Óptica Wikileaks (I): EE. UU. espió a Francia en busca de secretos comerciales de Europa

Múltiples son las razones que tiene el Gobierno de Estados Unidos para desatar su ira contra el fundador del portal WikiLeaks, Julian Assange. La principal: poner en el centro del debate público varios de los secretos «mejor guardados» de la Casa Blanca.

La organización que impulsó el australiano se fundó en 2006 y, desde entonces, a través de la filtración anónima de documentos, ha revelado las patrañas de las administraciones de varios países para mantener el poder y atacar a quienes consideran adversarios.

La lista de hallazgos incluye espionajes, crímenes de guerra, presiones políticas o diplomáticas, abusos de poder o malas prácticas gubernamentales, reseñó el portal Actualidad RT. 

En el primer caso de este seriado que preparamos en El Ciudadano, revisaremos uno de los escándalos que golpeó a Washington e hizo tambalear la relación con un «socio estratégico»: la Unión Europea (UE).

El germen de la guerra comercial: ¿El espionaje?

Que Washington quiere conservar su hegemonía no es un secreto, pero en las últimas décadas se ha visto amenazado por los grandes avances económicos y militares de China, Rusia, India y una Europa que, pese a las amenazas estadounidenses, trata de ampliar sus negociaciones con otras potencias.

En junio de 2015, el portal publicó una colección de documentos «TOP SECRET» de las operaciones de vigilancia de EE. UU. contra Francia. En siete de ellos se detallaba cómo la  Casa Blanca implementó, durante al menos una década desde 2002, una política de espionaje económico contra París.

La estrategia la creó el director de la Agencia de Seguridad Nacional (en inglés: National Security Agency, también conocida como NSA) e incluía la interceptación de todos los contratos corporativos franceses y las negociaciones valoradas en más de 200 millones de dólares.

La información que se obtenía se recopilaba en informes que la NSA enviaba luego a los denominados «elementos respaldados» del Gobierno, entre ellos el Departamento de Comercio, el Tesoro y la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigle en inglés).

La instrucción, de acuerdo con los documentos, era obtener información sobre todos los aspectos de la economía francesa: política gubernamental, diplomacia, banca, participación en organismos internacionales, desarrollo de infraestructura, prácticas y actividades comerciales.

Algunos de los documentos estaban autorizados para que se compartieran con los socios de Cinco Ojos (Five Eyes, o FVEY, por su designación inglesa), una alianza de inteligencia entre Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Y no es de extrañar que con Otawa se compartiera ese tipo de información. En diciembre de 2018, Canadá fue uno de los países clave en la disputa que emprendió el presidente Donald Trump contra el gigante tecnológico chino Huawei, cuando detuvo a la directora financiera de la compañía, Meng Wanzhou, por instrucción de Washington.

Ni hablar de Reino Unido que, desde que llegó al poder el presidente ecuatoriano Lenín Moreno, estuvo tejiendo toda una estrategia para poder detener a Assange, objetivo que lograron el jueves 11 de abril cuando lo expulsaron de la Embajada en Londres.

La disputa contra Huawei se profundizó con la detención de su directora financiera. Foto: Reuters.

Ningún secreto comercial

En los informes que publicó WikiLeaks también estaban cinco resúmenes de inteligencia sobre las conversaciones y comunicaciones de los funcionarios franceses.

Es decir, EE. UU. espió al ministro de Finanzas, a un senador francés, a los funcionarios de la Dirección de Hacienda y Política Económica, al embajador de Francia en Estados Unidos y a funcionarios con responsabilidad directa sobre la política comercial de la UE.

En esas conversaciones, los franceses trataban la política interna de Francia sobre la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Acuerdo de Asociación Transpacífico, el G7 y el G20, el presupuesto francés de 2013, el declive de la industria automotriz en la nación europea y la participación de las empresas francesas en el petróleo.

El espionaje cubrió no solo a todas las principales empresas francesas, desde BNP Paribas, AXA y Credit Agricole a Peugeot y Renault, Total y Orange, sino también las principales asociaciones agrícolas.

«Estados Unidos no solo usa los resultados de este espionaje para sí mismo, sino que intercambia estas interceptaciones con el Reino Unido. Los ciudadanos franceses merecen saber que su país está siendo llevado a los limpiadores por espías de supuestos países aliados», dijo Assange en 2015 cuando se revelaron los documentos.

Asimismo, entre las comunicaciones espiadas por la NSA había discusiones sobre la crisis de deuda en Grecia (incluso sobre la posibilidad de que el país heleno abandonara la Unión Europea) o conversaciones sobre el liderazgo de la Eurozona, así como sobre las relaciones que mantenían el Gobierno del entonces presidente François Hollande y el de la canciller alemana Angela Merkel, refirió el portal Actualidad RT.

Nicolas Sarkozy (2007–2012) y Jacques Chirac (1995–2007) fueron otros de los exmandatarios a los que espió ilegalmente Washington.

Tres años después comenzó la guerra

Ese escándalo pasó y luego, en 2016, Trump llegó a la presidencia. Empezó entonces el descalabro en la política internacional y en 2018 se afincó en iniciar disputas comerciales por diversos flancos.

Comenzó con la imposición de aranceles a la importación del acero y aluminio de la UE, Canadá y México en junio del año pasado. Y dejó en la mesa la amenaza de aplicar tasas del 20 % a los automóviles del bloque europeo.

Tras las primeras reacciones y varios meses de ir y venir de declaraciones, Trump bajó el tono con Europa, pero solo mientras arreciaba los ataques contra China. El mes pasado, tras una guerra comercial que estremeció los mercados, representantes de ambos países llevaron a cabo negociaciones para frenar la disputa. De ellas salió humo blanco.

Sin embargo, calmó un enfrentamiento pero empezó otro: el pasado 9 de abril confirmó la imposición de aranceles a la UE por el valor de 11.000 millones de dólares, debido a las ayudas públicas recibidas por la aeronáutica Airbus.

Ahora, este martes 16 de abril, el Consejo de la UE aprobó el mandato a la Comisión Europea para que inicie el diálogo con Estados Unidos «para levantar los aranceles industriales».

Aunque se dio este paso, en el ambiente se mantiene la tensión, alimentada también por las criticas de Trump sobre los aportes de los países europeos a la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Ya el bloque advirtió que no concluirá las negociaciones comerciales mientras se mantengan vigentes los aranceles al acero y al aluminio y que podría suspender el diálogo de manera unilateral si Washington aprueba nuevas restricciones comerciales a los productos europeos.

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