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Carta a los Comunistas

Durante la Dictadura Militar el Partido Comunista se transformó en uno de los principales frentes de acción de miles, sino millones, de chilenos que buscaban alguna forma de luchar contra el régimen militar, de entregar algo de sus vidas por acabar con un gobierno injusto y autoritario. Quizá dentro del partido comunista es donde más militantes cayeron en manos de la DINA y la CNI, donde más torturados hubieron, donde más asesinatos se perpetraron. Sin duda es un partido que ha contado durante décadas con la mayor cantidad de militantes activos y constantes, además de sinceros, luchadores, con ansias de justicia y dispuestos muchos a dar la vida por su país.

Durante la dictadura se plantearon firmes contra el plebiscito fraudulento de 1980. Propugnaron en sus documentos y congresos la urgencia de, una vez derrocada la dictadura, derogar la Constitución política impuesta por la Junta Militar e iniciar un proceso donde el pueblo eligiese una Asamblea Constituyente. De haber sido esta la ruta recorrida en 1989-1990 de seguro se habrían transformado en una de las fuerzas más votadas, con delegados dentro de la constituyente y hubiesen tenido la oportunidad de participar en la refundación de nuestro país luego de una extensa tiranía.

Este partido fue incluso una -sino la única- excepción dentro del mundo partidista de ese momento, que llamó a boicotear el plebiscito constitucional del 30 de julio de 1989, reconociendo así el nuevo fraude en donde tanto Concertación como Dictadura llamaron a votar SI, es decir, por la opción que –como decía Pinochet- aseguraría que todo presidente electo en el futuro “debería conducir al país hacia la aplicación plena de la carta fundamental” pues “no está en juego el ideario ni el itinerario constitucional trazado”.

Así el país se sumergió en la trampa más grande y burda de su historia, con una coalición democrática subordinada a la voluntad perpetua de un modelo incambiable bajo las reglas que ellos mismos aceptaron. La Concertación no cumplió ninguna de sus promesas, entre las cuales estaba la renacionalización del cobre y la Asamblea Constituyente -enarbolada por su propio mártir Eduardo Frei Montalva-, pues sabían que no podrían hacerlo al haber aceptado “el itinerario constitucional trazado”, negociando con la dictadura en el llamado “acuerdo nacional” y llamando a votar SI en 1989. De esta manera nos condenaron a tener gobiernos subordinados a la Constitución Política de Pinochet, que asegura el sometimiento de nuestro Estado a la voluntad de las empresas trasnacionales y del gobierno de Estados Unidos -verdadero autor de todo el plan maestro efectuado-, volviendo a ser una neo colonia y retrotrayéndonos a la calidad de súbditos disfrazados de ciudadanía.

En todo esto el Partido Comunista se planteó claro hasta los inicios del 90` al menos. Pero poco a poco terminó cediendo al monopolio político de la concertación para finalmente someterse y auto limitarse a los lineamientos que ellos plantean, dejándoles un espacio para las “propuestas” que pueden hacer ahora como miembros de la Concertación, disfrazada en estos momentos de “Nueva mayoría” -para no traspasar el desprecio de la población a su actual candidata presidencial-.

Ante la posibilidad de seguir eternamente fuera del sistema político actual, de seguir luchando año a año por mantener el 5% de los votos para sobrevivir como partido, con obligadas estrategias mañosas en cada ciclo electoral que terminaban haciendo reñir a sus bases militantes con las organizaciones sociales que no apoyaban su “estrategia” y “táctica” en peleas absurdas, tenían que tomar una decisión. Ante este incierto futuro en la carrera política de la cúpula del partido, algunos ya de muy avanzada edad, quienes podían correr el riesgo de terminar sus vidas sin llegar a ser diputados, senadores o ministros: decidieron tomar una decisión. Decisión subterfugia que la cúpula no se preocupó de informar a sus bases y menos que la aprobaran.

En septiembre del año 2009 el Presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, asiste como invitado a una cena presidida por el magnate mundial David Rockefeller en el Council of the Américas en Nueva York, patrocinada por Chevrón y Barrick Gold, donde el organismo condecoró con la Insignia de Oro a la aun presidenta Michelle Bachelet por “su labor”. Teillier fue el único y privilegiado personaje en la lista de invitados que acompañó a Bachelet, además del entonces Ministro de Relaciones Exteriores Mariano Fernández. Este evento fue censurado y no se publicó en ningún medio de comunicación. Cientos de militantes comunistas chilenos se enteraron años después por vías alternativas, incluyendo miembros del Comité Central.

Ese mismo mes se realizó en Chile el exitoso Congreso Nacional de Educación con más de dos mil dirigentes delegados de todo el país representando a todos los actores de la educación: profesores universitarios, de colegios y parvularias, estudiantes universitarios y secundarios, asistentes de la educación, etc. Todos durante dos días de trabajo arduo reunidos, con una metodología muy amplia, ordenada y democrática. El resultado fue categórico: como primera medida se debía luchar unidos por una ASAMBLEA CONSTITUYENTE y calendarizar en adelante actividades para avanzar como movimiento social hacia el logro de la misma. Sin embargo las conclusiones del congreso no fueron difundidas y no se visibilizó en la prensa tan importante acontecimiento que pudiera haber significado el inicio de un gran movimiento social con la fuerza suficiente para avanzar hacia la constituyente. Las razones aún son desconocidas. El evento fue organizado por federaciones universitarias en conjunto con el Colegio de Profesores y otras organizaciones gremiales dirigidas en ese tiempo, en su mayoría, por dirigentes vinculados a la Concertación y al Partico Comunista.

