ENTREVISTA

«La próxima guerra con EEUU será corta y devastadora», prevé analista iraní en medio del aumento de las tensiones

Seyed Mostafa Khoshcheshm dice que Trump perdió la "táctica del loco", que la respuesta iraní irá más allá de la región y que la tercera ronda será la última.

«La próxima guerra con EEUU será corta y devastadora», prevé analista iraní en medio del aumento de las tensiones

Vía Brasil de Fato.- En Teherán y en Washington, la expectativa es la misma: una nueva ronda de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán puede comenzar justo después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.

El sábado 31, el Líder Supremo, Mojtaba Jamenei, se reunió por primera vez con el alto mando de las Fuerzas Armadas y ordenó que cualquier amenaza reciba una respuesta «inmediata, eficaz y sin limitación geográfica», según el Tehran Times.

En Washington, el propio establishment duda del plan. El Financial Times escuchó a exjefes militares estadounidenses para quienes ninguna de las opciones de ataque derribaría al gobierno iraní, y el Servicio de Investigación del Congreso ya cuenta 81 aeronaves estadounidenses perdidas o dañadas y 21 militares muertos.

Fue en ese clima que Seyed Mostafa Khoshcheshm, analista sénior y estratega iraní, recibió a Brasil de Fato en la sede de Fars Media, en Teherán, a mediados de octubre.

Conversamos durante casi dos horas, entre tés y dulces iraníes, y no escatimó predicciones. «Será una guerra más corta que la anterior, del lado estadounidense, pero mucho más fuerte», dijo.

«Esta vez, Irán cree que no debe haber límites, e intentará imponer el mayor costo posible a Estados Unidos.» Tres semanas después, la orden de Jamenei sonó como un eco de aquella conversación.

Para Khoshcheshm, Donald Trump perdió el arma que siempre usó. «Él siempre venció a sus adversarios mediante la escalada, la táctica del loco. En esta ronda, perdió esa carta. Ahora es Irán el que abraza la escalada para poner fin a todo.»

La respuesta iraní, advierte, llevaría la guerra al océano Índico y a «países que nunca imaginarían», con misiles y drones que Irán todavía no ha usado fuera de las pruebas.

Es una lectura que escuché más de una vez en Teherán: la de que la tercera ronda será la última, y que «uno de los lados se impondrá y terminará con todo».

La explicación más fuerte de la confianza iraní, sin embargo, no la busca en los arsenales, sino en la fe. Cuenta que, en su barrio, en el este de Teherán, los vecinos decían frente a las casas bombardeadas: «Esto no es nada comparado con lo que pasó Hussein».

Nieto del profeta Mahoma, el Imam Hussein fue muerto en el año 680, en Karbala, en el actual Irak, con un puñado de compañeros frente a un ejército mucho mayor, y su martirio es el corazón de la identidad chiita.

Para Khoshcheshm, esa es la clave que Occidente nunca entendió.

–Mucha gente aquí en Teherán esperaba un ataque antes de las elecciones en EE. UU., el 3 de noviembre, y usted predijo una tercera guerra, más devastadora y que iría más allá de la región. ¿Cuál es el cálculo de Israel y de Estados Unidos? ¿Y cómo debería reaccionar Irán?

Donald Trump no siempre piensa de forma sobria o estratégica, así que podía atacar incluso antes de la elección, pero era mucho más probable que lo hiciera después, sobre todo si perdía. En ese caso, como los representantes actuales siguen en el cargo dos meses más, probablemente atacará a fines de noviembre o a comienzos de diciembre.

Creo que será una guerra más corta que la anterior, del lado estadounidense, pero mucho más fuerte. Sea cual sea el ataque, guerra total, asesinatos selectivos o ataques puntuales, la respuesta iraní será una guerra total, que se extenderá mucho más allá de la región, más allá de Yemen, de Bab al-Mandab [estrecho entre Yemen y el Cuerno de África, puerta de entrada al mar Rojo] y del propio Eje de la Resistencia [alianza regional liderada por Irán, con el Hezbolá libanés, el Ansarullah yemení, milicias iraquíes y grupos palestinos].

Irán está decidido a poner fin a esta guerra. Habrá una tercera ronda, tal vez en los próximos uno o dos meses, y será la última. Uno de los lados se impondrá y terminará con todo.

–¿En qué fase está ahora la guerra?

Hemos tenido varias fases. La primera fue la de la decapitación, el ataque inicial estadounidense, que fracasó. Después vino la fase del segundo golpe, la respuesta iraní. Luego vino el Acuerdo de Islamabad [el alto el fuego de abril de 2026, negociado con mediación de Pakistán], que abrió la tercera fase, la de la resistencia económica y política de ambos lados.

Ahora comenzamos la cuarta: los dos lados se están preparando para la última ronda, una guerra muy sangrienta. Cada lado quiere decidir tres cosas. La primera es cuándo empieza la guerra. La segunda es dónde se librará: Estados Unidos quiere limitarla a Irán, e Irán quiere ampliarla. La tercera es a qué costo.

–Cuando usted dice «más allá de la región», ¿puede ser, por ejemplo, la base estadounidense de Diego García [en el archipiélago de Chagos, en el océano Índico], o incluso Europa?

No puedo decir eso, pero puedo decir que se sorprenderán al ver a Irán en lugares donde nunca estuvo. Se verán obligados a combatir a Irán en el océano Índico, en mares lejanos, en países que nunca imaginarían.

