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Millones de trabajadoras domésticas exigen reivindicación laboral en EE. UU.

Una comitiva de trabajadoras domésticas de Estados Unidos visitó este jueves el Capitolio para pedir que este año se apruebe una legislación que establezca un marco nacional de derechos laborales, una medida que sacaría a estas empleadas de la «vulnerabilidad».

La movilización para reunirse con varios congresistas, reseñada por la agencia EFE, busca avanzar hacia la creación de la primera Carta de Derechos para las Trabajadores del Hogar en país, siento éste su objetivo para 2019.

La Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar visitó Washington para reclamar a los legisladores del país que fijen derechos nacionales para este colectivo, conformado por más de dos millones de empleados, en su inmensa mayoría mujeres.

La senadora por California, Kamala Harris, y la representante de la Cámara Baja, Pramila Jayapal, acompañaron a las empleadas domésticas y aseguraron que, con la nueva mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, impulsarán un proyecto legislativo para sus derechos laborales, reseña la agencia EFE.

“Cuando hablamos de las voces de los vulnerables, no nos referimos a gente débil, estas mujeres son personas con una gran fuerza que ahora reclaman los derechos y la dignidad que se merecen”, sostuvo Harris.

Harris promueve, junto a Jaypal, la Carta Nacional de Derechos de las Trabajadoras del Hogar, un proyecto que esperan debatir en el Congreso durante este período legislativo.

“Ahora tenemos la mayoría y vamos a mover esta legislación, no es una aspiración demócrata, es algo positivo para todos”, declaró Jaypal, en una intervención posterior a la de Harris.

La senadora demócrata Kamala Harris.

Actualmente, ocho estados y una ciudad incluyen protecciones legislativas para este colectivo, que ahora pretende que los representantes políticos a nivel nacional aprueben una normativa fija e igual para todo el país.

Logro histórico

Las trabajadoras domésticas en Estados Unidos afrontan con ilusión la que puede ser la mayor conquista de «dignidad» del sector a nivel nacional.

Analistas comparan esta lucha con los avances en protección laboral que se alcanzaron durante el New Deal del expresidente Franklin D. Roosevelt (1933-1945).

El pasado 1 de septiembre, el Senado de Nueva York fue el primero en aprobar un proyecto de Ley de Derechos de las Trabajadoras Domésticas, con 33 votos a favor y 28 en contra.

El instrumento garantiza estándares laborales básicos, tales como pago de horas extra, descanso semanal, vacaciones y días libres por enfermedad, protección contra la discriminación e indemnización por despido.

La Asamblea del mismo estado aprobó una medida similar el año pasado. Una vez que se fusionen ambos textos, el gobernador David Paterson sancionará la ley.

Es un logro de años de esfuerzos de los activistas por los derechos de las trabajadoras domésticas. Después del primer Foro Social, celebrado en junio de 2007, la organización Trabajadoras de Casa Unidas se unió a otros 13 sindicatos para formar la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas.

En la actual coyuntura, Ai-jen Poo, directora ejecutiva de la Alianza de Trabajadoras del Hogar, se mostró “esperanzada” de aprobar esta iniciativa legislativa en el nuevo Congreso, ya que, según defendió, “la demanda de trabajo doméstico es cada vez mayor” y sus trabajadores deben desarrollar esa actividad en condiciones “dignas”.

Actualmente, activistas realizan campañas para que se apruebe la legislación en los ámbitos estadal, nacional e internacional. También esperan que al instituir protecciones en el lugar de trabajo, los abusos y la explotación de las empleadas domésticas finalmente lleguen a su fin.

Domésticas de película

Ai-jen Poo acompañó al director de cine Alfonso Cuarón en los premios Globos de Oro de este año, junto al equipo de la película Roma, por su dedicación al colectivo de las empleadas domésticas.

Precisamente hoy, la empresa coproductora del filme, Participant Media, invitó a legisladores, activistas y a la comitiva de empleadas a una proyección posterior de Roma, puesto que narra la historia de una mujer indígena que se desempeña como trabajadora del hogar para una familia clase media.

Una como todas

Rosa Sanluis, una mexicana que llegó a Estados Unidos en 1988, trabajó durante más de dos décadas sin amparo ante casos de abusos y explotación y sin protección siquiera del salario mínimo.

Aseguró a EFE que es necesaria una «carta de derechos» nacional que logre homogeneizar y proteger las condiciones laborales del sector.

«Necesitamos la carta de derechos, porque nos traería respeto y dignidad, y sobre todo el reconocimiento que merecemos como cualquier otro trabajador», manifestó.

La carta de los derechos a la que hace referencia esta mexicana es la presentada recientemente por  las 2 legisladoras demócratas y la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar.

«Aquí en el área ―continúa― somos muchas las que no tenemos documentos y entonces los patrones abusan del estatus migratorio para no pagar el mínimo».

Fin de la explotación

Tradicionalmente ha sido difícil evaluar el alcance de la explotación a este sector de la fuerza laboral, debido a la naturaleza privada de la actividad. Sin embargo, según los datos más recientes, tomados de un estudio de Trabajadoras de Casa Unidas de 2006, titulado “Home is Where the Work Is” (‘El hogar está donde está el trabajo’), alrededor de la mitad de las 500 trabajadoras entrevistadas ganaban salarios bajos, y el 26 % cobraba por debajo de la línea de la pobreza.

Además, el 67 % de las consultadas no cobra horas extra, y solamente una de cada 10 tenía cobertura de salud. Los salarios del 60 % de estas trabajadoras constituyen el principal ingreso de sus familias.

Estas pésimas condiciones afectan desproporcionadamente a mujeres, inmigrantes y representantes de otras razas: 99 % de las que trabajan en el servicio doméstico son extranjeras, 95 % son negras o tienen otro color de piel distinto al blanco, y 93 % son mujeres.

Los activistas creen que la explotación del personal doméstico está arraigada en la cultura estadounidense, y que para mejorar las condiciones laborales, la industria debe reinventarse en su totalidad.

Exclavitud moderna

Ninaj Raoul, directora ejecutiva de la organización no gubernamental Haitian Women for Haitian Refugees (‘Mujeres haitianas para refugiados haitianos’), explica que “la sociedad ha sido condicionada para pensar que una trabajadora doméstica no es una trabajadora real, y que el trabajo doméstico no es trabajo real”.

Esto equivale a una “esclavitud moderna”, dijo, que se origina en que los empleadores no ven a su personal doméstico como un ser humano, sino “como un inmigrante que simplemente debería estar feliz de tener un trabajo”.

Jill Shenker, principal organizadora de la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas, asegura que el trabajo doméstico “es subvalorado tanto social como políticamente, y eso tiene un impacto increíble en la vida cotidiana de la gente”. Según ella, uno de los mayores problemas es que quienes emplean a trabajadores domésticos no se ven a sí mismos como empleadores.

Muchos activistas consideran que los parlamentarios también son un gran obstáculo para que se aprueben los derechos del personal doméstico.

Linda Oalican, de la Damayan Migrant Workers Association (‘Asociación Damayan de Trabajadores Migrantes’), que representa a trabajadoras filipinas, afirma que “muchos de los legisladores son hombres que pertenecen al sector de la sociedad conformado por los empleadores, y serán directamente afectados por el proyecto de ley”.

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