La diplomacia de los enviados especiales de Trump logra un principio de acuerdo para reanudar las conversaciones trilaterales. Rusia-Ucrania y una esperada paz que el 10 de noviembre desde Abu Dabi pueda florecer es el tema central en estas negociaciones. Ucrania aceptaría congelar el frente, pero Moscú mantiene sus exigencias territoriales.
El Ciudadano
La guerra en Ucrania, podría encarar una nueva fase diplomática a partir de la segunda semana de noviembre. Según confirmaron fuentes del Kremlin y del gobierno ucraniano, Estados Unidos, Rusia y Ucrania han acordado reanudar las conversaciones trilaterales «alrededor del 10 de noviembre» y el lugar tentativo sería Abu Dabi, la capital de los Emiratos Árabes Unidos. El anuncio, realizado tras una intensa ronda de diplomacia itinerante, ha sido recibido con un cauteloso optimismo, aunque persisten profundas diferencias que podrían descarrilar el proceso.
El origen del nuevo impulso diplomático
El detonante de este movimiento diplomático fue la gira del enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff. La semana pasada, Witkoff se reunió en Oslo con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y con líderes europeos. Posteriormente, viajó a San Petersburgo para entrevistarse durante aproximadamente tres horas con el presidente ruso, Vladímir Putin.
Tras estos encuentros, el asesor de política exterior del Kremlin, Yuri Ushakov, informó que Putin, «en principio», estaba dispuesto a retomar el diálogo. La propuesta fue bien recibida en Kiev. Zelenski declaró que recibió una respuesta positiva de que «Rusia apoya un encuentro trilateral a nivel de equipos» y que la parte estadounidense propuso celebrarlo «lo antes posible». El objetivo de esta primera ronda técnica sería preparar el terreno para una eventual cumbre de líderes.
Las cartas sobre la mesa: congelar el frente y garantías de seguridad
El movimiento más significativo provino del lado ucraniano. En una entrevista con Fox News, Zelenski aceptó por primera vez la posibilidad de «congelar» las líneas del frente actuales como un primer paso para detener los combates. «Tenemos que congelar el conflicto. Es la forma real de terminar esta guerra», afirmó el mandatario ucraniano, quien agregó que esta sería la base para negociar posteriormente garantías de seguridad con EE. UU. y Europa. Esta concesión táctica implicaría aceptar la pérdida de facto de cerca del 25% del territorio que Rusia controla en la actualidad, algo que también complica a Kiev, pues hay territorios que Rusia reclama y que no ha conquistado aún militarmente. Pero quizá, conceder ésta vez sea el camino y así detener la guerra de una buena vez.
El Kremlin, por su parte, ha dejado claro que el tema central de la próxima reunión debe ser la construcción de un nuevo sistema de seguridad para Rusia y Ucrania una vez finalizado el conflicto. En este sentido, medios como The Economist han filtrado los contornos de un posible plan de paz de la Casa Blanca que incluiría una zona desmilitarizada en el Donbas, la renuncia formal de Ucrania a unirse a la OTAN y un levantamiento gradual de las sanciones contra Rusia a cambio de inversiones y una perspectiva de adhesión a la UE para Kiev.
Las piedras en el camino
A pesar de los gestos, el camino hacia la paz está minado de obstáculos. En primer lugar, Rusia ha rechazado de plano la propuesta de «congelar» el frente tal y como está. Moscú insiste en que Ucrania se retire de las áreas del Donbas que aún controla, algo que Kiev considera inviable por el riesgo de seguridad que implicaría.
En segundo lugar, los combates no han cesado. Mientras los diplomáticos hablaban de paz, ambas partes continuaron intercambiando ataques. Ucrania denunció más de 170 ataques contra su infraestructura energética desde que se anunció un supuesto «alto el fuego energético», mientras que Rusia reportó la destrucción de cientos de drones ucranianos y continuó bombardeando la región de Járkov. Esta dinámica de «diplomacia mientras se dispara» refleja la desconfianza mutua y la necesidad de cada parte de mejorar su posición sobre el terreno antes de sentarse a negociar.
Una ventana de oportunidad, no una garantía
La cita del 10 de noviembre en Abu Dabi representa la oportunidad más concreta para la paz que se ha visto en meses. El hecho de que las conversaciones se produzcan después de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos podría dar a la administración Trump un mayor margen de maniobra política.
Sin embargo, el éxito de esta ronda dependerá de la capacidad de las partes para transformar los gestos simbólicos en compromisos reales. Ucrania ha mostrado flexibilidad al aceptar discutir un alto el fuego basado en las posiciones actuales, pero exige garantías de seguridad sólidas. Rusia, por su parte, parece dispuesta a negociar, pero sin renunciar a sus objetivos territoriales. La comunidad internacional observa con atención: la ventana para la paz está abierta, pero se necesita un gran esfuerzo diplomático para que no se cierre de nuevo.
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