Irán usará al máximo lo que tiene, incluidas las últimas generaciones de misiles y drones, que todavía no ha usado de forma amplia, solo en pruebas.

Y está el costo. En las guerras anteriores, la de 12 días [junio de 2025] y la de 40 días [de febrero a abril de 2026], Irán quiso controlar la escalada, con respuestas que no fueran lo bastante dolorosas como para provocar una guerra más amplia. Esta vez, Irán cree que no debe haber límites, e intentará imponer el mayor costo posible a Estados Unidos.

Estados Unidos lo sabe. No tolera, por ejemplo, el cierre total de Bab al-Mandab, que hoy está cerrado solo para los barcos saudíes. Si traen a británicos y franceses, que prometieron participar en operaciones defensivas, creo que no vendrán a Ormuz, sino que se posicionarán en torno a Bab al-Mandab para defender la energía saudí.

Si hacen eso, Bab al-Mandab será cerrado por los propios yemeníes, que hoy son más capaces que nunca, después de sus victorias recientes.

Irán advirtió que, esta vez, sus respuestas serán desproporcionadas. Cuando atacas un petrolero, tienes mucho cuidado de no matar a los marineros, porque el objetivo es solo sacar el barco de su ruta. En una guerra total, no se puede garantizar nada. Habrá mucha sangre.

Donald Trump siempre venció a sus adversarios mediante la escalada, la táctica del loco. En esta ronda, perdió esa carta. Ahora es Irán el que abraza la escalada para poner fin a todo. Hasta hace algunas semanas, cada vez que Irán atacaba barcos que intentaban cruzar el estrecho ilegalmente, había respuesta estadounidense. Hace semanas que Irán castiga a petroleros, y Estados Unidos no responde.

Eso muestra que no quieren una escalada hacia lo desconocido. Será una guerra más corta también porque Estados Unidos ya no tiene municiones. Pero será devastadora.

–Una de las capas de la estrategia iraní es la guerra económica, que golpea a Estados Unidos, a Occidente y también a aliados asiáticos, como Japón y Corea del Sur. Pero Irán también sufre: las exportaciones de petróleo cayeron, hay inflación. En el terreno militar, incluso think tanks estadounidenses dicen que Irán lleva ventaja. ¿Y en el económico, cuánto aguanta Irán en los próximos tres o cuatro meses?

Depende del punto de vista. Según Scott Bessent [secretario del Tesoro de EE. UU.], ya íbamos a colapsar ayer, y no colapsamos. Irán está bajo sanciones desde hace cuatro o cinco décadas y aprendió a sortearlas, a veces en silencio, a veces haciendo ruido a propósito.

Irán es un país enorme, con 80 a 90 millones de habitantes, y limita con 15 países, nueve de ellos por tierra. A un país así no se le cerca de verdad.

Desde que empezó el cerco, después del Acuerdo de Islamabad, Irán tomó muchas iniciativas para activar sus fronteras terrestres, con Pakistán, Afganistán, Azerbaiyán, Turkmenistán, Rusia, Turquía e Irak. El transporte ferroviario y por carretera avanzó, y todavía no se ha aprovechado todo ese potencial.

-Incluido el ferrocarril que viene directo desde China.

Exactamente. Eso no quiere decir que no haya dolor. Las sanciones duelen, pero los iraníes aprendieron a soportarlo y a seguir con su vida normal. Basta mirar las calles de Teherán: la gente hace compras, va a las tiendas. Dignatarios extranjeros, europeos, vienen aquí y se sorprenden.

Un alemán les dijo a nuestras autoridades que no entendía cómo la vida seguía normal, porque la imagen que ellos tienen de un país en guerra es la del sur del Líbano, de Siria, de Gaza.

La inflación es alta, la guerra tiene costos, nadie lo niega. Pero esta guerra elevó el umbral de tolerancia de los iraníes y los ayudó a dejar de lado sus diferencias.

Ante una amenaza extranjera, algunas naciones se dividen y caen. Otras se unen en torno a la bandera, como hace el pueblo aquí todas las noches. Las noches en que lanzamos misiles, las calles están mucho más llenas.

Los iraníes tienen 7.000 años de civilización y 2.500 años de imperio. Pasaron por la invasión mongola, por la invasión y ocupación árabe, y saben resistir y devolver el golpe. Irán tiene varias cartas que todavía no ha jugado, mientras que Estados Unidos las jugó todas: ataques cibernéticos, asesinatos, bombardeos, el asesinato de generales, líderes y científicos, el bombardeo de ciudades e incluso de escuelas, como la de Minab [ciudad de la provincia de Hormozgán, en el sur de Irán].

Por eso, los iraníes creen que una tercera ronda sería buena para ellos: cerraría la historia, y ellos vencerían. Esa creencia ayuda a soportar la dificultad económica.

–Estuve aquí en noviembre del año pasado y noto que la gente está mucho más confiada ahora. En aquel momento, habían sobrevivido a la guerra de 12 días, pero la economía iba mal, y en diciembre hubo protestas, al principio legítimas, reconocidas por el propio Líder [el ayatolá Ali Jamenei, Líder Supremo desde 1989 hasta que fue muerto en el ataque de febrero de 2026], y después capturadas por Occidente y por los sionistas. La situación hoy es más complicada, pero la gente dice: «Vamos a sobrevivir, los dirigentes saben qué hacer». ¿Por qué?

Porque pasaron por dos guerras seguidas. En la primera perdieron a sus principales generales, y en la segunda, la de 40 días, perdieron al Líder.

