Cierra una etapa del proceso de paz en Colombia: El tránsito de las FARC a la vida civil y las dudas hacia el futuro

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Este fin de semana se comenzó a bajar la cortina a una historia de 57 años, cuando las FARC-EP sellaron el fin de su lucha armada al conformarse como partido político e iniciar una etapa dentro de la institucionalidad, sin desviarse de sus lineamientos ideológicos, en el marco de los acuerdos suscritos con el gobierno colombiano como parte del proceso de paz iniciado en Oslo en 2012 y que en diciembre del año pasado fue ratificado por el parlamento.

Durante toda la semana pasada los ex combatientes desmovilizados, provenientes de diferentes zonas de Colombia, fueron parte del primer congreso de la hoy organización política, donde se debatieron los ejes en los que se sostendrá el trabajo a futuro y cuyo primer gesto público -junto con la presentación de una rosa roja como imagen- fue el sutil, pero significativo, cambio de nombre: Pasan de ser las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército Popular a Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, manteniendo su histórica  sigla FARC.

Pero el proceso que culminó este domingo con un masivo concierto por la paz en la capital colombiana, Bogotá, ha estado rodeado de una sombra de dudas sobre el cumplimiento de las condiciones acordadas para llevarlo a cabo. Titubeos que se confirman con el actuar de los órganos estatales, de quienes no se verifican mayores esfuerzos por fortalecer la paz.

El periodista colombiano y coordinador de la Agencia Prensa Rural, René Ayala, explica a El Ciudadano que el que se concreten los acuerdos por parte del Estado “depende en buena medida de la correlación de fuerzas favorables a la paz y de la movilización social”. Además, agrega que en esta tarea es fundamental la actuación de la sociedad y que establece su desafío en “lograr una gran movilización social en respaldo de los acuerdos para jamás volver a la guerra”.

Mientras tanto, la vocera del Congreso de los Pueblos, plataforma que reúne a diferentes organizaciones y movimientos colombianos, Donka Atanassova, sostiene a este medio que el proceso de paz “ha logrado abrir debates en el país: frente a la corrupción, frente a la pobreza y exclusión, por ejemplo”. Sin embargo, difiere del compromiso de buena parte de la sociedad respecto del proceso, ya que según ella “ha sido muy mezquina”, apuntando a los medios de comunicación como responsables de generar este escenario.

Ejes y proyecciones de las FARC como partido

Si bien  los lineamientos políticos de las FARC no se modifican en su tránsito de la vida insurgente a la “política institucional”, sí se han planteado una serie de objetivos para el nuevo período que se inició este fin de semana.

Como sucede en buena parte del continente, existe una grave crisis de legitimidad del sistema político colombiano a partir de una serie de casos de corrupción que protagonizaron representantes de diversas fuerzas políticas tradicionales y es en ese escenario de desconfianza en que las FARC inician su camino en la institucionalidad.

En este sentido, Atanassova sostiene que “es muy valeroso que una insurgencia dé el paso en estos momentos de convertirse en partido político, en momentos que hay una crisis total del sistema político”. Y, al mismo tiempo, en referencia al debate que genera la participación política de los ex milicianos, agrega: “El proceso de paz ha generado rupturas en diferentes espacios del actuar político”.

Ayala, en tanto, sostiene que a pesar de estar recién instalándose en el tablero político colombiano, las FARC tienen un 12% de aprobación en las diferentes encuestas realizadas en estos meses y recalca que “plantean una plataforma amplia para construir un gobierno de reconciliación y transición construido con una gran convergencia por la paz y ratificaron su aspiración histórica de ser gobierno”.

Al mismo tiempo, el coordinador de Prensa Rural destaca que los objetivos de la agrupación se mantienen y en ellos destacan: “la lucha frontal contra la corrupción, la democracia profunda, reformas en el campo y la ciudad para la inclusión económica, protagonismo a las comunidades de la ruralidad colombiana, garantías para la participación política y la democratización de la vida nacional”.

