Chile y Bolivia ante La Haya, ¿Cuáles son sus argumentos?

BAchelet y Evo Morales

El historiador y politólogo Máximo Quitral habló con El Ciudadano para ofrecer una visión más especializada sobre conflicto territorial y limítrofe entre Chile y Bolivia que se discute en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, el organismo judicial más importante de las Naciones Unidas.

Máximo Quitral, como investigador del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Arturo Prat, considera que las apelaciones que Chile y Bolivia defienden ante La Haya corresponden a una argumentación sustentada en bases completamente diferentes.

Por un lado Chile apela a la incompetencia de la Corte Internacional de Justicia, la CIJ, para intervenir en una disputa territorial que quedó supuestamente establecida en el Tratado de 1904 y en el Pacto de Bogotá. Máximo Quitral sostiene que «desde el punto de vista jurídico, uno puede entender los argumentos que está entregando Chile, pues basa su estrategia argumentativa en que Bolivia quiere desconocer el Tratado de 1904, y por lo tanto la Corte no tendría competencia para ese punto en particular. Además, cualquier disputa habría sido zanjada en el Pacto de Bogotá, y por lo tanto es casi improbable que la CIJ pueda tomar en consideración los argumentos de Bolivia«, explica el investigador de la Universidad Arturo Prat.

Quitral especifica que es bastante improbable que la CIJ falle a favor de la demanda boliviana porque, en razón de los planteamientos chilenos, «la corte difícilmente podría atender los argumentos de Bolivia porque no tendría competencia, ya que los tratados son anteriores a la época de formación de la Corte Internacional de Justicia«.

El argumentario que sostiene Bolivia para defender su demanda marítima y que expondrá mañana miércoles ante la Corte se basa «en procesos de vinculación y de acercamiento bilateral con Chile desde el año cincuenta en adelante«, explica Máximo Quitral. Bolivia ha construido a partir de elementos históricos «una argumentación jurídica en razón de que Chile ha tenido la intención de solucionar el enclaustramiento geográfico boliviano» en tres momentos puntuales de la historia, por lo que ahora Bolivia le pide que cumpla con esos compromisos.

Los tres hechos históricos que sustentan la demanda boliviana y que Quitral nos explica son: la década dorada de las relaciones chile-bolivianas de 1950, la relación en 1975 entre las dictaduras vigentes en ambos países latinoamericanos, y la agenda de los 13 puntos del primer mandato de Michelle Bachelet.

Estas son las dos miradas interpretativas que se enfrentan en la disputa por la salida al mar de Bolivia. La Corte Internacional de Justicia tendrá que decidir después de haber escuchado todos los argumentos, si efectivamente el organismo tiene o no competencia para mediar en el conflicto y atender la demanda que Bolivia presentó en abril de 2013 para «obligar» a Chile a negociar una salida soberana al mar».

«Si eventualmente la corte se considera incompetente, se daría por finalizada la demanda boliviana; pero Bolivia no va a desistir de su búsqueda de acceso al mar con soberanía. Seguramente vaya a instancias superiores en organismos multilaterales«, advierte Máximo Quitral.

Si, por el contrario, la CIJ se considera competente para acoger la demanda boliviana, daría comienzo el juicio que trataría el tema de fondo sobre el derecho de Bolivia a negociar con Chile una salida soberana al Pacífico.

Sea cual sea la decisión final de La Haya, lo cierto es que la demanda boliviana es un problema que precisa de una solución, y ésta no puede basarse en una oposición rotunda al diálogo y a la negociación, tal y como hace Chile en estos momentos.

Máximo Quitral propone una estrategia basada en cuatro puntos. En primer lugar, «la política internacional de Chile debe dejar de ser una política de gobierno para ser una política de Estado que sea permanente en el tiempo«, defiende el investigador. En segundo lugar, «Chile debe construir una agenda de integración entre ambos países para ir descomprimiendo el ambiente» y que finalicen «los revanchismos que entorpecen las relaciones internacionales» entre Chile y Bolivia.

Quitral defiende además que el gobierno chileno «debe generar una política de identidad latinoamericana que se acerque a los países de la región y que permita construir agendas de colaboración«. Por último, Quitral propone que Chile debería llevar a cabo una modernización de su cancillería pensada para «extender el escenario latinoamericano y comprender que hay que darle sentido a los procesos integracionistas que hoy han estado sólo conectados en el aspecto económico y que han sido debilitados en el político«.

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