A veces, perder al líder hace que un pueblo se derrumbe y se rinda, y ese era exactamente el plan de Donald Trump. Otras veces, eso moviliza al pueblo a buscar venganza, y fue lo que ocurrió el segundo y el tercer día.

El martirio del Líder fue un choque, pero, en lugar de quedarse pasivos, los iraníes salieron a las calles en busca de venganza, reclamando su sangre, y siguen haciéndolo.

Eso tiene raíz en la ideología iraní. Si usted analiza solo la política y la economía, como haría con cualquier otro país, Irán debería haber caído entre el primer y el quinto día de la guerra de 12 días del año pasado, o de la guerra de 40 días de este año.

No cayó por dos vertientes ideológicas. La primera es el islam chiita y la historia del Imam Hussein [nieto del profeta Mahoma y tercer imán de los chiitas] en Karbala [batalla del año 680, en el actual Irak, en la que Hussein y sus compañeros fueron muertos por el ejército del califa].

La segunda es la identidad iraní: basta mirar los mitos iraníes para ver que muchos iraníes ya eran así hace dos mil años, antes del islam. Por eso abrazaron el chiismo y al Imam Hussein con tanto calor: es lo mismo.

–¿Qué mitos son esos, y cómo se encuentran con la cultura chiita y con la historia de Hussein?

La historia del Imam Hussein tiene un papel más fuerte en la resistencia iraní, por supuesto. Pero, antes de ella, la civilización iraní tuvo altibajos, y había mitos que los iraníes adoraban. Uno de ellos es Ariobarzanes (Ariobarzan en persa; el nombre que usamos en español viene del griego).

Los iraníes se enorgullecían de sus victorias, del imperio, de haber tenido medio mundo. Pero ¿por qué Ariobarzanes? Porque es un héroe del tiempo de la derrota. Cuando Alejandro [Magno, rey de Macedonia, que conquistó el Imperio persa entre 334 y 330 a. C.] enfrentó al ejército aqueménida [de la dinastía fundada por Ciro el Grande] y los iraníes perdieron la guerra, hubo un comandante que no había perdido ninguna batalla.

Recibió la orden de retirarse porque todo el ejército había sido derrotado. Los demás fueron al centro de Irán, a la provincia de Fars. Él no: fue hacia el oeste.

Para invadir Irán, Alejandro necesitaba atravesar los montes Zagros, por un valle muy estrecho rodeado de montañas altas, que todavía existe, en la actual provincia de Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad. Ariobarzanes tenía, creo, unos mil soldados. Subió a las montañas y esperó a un ejército de decenas de miles, y lo detuvo.

Se esperaba que resistiera un día, dos, una semana; resistió un mes, hasta quedarse sin lanzas, espadas, piedras, fuego, cualquier arma. Alejandro terminó encontrando un camino hasta lo alto.

Ariobarzanes y sus hombres podrían haber huido a Persépolis [la capital ceremonial del imperio], pero no huyeron. Con las decenas de hombres que le quedaban, desarmados, atacaron a aquel ejército con sus propias manos, cuerpo a cuerpo. Morían cuatro o cinco de ellos para matar a un soldado de Alejandro. Eso es coraje.

–Parece la historia de Hussein.

Sí. Cuando digo que la identidad iraní ayudó a los iraníes a abrazar el chiismo y al Imam Hussein, no es algo que haya ocurrido de la noche a la mañana. Tiene raíces en la historia.

Los iraníes se enorgullecen de lo que conquistaron, pero se enorgullecen más de Ariobarzanes. La historia de Hussein es mucho mayor, con muchas más implicaciones: eran pocos y fueron masacrados por el ejército de Yazid [segundo califa omeya].

Esa admiración existe entre todos los iraníes, incluso entre los que no son chiitas. Tenemos una gran población sunita que admira al Imam Hussein. Conozco personalmente a cristianos, armenios y otras minorías que salen a las calles en Muharram, el luto anual por Hussein. Se quedan en las aceras, lloran y hacen donaciones en su nombre.

Dicen: «No queremos ser musulmanes, tenemos nuestra religión, pero amamos a Hussein y a Abbas, su medio hermano. Para nosotros, él es como Jesucristo».

Eso se vio en esta guerra. En mi barrio, en el este de Teherán, los estadounidenses parecen tener una cuota diaria: bombardearon varias veces al día, en las dos guerras, matando a mucha gente.

Ya en los primeros ataques, documentalistas corrieron al lugar y, para mi sorpresa, encontraron a los vecinos frente a sus casas diciendo: «Gracias a Dios estamos vivos. Esto no es nada comparado con lo que pasó Hussein. Vamos a reconstruir, y nos quedamos aquí hasta reconstruir, por Hussein».

Desde hace años, en las ceremonias anuales, dicen: «Ojalá hubiera estado en Karbala aquel día, hace 14 siglos». Ahora se ven en Karbala, con la oportunidad de hacerlo.

Esa es la diferencia. Por eso Donald Trump pudo secuestrar a Maduro [el Presidente venezolano Nicolás Maduro, capturado por fuerzas estadounidenses en enero de 2026] en Venezuela y cambiarlo todo sin costo, y aquí fracasó. Imaginó que haría lo mismo.

Se lo digo a la prensa internacional desde hace dos décadas: ustedes creen que tienen orientalistas, que se saben de memoria la historia del Imam Hussein, pero fracasan en quebrar la resistencia iraní precisamente por él. Si entienden eso, entenderán por qué fracasaron una y otra vez.