Con miras a las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias que Colombia vivirá en 2018, la vocera del Congreso de los Pueblos cree que este tránsito marcará el tono de la campaña, recalcando que “la implementación y la continuidad del proceso de paz será un tema durante el próximo año”.

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En paralelo, Ayala sostiene que el desafío de las FARC en materia electoral se centra en “romper la lógica construida en la propaganda de guerra que estigmatizó su proyecto político”, y a la vez “potenciar escenarios de reconciliación que les permita llegar a otros sectores sociales que pueden tener identidad con sus propuestas programáticas”.

Presidente Juan Manuel Santos

Incumplimiento de compromisos y hostigamiento: Las sombras del proceso

La falta de cumplimiento de los compromisos del gobierno de Juan Manuel Santos vienen a poner la cuota de incertidumbre a un proceso que está cerrando una etapa en el caso de las FARC y que se encuentra a punto de abrir otra, en el caso del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En este sentido, René Ayala explica que las FARC “han acatado sus compromisos en tanto cumplieron con los cronogramas de desarme, entregaron la información de su inventario”, y en referencia a las dificultades de la implementación de los acuerdos, apunta a que debe llevarse a cabo una “legislación especial, vía rápida o fast track, lo que no han sido abordados por el Congreso, generando incertidumbre”.

Junto con eso agrega que se “requieren leyes especiales para no poner en riesgo la reincorporación del grueso de excombatientes y los aspectos centrales de los acuerdos, como reforma agraria integral, participación política, sustitución de cultivos y justicia restaurativa”.

DonkaAtanassova, la vocera del Congreso de los Pueblos, comparte este punto y agrega que “el gobierno no ha cumplido con los detenidos políticos y su salida en los tiempos establecidos. Hay temor de persecución”.  Además, agrega que los sectores de ultraderecha encabezados por el ex presidente Álvaro Uribe son los principales promotores de ponerle freno al proceso de paz, ya que “le da su potencial y su capital político”.

Al respecto, Ayala recalca que para el uribismo la aspiración es “echar atrás los acuerdos, como plataforma para agitar en la campaña electoral”. Y hace hincapié en lo siguiente: “Un gobierno de estos sectores, pone en inminente riesgo el acuerdo y el futuro de la salida política en Colombia”.

A la falta de acción política para implementar los acuerdos se debe agregar la situación que viven los ex milicianos de las FARC, que a pesar de los compromisos suscritos, se encuentran sin garantías. De hecho, según informes dados a conocer en Colombia, las cifras son significativas: 101 dirigentes sociales, 11 ex combatientes, 12 familiares de miembros de las FARC asesinados, y 34 casos de detenciones arbitrarias de miembros de la ex guerrilla.

En este sentido, Atanassova expresa que “muchos de los ex combatientes de las FARC han tenido problemas en varias regiones”, recalcando además que al salir de las zonas veredales -espacios donde los ex milicianos se han concentrado en este tránsito- ha habido “gente asesinada o detenida”.

“Las FARC han señalado que esta amenaza que se cierne contra los acuerdos debe desarticularse y que el Estado debe garantizar la vida de comunidades y excombatientes”, sostiene Ayala respecto de los hechos de violencia en contra de los ex miembros de la guerrilla.

Firma de Acuerdo de Paz entre el gobierno y las FARC

El periodista sostiene que desde las FARC las garantías de paz están dadas y una muestra es lo que sucede en las zonas veredales, las que a pesar de no contar con la infraestructura, se han convertido en “espacios territoriales de capacitación y reincorporación, acompañados por una misión especial de Naciones Unidas y son objeto de proyectos e iniciativas impulsadas por el CNR (Consejo Nacional de Reincorporación)”.

“Estos espacios territoriales se han caracterizado por ser territorios de paz e intercambio con comunidades, organizaciones sociales, estudiantes e investigadores cumpliendo su papel en la pedagogía de paz y consolidándose como referentes del alcance de los acuerdos”, cierra Ayala.

Así, se pone fin a una primera etapa del proceso de paz en Colombia, con las dudas y desconfianzas por parte de los actores, pero con la mirada puesta en un horizonte pacífico para los tiempos que vienen.