El escritor chileno avecindado en España fue una de las primeras víctimas de la Covid-19:

Una muerte inesperada que deja un gran vacío: Luis Sepúlveda

Periodista y viajero, Luis Sepúlveda escribió libros como El viejo que leía novelas de amor, Mundo del fin del mundo y Nombre de torero

Por Flor Coca

Revisando uno de mis libreros, encontré un libro fechado en 1992, fecha en que lo compré y los leí. Se llama: El viejo que leía novelas de amor. Me dio mucha tristeza encontrarlo, porque me remite a la muerte de su autor, nacido en Ovalle, Chile, en 1949.

Cuando comenzaba esta interminable y trágica pandemia en el mundo, leí la noticia de que Luis Sepúlveda, escritor, periodista chileno y entrañable viajero, había muerto. Fue el primer deceso por la enfermedad que se reportó en Asturias, España, lugar en el que residía. Regresaba de una reunión en Oporto, Portugal y resistió 48 días en terapia intensiva en un hospital, antes de despedirse el 16 de abril de 2020. No cabe duda de que esta enfermedad nos ha cambiado la vida. Poco a poco nos fuimos enterando de la muerte de hombres y mujeres que nos dieron música, literatura, ciencia, arte y ya no están con nosotros.

Recuerdo tres libros de Luis: El viejo que leía novelas de amor, Mundo del fin del mundo y Nombre de torero. Leí también que antes de ser escritor, Luís, hijo de un militante del partido comunista chileno, había tenido varios empleos, entre ellos el de ayudante de cocina y que narra magistralmente en Mundo del fin del mundo; hablando de un chico de 16 años que se embarca en un ballenero y es el ayudante de cocina que pela costales de papas y sirve desayunos y comidas día con día, mientras el barco está en el mar. Al leerlo conocí un poco de la geografía del mar del sur del continente, del mar que rodea Chile, en la voz del capitán Brandovic.

Sepúlveda, comunista convencido de que su color en la ideología sería siempre el rojo, participa en la lucha armada en Nicaragua y en Bolivia. En una entrevista con el diario La Vanguardia en 2017 dijo: “Cuando llegó el momento de combatir en Bolivia, muchos de nosotros fuimos a combatir allí. Y lo mismo cuando llegó el momento de echar una mano a los sandinistas para que hicieran su revolución en Nicaragua”.

Se convierte en otro momento en parte de la organización Greenpeace para salvar a las ballenas de las crueles prácticas de los barcos balleneros para atraparlas y matarlas. Es también un promotor de la lectura con la publicación de autores clásicos para que llegaran a todos los barrios de Chile en el gobierno de Salvador Allende. En 1973, en el infausto golpe de estado en su país, Luis, como miles de chilenos, fue aprehendidos. Después de dos años y medio en la prisión, Luís desaparece y, un año después, comienza su exilio. Llega a Alemania y vive en distintos países, para establecerse finalmente en España. A Chile, nunca regresa.

Al volver a mis recuerdos, pienso en el viejo, el que leía novelas de amor. Antonio José Bolivar Priaño, que habitaba en un pueblo alejado de todos, en el que entrelaza una relación con los indios Shuar que le transmiten el respeto que en esa comunidad tienen por las personas y los animales. Sepúlveda vivía sus personajes, porque había vivido como ellos, no es autobiografía, es su historia. Y en la novela, el viejo Antonio se convierte en uno de ellos, se integra al lugar como si siempre hubiese pertenecido a él. Y la selva es invadida y quienes viven en ella, reaccionan con furia, sobre todo los animales que son agredidos, por quienes solo buscan los beneficios económicos.

Antonio es convocado para, con su conocimiento de la selva, ayudarlos cazar a los animales que furiosos buscan venganza, pero que han sido agredidos. Pero él tiene otra tarea que llena su vida. Antonio vive solo, pero no está solo, lo acompaña todos los días la lectura de sus novelas de amor que, en la soledad, le daban sentido a su vida. Disfrutaba cada palabra e iba formando frases para leer poco a poco, sin prisas, paladeando su novela y el saber que podía leer, se convirtió en el placer más importante en su vida.

Proaño, tenía sesenta o setenta años, no lo sabía bien, pero estaba convencido de que los viejos también tenían sueños. Y esos sueños podrían cambiar su vida.

Los mares, los barcos y la selva extrañarán a Luís Sepúlveda que sin duda es uno de los autores latinoamericanos más importantes. Su vida de viajero incansable, luchador por el socialismo en su país, por la libertad de América Latina, activista para evitar la muerte de ballenas en Greenpeace. Sin duda Luís tuvo una intensa vida, llena de acontecimientos importantes, de vivencias que la fueron llenando.

La organización Greenpeace lamentó profundamente su deceso, como miles de sus lectores en todo el mundo.

«Luis Sepúlveda fue un buen amigo de nuestra organización. Llegó a formar parte de los equipos de corresponsales de la tripulación de nuestros barcos en los años 80 destacando su lucha por el cuidado de ballenas y de la fauna marina, así como también de nuestros bosques a nivel mundial. Su libro El mundo del fin del mundo es una historia a bordo de nuestro barco Rainbow Warrior y está dedicado a sus tripulantes. En él aborda la lucha de los pueblos originarios y los activistas ambientales en la protección de las ballenas y su hábitat, campaña que continúa en la Patagonia hasta nuestros días, expresó la organización, el día de su muerte.

Greenpeace

Para fortuna de los seres humanos, los libros no desaparecen, siguen con nosotros y cualquier tarde, cualquier noche, podemos regresar a ellos y volver a vivir las historias.

Yo lo imagino sentado en un barco y disfrutando de las olas, viendo a lo lejos a las ballenas, mientras piensa en la selva chilena y como cuidarla. Mientras piensa en su próximo viaje y en las novelas de amor del viejo Antonio.

Incansable viajero, nos deja sus palabras para recordarlo.


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