¿De qué sirve la prensa para los movimientos sociales?

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Al caminar por Santiago da la impresión de que no hay muchas huelgas sino una sola. Lo mismo ocurre cuando uno va caminando en el trayecto de una marcha y, de repente, ya no sabe de qué marcha se trata porque la marcha se repite, se vuelve conocida y entre los que vamos pareciéramos reconocernos entre el tumulto porque, da la impresión, de que somos siempre los mismos. Yo no quiero bajarle el tono a las demandas, y menos aún pretendo darle un sentido de batalla perdida a la consigna, me confieso insistente y reiterativo a la hora de salir a pelear y creo que todas las peleas son necesarias. Sin embargo a veces me agota (y no lo digo por cansancio, sino más bien por desgaste) ese tono de banda sonora que tienen los cantos, las pancartas y la gente llenando o no la Alameda de un lado a otro, y esto lo digo porque la costumbre puede ser una pésima consejera de cualquier tipo de lucha. Lo mismo pasa cuando uno llega a tratar de cubrir un movimiento social y los empresarios, jefes, encargados de comunicaciones o administrativos tratan, feamente, te miran con cara de incomodidad y luego te salpican con una pelotuda sarta de mentiras para que uno salga con la “versión oficial” que siempre es la misma que sale en todos los medios y que además, coincidentemente, no es la versión que más se ajusta a la verdad.

De pronto me acuerdo de las protestas de 2011 y pienso en la calle ardiendo en cuatro puntos. Me acuerdo de la gente con la rabia en el cogote saliendo a caminar para pensar que así podíamos cambiar un poco el modelo de negocios que implementó Piñera sobre nosotros. Me acuerdo de la violencia que nos parecía tan hermosa y tan joven. Pienso entonces en el “hoy en día” y comparo la mañana de la última marcha y la cara de satisfacción de los carabineros que no tuvieron que parar el tránsito porque éramos tan pocos que no tenía sentido. Entonces, vuelvo otra vez a preguntarme si es que habremos perdido el objetivo o, simplemente, ya somos parte del decorado gris que gustan de mostrar los noticieros.

Las huelgas: Solo en el último mes / Cruz Verde, Hogar de Cristo, Club de Golf, Afp Habitat, Movigas, y otras tantas. Los paros: micros, Hospital Salvador, estudiantes, oficinas públicas, Aguas Andina, bla bla, bla. De repente me da la idea de que todas las marchas son una sola y el descontento es simplemente uno que, acomodándose, toma el color de lo que el gobierno quiere que veamos y que es eso que sale por los canales de televisión sin ningún asco de estar diciendo cosas que no son ciertas.

Hoy me pasó algo que muestra lo paradigmático de lo que planteo

Me fui en la mañana al Hospital Salvador para sacar unas fotos y hablar con los funcionarios que están en paro. Apenas llegué al estacionamiento y saqué la cámara se me fue encima un guardia. Luego de eso apareció un tipo con un wokitoki quien no se identificó, pero como en este país cualquier persona con un wokitoki en la mano tiene autoridad, me quiso obligar a salir y hasta me empujó. Se negó a decir su nombre, su cargo, pero aseguraba que en el hospital había una prohibición de que la prensa entrara, que no se podía sacar fotos y que yo no podía entrar con una bicicleta al estacionamiento (excusas ridículas). Como no me moví ante sus argumentos medio boludos llegaron más guardias que me llenaron de preguntas ridículas y, al fin  después de mucho insistir, pude hablar con una mujer que tampoco se identificó, pero que dijo ser la encargada de prensa (o la periodista quizá) y quien argumentó que, por culpa de los periodistas de Mega, quienes al parecer se metieron a tomar imágenes de los enfermos, nadie podía entrar con una cámara al recinto. ¿Y qué culpa tengo yo de lo que haga el Mega?, dije. Y me dejaron entrar, custodiado por un guardia, a dar una vuelta de laucha por los pasillos y mientras caminábamos el guardia me indicaba donde y como podía sacar las fotos… ridículo. Luego de eso me aseguraron que en todo el edificio hospitalario no había nadie, absolutamente nadie, de las personas que están en paro y que, mejor, volviera otro día para ver si me topaba con alguien. Para cerrar el pésimo día que estaba teniendo apareció un tipo muy prepotente, bajito, pero enérgico en su posición de mando medio que bebió tanto café que tiene que hacer algo con su energía. No supe de su cargo, pero su nombre es Juan Pablo Núñez y cargaba un wokitoki más lindo que el de los demás (asumí que era jefe por ese detalle). El caso es que J.P., luego de decirme que había un decreto que me impedía estar en el estacionamiento me obligó a salir. Se fue, juré que no era de Mega. Me di una vuelta y esperé otro rato.