No se avanza con presión, sean sanciones, sean guerras. A menos que nos maten a todos, los iraníes no se van a someter. Aprendieron de miles de años de invasiones: siempre que se rindieron, no quedó nada de Irán, perdieron territorio, fueron masacrados.

-¿La gente también pide una respuesta más dura?

Muchos se quejan: «¿Por qué no mostramos lo que tenemos? Pongamos fin a las atrocidades de Israel y de Estados Unidos». Y piden la bomba atómica más que nunca.

–¿Qué porcentaje de la población apoya hoy la bomba atómica?

No lo sé, tendría que ver encuestas confiables, y no una o dos. Pero ese discurso hoy va mucho más allá del sector revolucionario de la sociedad. Otros dicen: «Nos guste o no, gastamos mucho y pagamos mucho por este programa nuclear pacífico, y no nos van a dejar llevarlo adelante. Por lo visto, no nos dejaron otra opción que construir la bomba».

Nadie se atreve a atacar a Corea del Norte. El propio Trump dijo que tiene que decirle «sí, señor» al líder coreano, y que, si Irán tuviera la bomba, tendría que tratarlo de forma completamente diferente.

Irán nunca quiso la bomba atómica. Existe una fatwa [decreto religioso de Ali Jamenei que prohíbe las armas nucleares], y la posición de las élites iraníes era: no la necesitamos. La bomba es del siglo XX. En el siglo XXI, se recurre a formas de guerra híbrida que no dejan responsabilidad, como los ataques cibernéticos, como las guerras biológicas.

Nosotros no queremos hacer eso, pero, de todos modos, la era de la disuasión nuclear se acabó: nosotros atacamos a Estados Unidos, un Estado con armas nucleares, y atacamos a Israel, un régimen con armas nucleares. La teoría de la disuasión nuclear tiene que ser revisada precisamente por lo que Irán hizo contra ellos.

Pero la disuasión nuclear todavía da cierta seguridad frente a un ataque nuclear. Y eso es lo que dicen ahora los iraníes, incluidas las élites y la clase instruida: «No queríamos, pero no nos dejaron otra opción. Si es para acabar con todo, necesitamos la bomba». Es un producto de la guerra estadounidense contra Irán.

El debate cambió por completo: hace dos años, una parte importante de la sociedad, e incluso del propio campo revolucionario, decía que no quería la bomba. Hoy es lo contrario.

–Cuando usted habla del sector revolucionario de la sociedad, ¿de cuánto estamos hablando?

No hay cifras confiables. Pero una cosa es segura: en las concentraciones nocturnas, sobre todo en los primeros uno o dos meses, se podía ver por la apariencia que todas las clases de la sociedad estaban en las calles.

Hay muchas entrevistas, fotos y videos que muestran que incluso quienes no siguen el código islámico de vestimenta estaban allí. ¿Por qué? Porque están defendiendo el país. Creen que Estados Unidos e Israel no son enemigos solo de la República Islámica, sino de Irán.

Eso ocurre también fuera del país, en la diáspora. Muchos están volviendo desde el fin de la guerra de 12 días. Y otra parte de la gente, por así decirlo, fue esclarecida por el ataque.

Antes, culpaban a la República Islámica por varias razones, bajo el efecto del imperio mediático de la oposición, de canales como Iran International y la BBC Persa [emisoras de televisión en persa con sede en Londres], que hacían operaciones psicológicas.

-Existen muchos canales en persa en el exterior, ¿no?

Entre 200 y 400, según cómo se cuente. Es un récord mundial, un récord de guerra. Esos canales decían, por ejemplo, que el Líder Supremo estaba escondido a 60 o 100 metros bajo tierra. Le atribuían a él lo que hacía Netanyahu, o decían que había huido.

Cuando fue martirizado en su despacho, mucha gente cambió. Esas personas decían ante las cámaras: «Oímos que estaba escondido, y ahora nos conmueve saber que estaba en su despacho y fue martirizado». Yo lo llamo una era de esclarecimiento.

Había fisuras antes, pero ahora la gente tolera las diferencias y se une en torno a la misma bandera. Eso amplió el campo de los que creen. El Líder martirizado siempre decía: «Crea o no en el sistema, vote». Su martirio abrió ese camino: muchos se reconciliaron con el sistema.

Una señal de ello son las divisiones profundas en la oposición liderada por los monárquicos de Reza Pahlavi [hijo del último sah, que vive en EE. UU.]. Ahora pelean entre ellos, incluso los monárquicos entre sí. Opositores conocidos, refugiados desde hace décadas en Europa y Estados Unidos, dijeron públicamente que quieren volver al país. Se dieron cuenta de que lo que decían desde hace 5 décadas, que la República Islámica iba a caer pronto, era un mito inventado por ellos mismos.

Esta fue mi tercera guerra. La primera fue contra Sadam Husein [la guerra Irán-Irak, de 1980 a 1988], y antes hubo la revolución. Las reacciones son las mismas. La generación de hace cinco décadas reaccionó así en la revolución y en la guerra contra Sadam. Los jóvenes de hoy nacieron hace 20 o 30 años, se modernizaron, pero se comportan exactamente de la misma manera.

–¿Entonces la última vez que el país tuvo esta unidad fue a fines de los años ochenta, en la guerra?

