El fraude que esconde el Ecocampus Valsequillo de la BUAP: Los muertos en el clóset de Enrique Agüera

Durante la administración de Enrique Agüera se gastaron 200 millones de pesos en una obra que el rector Esparza reconoció, en 2013, no se había iniciado

Al terminar su mandato de ocho años como rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), Enrique Agüera Ibáñez le dejó a su sucesor, Alfonso Esparza Ortiz, varios pendientes, entre ellos, el pomposamente llamado Ecocampus Valsequillo.

Hoy, aún no se termina el Ecocampus, pese a que la Universidad realizó en su momento un gasto de 200 millones de pesos.

Agüera anuncia la Ciudad de la Ciencia y el Conocimiento

El proyecto fue anunciado de manera oficial el 17 de enero de 2012, en un evento en el que estuvieron presentes el entonces rector Agüera y el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas. Ese día, pusieron la primera piedra para iniciar la construcción de la “Ciudad de la Ciencia y el Conocimiento de la BUAP”, que incluía la construcción del Campus Valsequillo y el Parque Tecnológico “Tecnópolis”, una incubadora de empresas dedicadas a la tecnología.

Para la primera etapa se contemplaban trabajos en un área de 56 hectáreas con una inversión inicial de 300 millones de pesos.

En los últimos meses de la administración de Agüera ya se habían ejercido más de 200 millones de pesos que iban etiquetados para el Ecocampus; aunque surge la duda sobre si dicha etiqueta se puso después para tapar huecos ante una posible auditoría.

La realidad era que no se había invertido un solo peso en el lugar. Al contrario, a la llegada de Esparza a la rectoría, en 2013, subsistían conflictos con los ejidatarios de la zona donde se emplazaría el campus, y de las obras, ni una señal.

Al respecto, el actual director de Infraestructura de la BUAP, Jorge Antonio Rodríguez y Morgado, relata muy claramente: “éramos objeto de tiraderos de escombros y de animales muertos, vacas, becerros; además había invasiones y empresas lotificando”.

El rector Esparza enfrentaba una encrucijada, su primera opción era denunciar a su antecesor; la segunda, buscar una fórmula para encubrir el desfalco. Se decidió por el segundo camino (porque con el primero corría el riesgo de que lo acusaran de complicidad ya que era el tesorero) cumpliendo la regla de los neoliberales: cubrirse las espaldas para que el show pueda continuar.

El proyecto no encontró oposición en el Consejo Universitario.

Va de nuevo el proyecto

Entre todo este cúmulo de irregularidades surgió el Ecocampus Valsequillo, el cual volvió a ser noticia la semana pasada cuando el rector anunció, con la aprobación del Consejo Universitario (faltaba más), la edificación de un centro recreativo en la zona de Valsequillo, que en su primera fase contará con jardín botánico, mirador, oasis, laberinto lúdico, zona de rapel, fuentes de agua, estacionamiento, dos vialidades rústicas, dos puentes peatonales, una ciclovía de montaña de casi dos kilómetros, ciclovía de senderismo y un serpentario.

En dicho evento, Esparza recordó que cuando asumió la rectoría en 2013, “no había plan de utilización para el Ecocampus, ante lo cual se inició un proyecto con la idea de establecer un Laboratorio de Ciencias”.

De paso, reconoció que los edificios que se construyeron se realizaron con muchas complicaciones “porque el área se calificó como humedal”.

Hay que tomar en cuenta que la obra está planeada dentro de la zona de amortiguamiento del parque estatal «Humedal de Valsequillo», por lo que se trata de terrenos donde es muy difícil construir debido al tipo de suelo.

Sin avances

La mayoría de estas obras ya habían sido prometidas en 2015 por el propio Rodríguez y Morgado pero, al observar el estado del terreno a través de la plataforma Google Maps, lo único visible es una rotonda, una serie de paneles fotovoltaicos para utilizar energía solar; además de algunos edificios inaugurados en 2017. El resto de las 108.32 hectáreas, ubicadas en al sur de la ciudad de Puebla, en los alrededores de San Pedro Zacachimalpa y el parque Áfricam Safari, están vacías.

Lo que no mencionó Alfonso Esparza el pasado 29 de abril es que, durante los años en que él fue tesorero general de la BUAP, su dependencia erogó más de 200 millones de pesos a cuenta de un obra (la misma que hoy anuncia) que nunca se concretó.

La pregunta obligada, y que cualquiera debería hacerse, es: ¿Cuáles son los muertos en el clóset que el rector Esparza le dejará a quien lo suceda en el cargo?

A simple vista se ve que serán muchos.

El nuevo proyecto de la BUAP.

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