtica en sus expresiones. No sería la primera ocasión en que un medio o un programa paga a un actor o a una actriz para generar polémica o escándalo.

Si estas dos condiciones se cumplen, vale la pena dedicar unas líneas a reflexionar, porque las personas como Laura Zapata dicen lo que dicen. ¿Simple miseria humana o simple ignorancia?

Lo más fácil sería atacarla con la misma violencia verbal que ella usa; descalificarla con lugares comunes, lluvia de memes e insultos, pero dichas descalificaciones resultan también inútiles. Sólo abonarían a la polarización con la cual cada bando reafirma sus mutuos prejuicios.

Las preguntas son: ¿Cuánta gente comparte la visión de esta mujer? ¿Es posible que cambien de opinión?

Lamentablemente, las expresiones como las de Laura Zapata no son la excepción, sino una forma de pensar de varios sectores de la población. En el ámbito político son fácilmente identificables y diría, combatibles. Más importante es lo que ocurre en las actividades cotidianas, como el trabajo doméstico o las relaciones laborales en el sector privado.

Cancelar la idea de igualdad y la equidad termina con cualquier posibilidad de desarrollo social. La filantropía, a la que son tan adeptos estas personas y grupos, sólo es un pretexto para intentar aliviar culpas de una doble moral conservadora. Más aún, tiene un fin práctico: es una puerta para disminuir impuestos. Pura falsedad.

México es uno de los países en que los obreros, empleados y campesinos laboran más horas al día, pero ganan menos y producen poco. Lo que resulta obvio es la necesidad de una mejor gestión en las empresas y una mejor organización.

Los logros más importantes del actual gobierno son los programas sociales. No resuelven el problema, pero sin duda han sido los únicos apoyos reales y palpables que los pobres han recibido en medio siglo.

Aunque el Hombre es una de las pocas especies animales que siguen aprendiendo durante toda su vida, dudo que Laura Zapata pueda cambiar, pero mucha gente sí. Por medio de educación, conocimiento de la historia y nuevos valores en la cultura es posible eliminar en las nuevas generaciones la ignorancia y miedos que nutren la visión de las que esta mujer fue objeto.

Dícese que un huevón es una persona lenta en su manera de actuar, holgazán o vago. Tengo 52 años, en ese más de medio siglo, no conozco a una persona huevona como la define el diccionario. Por el contrario, por todos lados veo a gente trabajadora, luchona que enfrenta sus problemas con entereza y convicción.

Dice el dicho: “Nunca falta un roto para un descosido, ni una media sucia para un pie podrido.” Y así es, Laura Zapata encaja perfecto con Carlos Alazraky y ambos con una visión marcada por la discriminación, el clasismo, ignorancia y odio.

@onelortiz

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