Exactamente. Mire la política interna. Siempre hubo dos grandes facciones en Irán, los reformistas y los revolucionarios, y quien estaba fuera del poder llegaba a cualquier extremo para derribar a quien estaba dentro. Era una política bipolar. Pero, en el último año y medio o dos, no se ve eso.

Siempre les digo a mis amigos que Pezeshkian [Masoud Pezeshkian, Presidente de Irán desde 2024] es el Presidente con más suerte del mundo, porque nadie lo culpa de nada. Es reformista y encabeza un gobierno reformista, pero ni siquiera los revolucionarios lo critican, incluso cuando deberían.

Todos, incluida la prensa, dicen: ayudémoslo de todas las formas posibles. Ese es el producto más reciente de la guerra y de las políticas estadounidenses.

Cada vez que los iraníes dicen «no cruzamos nuestras líneas, Estados Unidos tiene que aceptar nuestras condiciones, pero estamos a favor de negociar», muchos critican, dicen que no es el discurso correcto. Pero eso produce algo importante: les muestra a los iraníes de todos los estratos que se hizo todo lo posible para evitar la guerra.

No queda otro camino que la resistencia. De lo contrario, te destruyen a ti y a tu país.

–E Irán sorprendió al mundo entero con su capacidad militar para desafiar a EE. UU. y a Israel al mismo tiempo, ¿no?

Incluso nosotros mismos nos sorprendimos. Yo sigo el tema militar y siempre pensé que algún día habría una guerra de EE. UU. contra China, y que los chinos le mostrarían al mundo que EE. UU. ya no es tan poderoso. Pero nunca imaginé que seríamos nosotros, los iraníes, quienes lo haríamos.

Seyed Mostafa Khoshcheshm

El mundo vive el «parto doloroso» de un nuevo orden

En la segunda parte de la entrevista, Seyed Mostafa Khoshcheshm habla de la transición del poder hacia Oriente, de la guerra híbrida que espera contra China, de la disputa por la inteligencia artificial y del lugar de América Latina en el nuevo orden

La semana pasada, la exportación de petróleo por el estrecho de Ormuz cayó a 8,7 millones de barriles diarios, la mitad del nivel previo a la guerra, según la consultora Kpler, citada por el Financial Times.

El diésel llegó a 220 dólares el barril en el mercado mayorista, más del doble que antes del conflicto, y las cinco mayores petroleras occidentales sumaron más de 50.000 millones de dólares de ganancias en el tercer trimestre.

Para Seyed Mostafa Khoshcheshm, es la prueba de lo que él llama el arma más poderosa de Irán. «Es un arma millones de veces más fuerte que la bomba atómica», dijo a Brasil de Fato.

«Con una bomba atómica, golpeas a un país una vez. Con el estrecho de Ormuz, golpeas al planeta entero, repetidamente.»

En la primera parte de esta entrevista, el estratega iraní habló de la nueva ronda de la guerra que se espera. En esta segunda, la conversación, en la sede de Fars Media, en Teherán, fue del estrecho al orden mundial.

Para él, la década de 2020 es la de un «parto doloroso»: la transición del poder de Occidente a Oriente, que el imperio liderado por Estados Unidos «no suelta fácilmente».

De esa década de guerras, prevé, no saldrá ninguna superpotencia, sino cuatro grandes potencias —China, India, Rusia e Irán—, todas en los BRICS y en la Organización de Cooperación de Shanghái.

Khoshcheshm no cree que esa transición se decida solo con misiles. Derrotado por Irán, dice, Estados Unidos «no tendrá la menor condición de enfrentar a China» y apostará por la guerra híbrida, incluso biológica.

«Después de Irán, será China. Creo que, en 2027, veremos la propagación de virus como el Covid». La disputa siguiente, advierte, es la de la inteligencia artificial, que dividirá al mundo entre «los amos y los esclavos». Las monarquías del Golfo que eligieron el campo estadounidense ya la perdieron, y sus centros de datos, dice, «serán los próximos» en la tercera ronda de la guerra.

La conversación terminó en Ali Shariati, el sociólogo que inspiró a la generación de la Revolución de 1979. Para el sah, cuenta Khoshcheshm, era una amenaza más arraigada que la de los grupos armados, porque «nunca tomó un fusil, tomó la pluma». A continuación la segunda parte de la entrevista.

–Usted debe de haber leído el artículo de Robert Kagan en The Atlantic. Kagan, uno de los principales pensadores neoconservadores, escribió que Estados Unidos sufrió la peor derrota estratégica de su historia, lo llamó jaque mate y dijo que Irán emergerá como la principal potencia regional. Todavía falta la tercera ronda, pero ¿qué debería ocurrir? ¿Cómo será Irán como potencia regional, la relación con los países árabes, el futuro de Estados Unidos en la región? ¿E Irán puede convertirse en una potencia global?

El mundo está en una transición de poder de la civilización occidental hacia Oriente. Desde hace más de una década, incluso intelectuales estadounidenses y europeos lo dicen.

Para mí, la década de 2020 a 2030 es la de este parto doloroso, y habrá cada vez más guerras. Quien tiene el poder, el imperio occidental liderado por Estados Unidos, no lo suelta fácilmente. Habrá guerras y fricciones, sobre todo con las potencias emergentes, Rusia, China e Irán. Por eso, creo que veremos alguna forma de guerra contra China, en 2027 o 2028.

.Y los chinos ya lo dicen. Se están preparando.

