Sabía a frutilla. Olía a menta. Cabía en la palma de la mano. Y nadie le dijo a Kayley Boda que eso era una droga. Hoy tiene 22 años y le quedan 18 meses de vida.
En las aguas que salen de Copiapó hay más cocaína por habitante que en casi cualquier ciudad del planeta. La Unión Europea publicó el dato en marzo. El gobierno de Kast respondió enviando carabineros.
Las incautaciones se multiplicaron. El consumo creció entre adolescentes. Y el sistema de salud sigue sin un protocolo específico para tratar a quienes dependen. El Estado persigue la droga. No trata a quienes la consumen.