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Pasaron 5 minutos en que yo estaba en la puerta y, por obra y gracia del espíritu santo, apareció un funcionario muy amable que me llevó nuevamente por los pasillos del hospital (esta vez milagrosamente los guardias no me sacaron, ni se me acercaron, ni nada) y luego me presentó a la vocera de los funcionarios en paro, con la que pude conversar un buen rato y más en detalle de que los administrativos del hospital siguen (mintiendo) con esta historia de que cosa menor. Historia que solo le sirve al Mega y a EMOL para justificar que el país está perfecto. Quizá por eso es que al ver mi credencial del Ciudadano los administrativos del hospital me sacaron cagando y me inventaron la historia de que todo estaba bien, bonito, peinadito y en orden cuando en realidad la cosa no es así.

Bueno. Al final los guardias se negaron a decirme el nombre del tipo que me empujó y me obligó a salir. El argumento de los guardias fue que no sabían su nombre (es su jefe) y que solo lo reconocían como “ALFA 2”. Me sentí como en la Guerra de las galaxias. Alfa2, quien supe que se llama Pablo Pérez y que tiene un wokitoki de la muerte, al parecer es uno más de los “guardias comunicacionales” de la administración y su trabajo, aparte de ponerse en frente de las cámaras y tratar mal a la prensa que no viene de un canal poderoso, consiste en resguardar el orden público… que en lenguaje chilensis significa: ocultar la verdad.

Cerrando:

Mi reflexión partía precisamente porque a veces me pregunto si esto que hacemos sirve de algo. Cómo podemos combatir aparatos comunicacionales enormes que no solo están amparados en leyes ridículas, sino que además han sabido ramificarse hasta el pensamiento individual de muchos funcionarios que, sin pudor, le tapan las cagadas a los empresarios y a los altos mandos de las empresas públicas y privadas. {destacado-1}

Sirve de algo que tú estés leyendo esto? Sirve de algo que yo lo escriba? Somos tan estúpidos como para seguir creyendo en las mentiras de los canales o de verdad podemos combatir un poco de esa enorme guerra injusta que han montado con sus cámaras y sus periodistas inescrupulosos que toman nota de todo lo malo para justificar sus trabajos miserables que solo le traen más problemas y más injusticia a la gente?

Mañana (hoy jueves 17 de julio, para cuando leas esto) los funcionarios del Hospital Salvador marcharán desde el frontis hasta Providencia en una marcha simbólica. Están pidiendo que el hospital no pase a ser concesionado. Los usuarios van a apoyar el paro caminando con los trabajadores. Yo voy a estar ahí para contar de la manera más honesta posible lo que realmente pasa adentro del hospital y dar una versión menos “oficial” y menos pelotuda de lo que son las demandas y las luchas políticas que están llevando a cabo los trabajadores.

Vayan este jueves 17 a las 3 de la tarde y tómense 15 minutos para conversar con los funcionarios y caminar con ellos en apoyo a lo que están haciendo para nosotros y por nosotros. Porque al final la gente pobre como uno es la que no aparece en las intenciones de los administrativos que quieren conseguir lucas a cambio de nuestra salud o nuestro tiempo.

Y no vean el Mega, ya está claro, se portan pésimo. Les dejo una foto de Alfa 2, mi amigo.

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