No será tan simple. Si aceptamos que Estados Unidos será derrotado por Irán, no tendrá la menor condición de enfrentar a China. Recurrirán más a la guerra híbrida, y esa guerra híbrida será completamente diferente. Nosotros tenemos la experiencia. Creo que recurrirán a la guerra biológica, a distintos tipos de guerra junto a la militar. Incluso nuclear. Sea como sea, están resistiendo, como los europeos contra Rusia.

Después de Irán, será China. Creo que, en 2027, veremos la propagación de virus como el Covid. Estados Unidos no va a soltar el poder tan fácilmente. A Trump puede gustarle Putin, pero existe un deep state, que él no controla. No van a dejar que Putin y Rusia lo ganen todo tan fácilmente. Si no lo consiguen por la vía militar, lo harán con armas biológicas.

En China, lo mismo. En el propio Irán, lo mismo. Conozco a los estadounidenses, su guerra híbrida, las intenciones del Estado profundo y su comportamiento. El patrón me dice que, cuando se sientan sin esperanza y derrotados, desatarán la guerra asimétrica, las nuevas formas de guerra, incluida esa, y los ataques cibernéticos se intensificarán, no como ahora.

Incluso en la ciberguerra es así. Antes de 2010, antes de Stuxnet [virus informático atribuido a Estados Unidos y a Israel, que saboteó centrifugadoras del programa nuclear iraní], el mundo vivía en un ambiente de amenazas a la seguridad, con robo de información industrial y cosas por el estilo. Stuxnet transformó eso en una guerra cibernética entre Estados.

Desde entonces, todos los grandes actores aumentan esa capacidad e invierten en ella de formas desconocidas. La inteligencia artificial es la nueva versión de todo: ciberguerra, guerra híbrida, en distintos aspectos.

Si el mundo no estuviera en una transición de poder, con guerras como esta, el mundo del futuro, para mí, ya no sería el del petróleo o de los combustibles fósiles. Sería el de la inteligencia artificial, con dos categorías, los amos y los esclavos: quienes poseen el software y el hardware de IA, y el resto.

Una de las principales disputas entre Occidente y Oriente hoy es quién será el amo de la IA en el futuro. Los campos se están formando. Arabia Saudita y los Emiratos, entre los países árabes del golfo Pérsico, decidieron entrar en el campo estadounidense.

–Catar también invierte mucho dinero en eso.

Mucho. Y una de las cosas que esos países árabes del golfo Pérsico ya perdieron es la IA, porque dependieron demasiado de Estados Unidos. Hasta ahora hablamos de dos guerras; la tercera todavía no ocurrió. Los centros de datos serán los próximos, en la tercera. Es una de las cosas que ellos e Israel van a perder. Eso es muy importante.

-Si Biden estuviera en el poder, Estados Unidos sería más duro con Putin.

Sin duda. Con Trump es diferente, él juega demasiado en el campo de Putin.

–¿Pero no sería un cálculo estratégico? Gente del círculo de Trump decía, incluso antes de la elección, que la guerra contra Rusia era un error, porque Rusia no es el principal adversario. Estaría terminando esa guerra para concentrarse en China.

No hay duda de que Irán es el principal enemigo ideológico de Estados Unidos, y China es el enemigo económico. Pero no todo se controla: a veces las guerras simplemente estallan. O Rusia percibe, por ejemplo, que está surgiendo una amenaza inminente.

Tal vez hayan hecho los cálculos: si hacemos esto, no habrá guerra contra nosotros; debilitémoslos ahora, antes de que sea demasiado tarde. Porque no entrarían en una guerra total, como en el caso de Crimea.

Después de una década de guerras, no quedará ninguna superpotencia: la capacidad de todos estará desgastada. Pero el poder estará en Oriente. El nuevo orden mundial que surgirá en el horizonte, probablemente después de 2030 o 2032, estará definido por coaliciones regionales e internacionales como los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái, que equivalen al G7, a la OTAN y a la OCDE de Occidente.

La Conferencia de Seguridad de Múnich [foro anual sobre seguridad internacional, en Alemania] ya ocupó el centro del escenario; hoy su rival, la de San Petersburgo, gana importancia y prestigio. Estuve en la última. No habrá superpotencias, pero esas agrupaciones definirán el nuevo orden.

La mayoría de los pensadores cree que habrá cuatro grandes potencias, no superpotencias: China, India, Rusia e Irán. Si se mantienen juntas, pueden comenzar algo nuevo en el mundo. Si pelean entre sí, habrá una confusión en el mundo entero.

–Es interesante pensar que las cuatro son miembros de los BRICS y de la Organización de Shanghái.

Sí. Hay grandes diferencias entre China e India, pero las dos están en los BRICS, porque se dieron cuenta de eso. Ahora, ¿por qué estaría Irán entre ellas?

Económicamente, no se compara con las otras tres. Militarmente, China y sobre todo Rusia están muy por delante. La razón es lo que hace único a Irán: el Eje de la Resistencia [alianza regional liderada por Irán, con el Hezbolá libanés, el Ansarullah yemení, milicias iraquíes y grupos palestinos], en tierra y en el mar.

En tierra, es un mercado de 400 a 500 millones de personas en la región más estratégica del mundo, el corazón del mundo: Asia Occidental, con las reservas de energía, los minerales, las civilizaciones antiguas, las religiones, uniendo el norte con el sur y el este con el oeste.

En los próximos 10 o 20 años, quien quiera hacer negocios o imponer un nuevo orden mundial o regional tendrá que trabajar con Irán, por este Eje de la Resistencia que ha resistido la prueba del tiempo.

