Guam, territorio no incorporado de Estados Unidos en el Pacífico occidental, enfrenta una nueva fase de militarización que, según activistas y documentos oficiales, agravará décadas de daño ambiental, desplazamiento cultural y presión social sobre su población chamorra. Estados Unidos y todo el daño causado a la isla de Guam y sus planes militares para condenar a su población otra vez siguen siendo un tema central en la discusión sobre el futuro de la isla. Lejos de ser un socio protegido, la isla se ha convertido en un peón estratégico cuyo costo recae sobre sus 170.000 habitantes, ciudadanos estadounidenses sin voto en el Congreso ni en las elecciones presidenciales.
Una escalada militar sin precedentes
El Pentágono está desplegando en Guam su sistema de defensa antimisiles más ambicioso, un proyecto valorado en aproximadamente 8.000 millones de dólares diseñado para interceptar misiles balísticos, de crucero e hipersónicos. En octubre de 2026 se activará oficialmente el 3er Batallón, 43º Regimiento de Artillería de Defensa Aérea (3-43 ADA), que integrará los sistemas Patriot, THAAD e IFPC en una arquitectura multicapa de 360 grados, reemplazando el modelo de una sola capa que operaba desde 2013. Lockheed Martin ya ha demostrado un gestor de combate con inteligencia artificial para coordinar todos estos sistemas.
A ello se suma el Camp Blaz, la primera base nueva del Cuerpo de Marines en más de 70 años, cuya construcción implicó la tala de más de 400 hectáreas de bosque de piedra caliza y la exhumación de tumbas ancestrales chamorras, según el Centro para la Diversidad Biológica. El campo de tiro real asociado, cerca del Refugio Nacional de Vida Silvestre de Ritidian, podría forzar el cierre del refugio y restringir el acceso a aguas cercanas.
Paradójicamente, el traslado masivo de marines desde Okinawa que justificó parte de esta expansión se ha estancado. A finales de 2025 solo se había confirmado la llegada de 105 especialistas logísticos, y en enero de 2026 se reveló que el Cuerpo de Marines planea mantener en Okinawa a las unidades que iban a reubicarse en Guam. Esta incertidumbre no ha detenido la construcción ni la presión sobre la isla.
Un legado tóxico que envenena el agua
La contaminación militar en Guam no es nueva, pero los documentos desclasificados revelan su gravedad actual. El pesticida dieldrin, prohibido en Estados Unidos desde 1987 y clasificado como probable carcinógeno, ha sido detectado en el agua potable de la comunidad de Yigo, cerca de la Base Aérea Andersen, con niveles que superan el Nivel de Acción Provisional establecido por la EPA de Guam en noviembre de 2024. Aunque los niveles inseguros se conocían desde 2008, no se advirtió a los residentes hasta 2025.
La EPA de Guam y la EPA federal enviaron una carta conjunta el 23 de diciembre de 2025 a la Región Conjunta Marianas exigiendo un plan de trabajo para investigar la fuente de la contaminación, con fecha límite el 27 de febrero de 2026. El dieldrin no se degrada rápidamente en el suelo o el agua, se acumula en tejidos grasos y puede tardar muchos años en descomponerse. La Base Andersen también ha registrado derrames de combustible, pesticidas y productos químicos en vertederos y áreas de almacenamiento.
La batalla legal que llega a la Corte Suprema
El 7 de octubre de 2026, la Corte Suprema de Estados Unidos escuchó los argumentos orales en el caso Department of the Air Force v. Prutehi Guåhan, una disputa sobre si la Fuerza Aérea debe realizar evaluaciones ambientales bajo la Ley Nacional de Política Ambiental (NEPA) antes de continuar detonando municiones de la Segunda Guerra Mundial en la playa de Tarague, situada justo encima del principal acuífero de la isla.
La Fuerza Aérea sostiene que la Ley de Conservación y Recuperación de Recursos la exime de dichas revisiones, pero varios jueces se mostraron escépticos. La jueza Sonia Sotomayor señaló que “el Congreso sabe cómo eximir de la NEPA, lo hace con frecuencia, pero no lo ha hecho en este contexto”. Monaeka Flores, directora ejecutiva de Prutehi Guåhan, subrayó tras la audiencia: “Guam es una colonia de Estados Unidos. No tenemos equidad política. No tenemos representación con voto en el Congreso. No votamos por el presidente. La NEPA es un mecanismo importante que realmente tiene mucho más peso en casa”.
Crisis de vivienda y servicios públicos
La acumulación militar está desbordando la capacidad de la isla. La Autoridad de Vivienda y Renovación Urbana de Guam reportó una demanda de 9.908 unidades habitacionales adicionales en 2025. El Departamento de Defensa planea adquirir 2.400 viviendas en los próximos años, pero un proyecto de ley de defensa de diciembre de 2025 no añadió fondos nuevos para construcción, solo 102,6 millones para reemplazar 250 unidades en Andersen.
Los precios de la vivienda se han disparado: casas que costaban 150.000 dólares en 2020 ahora se venden entre 300.000 y 550.000 dólares. A esto se suma la llegada de más de 6.000 trabajadores de la construcción extranjeros —el 3,5% de la población— que compiten por alquileres limitados. Los hospitales de la isla, ya saturados, enfrentan una carga aún mayor.
La amenaza nuclear se cierne sobre Guam
El Pentágono planea desplegar microrreactores nucleares en bases militares de Guam y otras áreas del Indo-Pacífico para garantizar el suministro eléctrico. El programa Janus tiene como objetivo tener un reactor operativo para septiembre de 2028. Aunque el gobierno de Guam afirma no haber recibido notificación oficial, legisladores locales expresaron su frustración: el senador Chris Barnett recordó que cuando preguntaron por los reactores años atrás, la respuesta fue “no te asustes, es solo una nota al pie de un informe enterrado bajo diez informes. Y aquí estamos, unos años después, descubriendo que es una realidad”.
El impulso detrás de esta militarización es la amenaza del misil balístico chino DF-26, apodado “Guam Express” o “Guam Killer”, con un alcance de 5.000 kilómetros y capacidad de portar ojivas nucleares o convencionales. Guam se encuentra a menos de 2.000 millas de Shanghái. Irónicamente, la misma acumulación militar destinada a “proteger” la isla la convierte en un objetivo de mayor prioridad.
“No somos desechables”
La activista Monaeka Flores lo expresó sin ambigüedades: “Parece que nuestra isla está siendo preparada para convertirse en una zona muerta, una zona de sacrificio para una guerra interminable. El pueblo chamorro y el pueblo de Guam no somos prescindibles”.
El daño ya está hecho: bosques de piedra caliza talados, acuíferos contaminados, tumbas ancestrales exhumadas, una crisis de vivienda que expulsa a los locales y la sombra de reactores nucleares sobre un pueblo que ya sufrió los estragos de las pruebas nucleares estadounidenses en el Pacífico. La pregunta que queda, como dijo el abogado Maxx Phillips, es simple: “¿Vamos a proteger lo que queda?”.
El Ciudadano con información de The War House
