Los universitarios críticos constituimos la “resistencia” de estudiantes y trabajadores

La desestructuración de la universidad se inició hace décadas, cuando la burocracia creció y creció para usurpar las funciones de los organismos colegiados de gobierno

Por Guadalupe Grajales

El martes en la Nocturna, un programa dedicado a la discusión de temas universitarios, los que participábamos, coincidíamos en que el Plan General de Desarrollo de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, llamado PDI, constituía un conjunto de medidas pensadas para desestructurar y desarticular la actual organización académica de la universidad y su consecuente organización de gobierno y formas de conducción y decisión. De ahí el propósito explícitamente señalado de modificar la legislación universitaria.

Coincidíamos también en que la desestructuración de la universidad se inició hace décadas, cuando la burocracia creció y creció para usurpar las funciones de los organismos colegiados de gobierno y la cooptación se implantó como el mecanismo corriente de control de cada universitario.

Cree esta administración que ya nada la puede detener para que su aparato burocrático, una Caribdis de mil cabezas, culmine con el secuestro definitivo de la genuina vida universitaria, cuyo sello principal es la libertad de pensamiento, de expresión y de acción.

Este grupo en el poder tiene décadas de entrenamiento en la suplantación de las múltiples actividades que los universitarios desempeñamos. Se volvieron expertos en el “pastoreo” de estudiantes, docentes y administrativos, a tal grado de que hoy los universitarios no distinguen al lobo debajo de esa piel de funcionario “eficiente”.

Ya Wittgenstein señalaba que lo más difícil de describir es lo que tienes delante de ti. Pareciera que con darle a leer al universitario el conjunto de metas propuestas en el llamado PDI, éste(a) de inmediato va a percibir lo dañino de tales medidas para preservar sus derechos, tanto universitarios como humanos.

Sabemos que el lenguaje se emplea para hacer muchas cosas y si algún uso le dan en este plan de 107 páginas es el de engañar, engatusar al universitario y pervertir el sistema público de enseñanza superior.

Por esta razón me parece esencial presentar a su consideración lo que a nuestro parecer se deriva de tales “metas”. ¿Por qué empleo el ‘nuestro’? Porque somos muchos los universitarios que pensamos así. Que pensamos que aun siendo perfectible, nuestra legislación preserva una forma democrática de organización que redunda en la posibilidad real de que cada universitario incida en las decisiones que marcarán su vida dentro y fuera de la universidad.

No somos personas disminuidas, incapaces de dirigir nuestras acciones en beneficio de nuestra comunidad. Todo lo contrario, somos personas absolutamente conscientes de la importancia de ejercer nuestras libertades y derechos para definir autónomamente nuestros fines y cómo alcanzarlos.

Y si miramos en nuestro derredor y nos encontramos con compañeras y compañeros que no ven las cosas como nosotros, de inmediato sentimos que nuestra obligación es plantearles nuestro punto de vista e invitarlos(as) a dialogar y a discutir los problemas que no han advertido, y de cuyas consecuencias desastrosas no se han percatado.

Estos universitarios críticos constituimos un grupo de “resistencia”, pues aunque parece que remamos en contra de la corriente, este remar se convierte en el modo de sostener, por encima de cualquier interés particular, la posición que identificamos con nuestro deber, el deber de sostener una opinión que tiene el peso de una obligación moral.

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