El mar es aún más importante. Hay siete estrechos y canales estratégicos en el mundo, entre ellos el canal de Panamá, el de Suez, Malaca, Ormuz y Bab al-Mandab [estrecho entre Yemen y el Cuerno de África, puerta de entrada al mar Rojo].

Importan porque la mayor parte del comercio mundial y de los despliegues militares pasa por el mar, y esos atajos cambian el tiempo, el costo, el seguro y el riesgo.

Ni Estados Unidos, ni China, ni Rusia, ni India, ni Alemania o Francia controlan esos siete. En Malaca, creo que, si estalla una guerra, no será por Taiwán, sino por el control del estrecho. Quien controla Malaca controla los mercados y las economías del Sudeste Asiático.

–Por eso Estados Unidos avanza tan rápido en Filipinas. Tenían cinco bases, ahora tienen nueve. Uno de los primeros decretos de Bongbong Marcos [Ferdinand Marcos Jr., presidente de Filipinas desde 2022] después de ser elegido fue dar cuatro bases más a los estadounidenses.

Exactamente. E Irán controla Ormuz, por donde pasa un tercio de la energía del mundo. Incluso cuando ya no haya una superpotencia llamada Estados Unidos, los chinos van a necesitar el petróleo que pasa por allí, así que van a necesitar a Irán.

El otro es Bab al-Mandab, bajo control de Ansarullah [el movimiento hutí, que gobierna el norte de Yemen], en Yemen, que forma parte del Eje de la Resistencia.

Bab al-Mandab, el mar Rojo y el canal de Suez funcionan como un caño: lo que entra por un lado sale por el otro. Después de que Ansarullah cerró Bab al-Mandab en la guerra que comenzó con el Diluvio de Al-Aqsa [la ofensiva de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023], Egipto publicó tres informes en un año diciendo que había perdido el 60% de los ingresos del canal y del tráfico marítimo.

Es decir, Irán, al frente del Eje de la Resistencia, controla por lo menos dos estrechos y medio.

Eso me mostró, hace años, que Estados Unidos terminaría entrando en guerra con Irán, además de todas las otras razones, como Israel. No pueden aceptar eso mientras escalan la tensión con China en Malaca y con Panamá por los operadores chinos en el canal.

No te van a dejar en paz, van a venir a pelear. Irán será una de las grandes potencias si mantiene el control sobre esas rutas, y hasta ahora Irán y Ansarullah han demostrado que pueden. El mundo los necesita a ustedes hoy y los va a necesitar mañana.

Todas las economías fueron golpeadas por el cierre de Ormuz, y, aunque el estrecho reabriera hoy, las economías del mundo calculan dos años más de petróleo caro. Veremos días económicos todavía peores en los próximos meses.

–Leí una carta de Ali Akbar Velayati [excanciller iraní (1981-1997) y consejero del Líder Supremo para asuntos internacionales desde entonces] al nuevo Líder [Mojtaba Jamenei, hijo de Ali Jamenei, elegido en marzo de 2026] en la que proponía un polo islámico centrado en Irán, junto a los aliados estratégicos Rusia y China y acompañado de países «auténticamente no alineados», como Sudáfrica, Brasil y Cuba. En abril, lo llamó el «tercer polo» del mundo. ¿Comparte usted esa visión? Pienso en el público de América Latina y también de África. ¿Hay lugar para nosotros?

No exactamente así. Mi visión es un poco diferente. Creo que, a medida que China, Rusia, Irán e incluso India ganen más poder en el formato de los BRICS, más países se van a sumar.

A medida que el dólar pierda valor y participación en el mercado mundial, más países se sentirán libres de hacer lo que quieran, incluidos los latinoamericanos. Estrecharán lazos económicos y políticos con Rusia, China, Irán e incluso India, según las políticas futuras de India, y entrarán en los BRICS.

Pero eso no ocurrirá en los próximos años. Después de una década de choques y guerras, todos estarán débiles, y habrá desorden en el mundo. Entonces surgirán coaliciones regionales: América Latina formará la suya, porque tiene intereses y amenazas en común.

Al mismo tiempo, los BRICS y la Organización de Shanghái ganarán importancia, porque habrá un vacío de poder, y parte del mundo estará libre del yugo de Occidente.

El mundo necesitará un nuevo orden, pero no aceptará uno como el de la posguerra, tras la Segunda Guerra Mundial, el orden occidental, con las categorías de amos y esclavos. Todos tendrán una parte mayor, aunque haya abanderados: esas cuatro grandes potencias.

–¿Y la relación con los países árabes?

Irán quiere mucho promover la unidad entre los musulmanes y quiere ser amigo de esas naciones, porque tiene una prioridad: derrotar al enemigo principal, Israel y Estados Unidos. No quiere fricciones.

Creemos que «divide y vencerás» siempre fue la política británica. Nos dividieron, fragmentaron la Umma [comunidad del pueblo islámico, más allá de las fronteras nacionales].

Pero eso no ocurre de la noche a la mañana, hay etapas. En el caso de los países árabes del golfo Pérsico, la primera es ganar esta guerra y mantener el control de Ormuz, que Irán siempre tuvo. Ese será el instrumento para redefinir las relaciones geopolíticas, estratégicas y de vecindad, porque es un arma millones de veces más fuerte que la bomba atómica.

Con una bomba atómica, golpeas a un país una vez. Con el estrecho de Ormuz, golpeas al planeta entero, repetidamente. Desde la Segunda Guerra Mundial, nadie había logrado mover tanto los rendimientos de los bonos estadounidenses, el precio del petróleo y la inflación de Estados Unidos.

