Los precios del petróleo se dispararon cerca de los 120 dólares por barril el lunes, a medida que se intensifica la guerra entre la alianza de Estados Unidos e Israel contra Irán, amenazando la producción y el transporte de hidrocarburos en Oriente Medio, afectando los mercados financieros internacionales.
La cotización del crudo Brent para entrega en mayo volvió a repuntar este lunes en el Mercado de Futuros de Londres y logró a escalar hasta los 119,50 dólares por barril durante las primeras operaciones del día.
Mientras que el West Texas Intermediate (WTI), el crudo ligero de referencia en Estados Unidos, alcanzó un pico similar de 119,48 dólares.
Sin embargo, los precios experimentaron un descenso horas más tarde, cotizándose el Brent por encima de los 101 dólares (con un aumento del 9 %) y el WTI cerca de los 100 dólares.
Este alivio parcial en los mercados se produjo después de que el presidente francés, Emmanuel Macron, señalara que los países del Grupo de los Siete (G7) podrían recurrir a sus reservas de petróleo de emergencia como respuesta coordinada a la crisis.
Según informó el Financial Times, la posibilidad de liberar reservas estratégicas estaba siendo considerada por algunos miembros del G7 para aliviar la presión sobre los mercados. Macron confirmó la postura el lunes al declarar que «el uso de las reservas estratégicas es una opción prevista», consignó la agencia de noticias AP.
El mandatario francés, cuyo país ostenta la presidencia rotatoria del G7, afirmó que los líderes del grupo podrían reunirse esta misma semana para coordinar una respuesta al aumento de los precios de la energía. De forma paralela, los ministros de Finanzas del G7 mantuvieron una reunión por videoconferencia para discutir las graves repercusiones económicas de la guerra que inició el pasado 28 de febrero cuando Washington y Tel Aviv emprendieron un ataque conjunto contra Teherán, que ha causado más de 1.300 muertos en la nación persa, entre ellos al menos 200 niños, según organismos humanitarios.
La escalada militar, que ya entra en su segunda semana, ha atrapado a países y puntos neurálgicos para la producción y el transporte de hidrocarburos desde el Golfo Pérsico. En un movimiento que subraya la determinación de Irán, la Asamblea de Expertos designó a Sayyed Mojtaba Khamenei como el nuevo Líder de la Revolución y de la República Islámica, tras el asesinato de su padre, el ayatolá Seyyed Ali Khamenei.
Este nombramiento, que tuvo lugar tras más de una semana de intensos bombardeos estadounidenses e israelíes, constituye una nueva muestra de desafío por parte de los líderes iraníes y sugiere que la República Islámica no está dispuesta a renunciar a lo que considera una lucha por la existencia del país. Este factor geopolítico está siendo otro de los motores que impulsa los precios al alza, al indicar que los representantes de la línea dura se mantienen firmemente al mando y que el conflicto bélico está lejos de cesar.
El estrecho de Ormuz, un cuello de botella estratégico
El corazón de la crisis energética late en el estrecho de Ormuz, luego de que Irán anunciara que mantiene el control efectivo de esta ruta marítima por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas natural licuado del mundo. y que es esencial para exportaciones de países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak.
El comunicado emitido por la Guardia Revolucionaria de Irán advirtió que “todos los actores deben respetar las advertencias emitidas previamente contra el paso de barcos militares, comerciales y de otro tipo vinculados con Estados Unidos, ‘Israel’, países europeos y sus aliados”, dejando claro que la interdicción no se limita a embarcaciones de guerra, sino que se extiende a toda la flota mercante y civil que mantenga vínculos con Washington y Tel Aviv y sus aliados.
Según la empresa de investigación independiente Rystad Energy, a diario se transportan aproximadamente 15 millones de barriles de petróleo crudo a través de las aguas del estrecho lo que representa alrededor del 20 % del petróleo consumido en el mundo.
La amenaza constante de ataques con misiles y drones en esta ruta que se ubica entre Irán y Omán, ha paralizado prácticamente el tránsito de los petroleros que transportan crudo y gas desde potencias energéticas como Arabia Saudita, Kuwait, Irak, Qatar, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos e, incluso, la propia nación persa.
La consecuencia directa de este bloqueo de facto es una acumulación de crudo sin precedentes. Iraq, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos se han visto forzados a reducir su producción de petróleo debido al llenado de los tanques de almacenamiento, consecuencia directa de la menor capacidad para exportar crudo. La situación se agrava con los ataques mutuos; Irán, Israel y Estados Unidos han atacado instalaciones petroleras y gasísticas desde el inicio del conflicto, lo que ha intensificado las preocupaciones globales sobre la seguridad del suministro.
La magnitud de la escasez de oferta se refleja de manera elocuente en la estructura del mercado. La prima de los contratos de Brent con vencimiento en el mes más cercano sobre los contratos con vencimiento a seis meses se disparó el lunes hasta alcanzar un máximo histórico de casi 36 dólares, según datos de LSEG que se remontan a 2004. Esta cifra superó con creces el anterior récord de alrededor de 23 dólares alcanzado en marzo de 2022, durante las primeras semanas de la guerra entre Rusia y Ucrania.