En ese mismo año una delegación de la Red de Estudiantes de Chile por la Asamblea Constituyente, intentando ayudar a llevar adelante las conclusiones del congreso, intentó coordinar acciones con la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, entonces dirigida por la Nueva Izquierda (ligada a Camilo Escalona), pero en vez de recibirlos el Presidente los recibió el Secretario Ejecutivo (futuro presidente de la FECH) -quien representaba al Partido Comunista- aclarando antes de iniciar la reunión: “les digo al tiro que yo soy el más anti asamblea constituyente de todos mis compañeros”. Obviamente no se logró coordinar nada.

El 2011 estalló la revolución estudiantil nuevamente y Camila Vallejo no tardaría en posicionarse como la dirigenta más importante. Pese a que el estallido se había gestado a raíz de la demanda de cambio constitucional impulsada por los estudiantes del Liceo de Aplicación, poco a poco esa demanda fue siendo absorbida por otras menores impuestas desde el mundo universitario, cada vez más ceñidas a detalles subestructurales del sistema educacional, en vez de integrarse a la lucha por un cambio global en conjunto con el resto de la sociedad organizada no estudiantil. Coincidentemente, y pese a los reiterados intentos, la única presidencia FECH –entre 2007 y 2012- que no aceptó reunirse con el movimiento constituyente fue la del 2011.

Este año 2013, el Partido Comunista oficializó su integración a la Concertación de Partidos por la Democracia, coalición despreciada por el 75% de la población nacional (ADIMARC, octubre 2013). Dentro de esta “Nueva Mayoría” la cúpula PC busca mantener sus actuales diputaciones y ganar algunas más, pero sin romper el binominal sino dentro del mismo. Es decir sin afectar en nada los poderes de veto de los grupos conservadores hacia toda iniciativa de ley que refleje las demandas históricas del movimiento social.

En este contexto, y pese a que por fin se consolidó el trabajo de cientos de chilenos que durante una década luchan por avanzar hacia una Asamblea Constituyente, logrando estos últimos tres años que una mayoría abismante de la población nacional apoye hoy esta demanda, la cúpula PC no se compromete. Pese a que la totalidad de las bases comunistas están de acuerdo en que la mejor forma de cambiar la constitución es convocando a la elección de una Asamblea Constituyente, la dirigencia del Partido Comunista no doblega su actitud de poner freno a esta idea. Y es especialmente su presidente quien no transa en decir que “puede ser la Asamblea Constituyente como puede ser otro el método”, que ellos “lo han propuesto para el programa de Bachelet”, pero no se disponen a defender la idea, la relativizan constantemente y no le dan la importancia que sí le dan las miles de organizaciones sociales que ya han decidido luchar con todas sus fuerzas por ella.

Faltando solo semanas para la elección presidencial, Guillermo Teillier reitera tercamente su posición, tratando de no moverse un milímetro de la línea de Bachelet. Su última declaración dice con claridad que no defenderán la Asamblea Constituyente: “Lo ideal sería la Asamblea Constituyente, pero también propusimos una variante” “no sé si va a ser considerada o no” “una determinación más firme en cuanto al método [Asamblea Constituyente] tendría que tomarse después de las elecciones”.

Pero ¿de qué sirve tomar la determinación después de las elecciones? Si es antes cuando se definen las posiciones. De qué sirve que los candidatos no muestren su opinión frente esta demanda histórica y sí lo hagan ya electos: sirve para que no se comprometan ni arriesguen nada. Al menos algo es claro: el hombre que hoy, durante ya ocho años, preside el Partido Comunista de Chile se encuentra en la misma posición política que Ricardo Lagos, Ignacio Walker, José Miguel Insulza, Michelle Bachelet y otros miembros de la cúpula concertacionista que se han querido mostrar abiertos a discutir el “método”, pero que no se comprometen con una Constituyente, condenándonos a otra década más de “continuidad del ideario e itinerario constitucional trazado” (Pinochet 1988). Esto es inaceptable.

En un momento en que las aguas están claras, donde millones de chilenos están exigiendo Asamblea Constituyente y los grupos económicos monopólicos nacionales y trasnacionales están decididos a frenarla, no se puede tener doble estándar. Cuando El Mercurio, La Tercera, UDI, RN y todo el empresariado monopólico han hablado: “nos preocupa la Asamblea Constituyente” y “vamos a rayar la cancha” (Presidente de la SOFOFA, octubre 2013) indica que ya no es hora de ambigüedades, es hora de tomar posición y actuar.

Ciudadanos comunistas de Chile: ¡rebélense contra quienes los conducen hacia la nada! Aunque esto implique rebelarse contra sí mismos ¡rebélense!. Por lo más sagrado de su propia ideología ¡rebélense!. La disciplina es correcta cuando la conducción es recta, pero no cuando va en la dirección contraria. Sean disciplinados consigo mismo y sus ideales, el resto de los chilenos los necesita para impulsar el proceso constituyente que ha de emancipar este país.

Por Matías Sagredo Z.

Ex coordinador REDESCHILE (2006-2012)

Red de Estudiantes de Chile por la Asamblea Constituyente

El Ciudadano

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