Irán no va a usar esa arma para colonizar a esos países, sino para corregir sus relaciones con ellos. ¿Qué significa eso? Estados Unidos es un enemigo que atacó a Irán usando el territorio de esos países como plataforma de lanzamiento. Entonces no debe haber bases estadounidenses allí.

Israel coopera estrechamente con los Emiratos y con otros, incluso con los saudíes. Irán quiere a Israel fuera. Después de que ellos demuestren que no representan una amenaza, habrá relaciones en pie de igualdad, sanas, porque tenemos amenazas y enemigos en común.

¿Cómo saber que será así? En el gobierno del presidente Raisi [Ebrahim Raisi, presidente de 2021 a 2024], el canciller Amir-Abdollahian [Hossein Amir-Abdollahian, muerto junto con Raisi en la caída de un helicóptero en mayo de 2024] lanzó un plan, hace dos o tres años, de diálogo y foro de seguridad regional con los países árabes: los seis del Golfo, más Irán e Irak, el llamado «seis más dos».

La idea era garantizar la seguridad mutua sin países de fuera de la región. Irán ya había dado esos primeros pasos antes de la guerra. Quiere reparar los lazos con los países árabes, pero solo después de que abandonen a Israel y a Estados Unidos y dejen de permitir que el Mossad, la CIA y otros ataquen a Irán.

No se puede pelear contra todos para siempre. Tenemos un objetivo claro y un plan claro para el futuro.

–Ustedes se preparan para esto desde hace décadas, ¿no?

Desde hace décadas nos preparamos para esta guerra y para el estrecho de Ormuz, porque sabíamos que algún día iba a ocurrir, tarde o temprano. Si no ahora, dentro de dos décadas.

El presupuesto del Pentágono es cien veces mayor que el presupuesto militar de Irán. Según la lógica terrenal, militar y económica, deberían haber derrotado a Irán en los primeros días. ¿Por qué no lo consiguieron? Todos están sorprendidos, y no es solo por la guerra asimétrica que practicamos. La fuerza no siempre hace el derecho.

–Para terminar: Ali Shariati (1933-1977) es una figura poco conocida fuera de Irán. Sociólogo y pensador iraní, fue un lector voraz de Karl Marx, traductor e interlocutor de Frantz Fanon y amigo de Jean-Paul Sartre, con quien debatió mucho. ¿Cuál es su influencia en el movimiento revolucionario islámico y en toda esa mística en torno a Hussein y a la resistencia?

Tuvo un papel importante, pero esto es un proceso de 14 siglos. Desde el martirio del Imam Hussein [nieto del profeta Mahoma y tercer imán de los chiitas, muerto en el año 680 en la batalla de Karbala, en el actual Irak], es como una antorcha que pasa de mano en mano, seas pensador o ciudadano común.

Cuando la antorcha llegó a Ali Shariati, él despertó el espíritu revolucionario de Hussein en toda una generación, que vivía entre dos lecturas del islam: la tradicional y la revolucionaria, la de Shariati y la del Imam Jomeini [líder de la Revolución Islámica de 1979 y primer Líder Supremo de Irán (1902-1989)].

Entre Shariati y el clero revolucionario había diferencias, no abismos. Shariati pensaba que el islam revolucionario no necesitaba tanto el liderazgo de los religiosos; el clero revolucionario creía en la jerarquía clerical. Pero trabajaban por la misma causa, y eso los separó del sistema religioso tradicional. Muchos jóvenes cambiaron una religión de costumbres por una visión revolucionaria del islam.

El sah [Mohammad Reza Pahlavi, que reinó de 1941 a 1979] hablaba de la amenaza roja y de la amenaza negra: los comunistas y el chiismo revolucionario. Navvab Safavi [clérigo, fundador del grupo armado Fadaian-e Islam, ejecutado en 1956] tomó las armas contra el régimen, y para el sah era la amenaza inmediata.

Shariati era la más arraigada, porque nunca tomó un fusil, tomó la pluma. Temían sus libros y, sobre todo, sus conferencias en la Hosseiniyeh Ershad [centro religioso y cultural, cerrado por el régimen del sah en 1972], aquí en el norte de Teherán.

Quien estudia a Hussein más allá del sentido terrenal, de la sed, de la decapitación, encuentra en él sentido en todas partes. Incluso un comunista [Khosrow Golsorkhi, poeta y periodista, fusilado en 1974] juzgado por un tribunal militar del sah, en una sesión transmitida por televisión para asustar al pueblo, dijo que se inspiraba en el martirio de Hussein y en la justicia de Ali [primo y yerno del profeta Mahoma, primer imán de los chiitas].

Su frase quedó: prefiero la muerte roja a vivir en la humillación.

Karbala no es solo luto y ritual, es un modo de vida. Lea las cartas de nuestros mártires: casi todas hablan de Karbala. Reza Sah [padre de Mohammad Reza y fundador de la dinastía Pahlavi, reinó de 1925 a 1941] prohibió los rituales de Muharram [mes del luto anual por Hussein]; bajo el hijo, la Savak [policía política del sah] toleraba los rituales, pero perseguía cualquier discurso que tocara el islam revolucionario.

En ese ambiente, hablar del Hussein revolucionario, como hizo Shariati, exigía coraje. El coraje del propio Hussein.

Vía Brasil de Fato.-

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