Esta prima, conocida en la jerga financiera como «backwardation», deja en evidencia que los operadores y analistas anticipan una escasez de suministro intensa e inmediata, valorando mucho más el crudo disponible hoy que el que podría llegar en el futuro.
Impacto global: de las gasolineras asiáticas a las reservas estratégicas
El shock energético se ha propagado rápidamente por todo el mundo, golpeando con especial dureza a las economías asiáticas, altamente dependientes de las importaciones de Oriente Medio. El aumento de la cotización del petróleo y el gas natural está provocando una subida en cadena de los precios de los combustibles, que a su vez se traslada a otras industrias.
En todo el sudeste asiático, el alza ha provocado largas colas en las gasolineras, reflejo de la preocupación ciudadana y de potenciales problemas de desabastecimiento.
China, el mayor importador mundial de petróleo y principal comprador del crudo iraní (que exporta aproximadamente 1,6 millones de barriles diarios), ha solicitado el cese inmediato de los combates.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Guo Jiakun, declaró en una rueda de prensa este lunes que «todas las partes tienen la responsabilidad de garantizar un suministro energético estable y fluido» y dejó en claro que Pekín «tomará las medidas necesarias para salvaguardar su propia seguridad energética», señaló AP.
A su vez, el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, advirtió el lunes que se impondrán sanciones estrictas a las refinerías y gasolineras que sean sorprendidas acaparando productos o coludiendo en los precios, y subrayó la urgencia de encontrar alternativas a los suministros que normalmente transitan por el estrecho de Ormuz.
Aumento de la gasolina en EE.UU.
Mientras tanto, en Estados Unidos, las consecuencias de la guerra contra Irán ya se sienten en el bolsillo de los consumidores. El precio medio del galón de gasolina regular subió a 3,48 dólares a primera hora del lunes, casi 50 centavos más que la semana anterior, según las cifras consignadas por club automovilístico AAA.
El diésel, combustible clave para el transporte marítimo y de mercancías, se vendía a unos 4,66 dólares el galón, lo que supone un aumento semanal de más de 80 centavos.
Estos precios se comparan con los máximos históricos de alrededor de 147 dólares por barril para los contratos de crudo en 2008. La última vez que los futuros del Brent y del crudo estadounidense cotizaron cerca del nivel actual (superando los 100 dólares) fue en 2022, después del inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania,
Ante este escenario, el presidente estadounidense Donald Trump restó importancia el sábado a la idea de recurrir a la Reserva Estratégica de Petróleo de lanación norteamericana, afirmando que los suministros estadounidenses eran abundantes y que los precios pronto bajarían.
Sin embargo, la presión política contra la administración del magnate republicano aumenta. El líder demócrata en el Senado de EE. UU., Chuck Schumer, solicitó al inquilino de la Casa Blanca que libere estas reservas.
Producción bajo mínimos y cadena de suministro al borde del colapso
La realidad sobre el terreno en los países productores es de paralización y daños. Según fuentes cercanas a Aramco, la estatatal saudí ha comenzado a reducir la producción en dos de sus principales yacimientos petrolíferos.
Los analistas ya habían anticipado la semana pasada que los pesos pesados de la OPEP, como los Emiratos Árabes Unidos, se quedarían sin capacidad de almacenamiento y tendrían que recortar la producción. En Irak, la producción de petróleo de sus principales yacimientos del sur se ha desplomado un 70%, según fuentes, y el almacenamiento de crudo ha alcanzado su capacidad máxima.
De manera similar, la Kuwait Petroleum Corporation comenzó a reducir su producción el sábado y también declaró fuerza mayor en los envíos, sin especificar la magnitud del recorte.
En un intento por mitigar el desastre, Aramco, que puede desviar parte de su flujo a través del puerto de Yanbu, en el mar Rojo, decidió ofrecer de manera excepcional más de 4 millones de barriles de crudo saudí en licitaciones internacionales para contrarrestar el cierre de Ormuz.
Sin embargo, la situación en otros frentes es alarmante, por ejemplo en el sector del gas, el gigante exportador de GNL, Qatar, se vio forzado a detener la producción tras los ataques a infraestructuras clave, reportó la agencia Reuters.
En los Emiratos Árabes Unidos, se produjo un incendio en la zona petrolera de Fujairah como consecuencia de la caída de escombros de los ataques, aunque no se reportaron heridos.
Por su parte, además del ataque a la refinería de BAPCO en Baréin, Arabia Saudí debió cerrar su mayor refinería de petróleo.
El conflicto, advierten los expertos, podría dejar a los consumidores y las empresas de todo el mundo enfrentándose a semanas o meses de precios del combustible significativamente más altos, incluso si la guerra terminara de forma abrupta, debido a la combinación letal de instalaciones dañadas, logística interrumpida y riesgos de seguridad elevados que disuadirán el transporte marítimo en la región de Medio Oriente durante un largo periodo.

