Desde la Comunidad Palestina de Chile dirigieron una carta al presidente José Antonio Kast emplazándolo y expresando su «profunda preocupación» por las recientes declaraciones estigmatizantes del embajador de Chile en Israel, Gabriel Zaliasnik sobre los chilenos de origen palestino.
“¿Esta será la forma en que su Gobierno se relacionará con los chilenos de origen palestino?”, cuestionaron en la masiva.
Señalaron que resulta inconcebible para una comunidad con más de 130 años de arraigo en el país que una autoridad de su Gobierno se refiera a los chilenos de origen palestino en los términos utilizados por el diplomático en una entrevista en el programa “Defending Israel with David Harris”, de Jewish Broadcasting Service (JBS), un espacio que, por su propia denominación, “elimina cualquier duda sobre su orientación editorial”.
Calificaron como «inaceptable» que un representante oficial de Chile acuda a un foro destinado a fortalecer el apoyo a Israel para hablar sobre la comunidad palestina chilena especialmente cuando la escenografía del programa mostraba un mapa que presenta a Israel como la totalidad del Territorio Palestino Ocupado, incluyendo Cisjordania, Jerusalén Este, la Franja de Gaza y los Altos del Golán. Este hecho, según la misiva, valida la anexión ilegal de territorio por la fuerza, un contexto que agrava la gravedad de las declaraciones del diplomático.
En dicho espacio Zaliasnik cuestionó el tamaño de la comunidad palestina en Chile y se refirió a ella como numerosa, poderosa e influyente.
Sin embargo, el malestar no se centra únicamente en las cifras señaladas por el embajador respecto del tamaño de la comunidad, sino en el contenido del discurso de Zaliasnik. Plantearon que si bien las afirmaciones aisladas podrían parecer opiniones personales, “observadas en conjunto, sin embargo, construyen un relato mucho más preocupante” que apunta a la existencia de una comunidad palestina “abrumadora”, numerosa y poderosa frente a una judía pequeña; la supuesta influencia significativa de la primera en medios y el Parlamento; la exageración deliberada de cifras; la presencia de integrantes radicalizados; y la vinculación directa con el crecimiento del antisemitismo.
“De esa suma de afirmaciones emerge una imagen inequívoca: la de una comunidad numerosa, organizada, influyente y potencialmente peligrosa”, denunciaron en el texto, subrayando que cuando esa comunidad está definida por el origen de ciudadanos chilenos, se cruza la línea hacia una “estigmatización colectiva que consideramos profundamente discriminatoria y peligrosa”.
Otro aspecto que generó un profundo rechazo es el intento del embajador chileno por relativizar la identidad palestina y plantearon que al referirse a los antepasados como simples «árabes» que posteriormente adoptaron el nombre de «palestinos«, Zaliasnik desconoció la historia de la comunidad en Chile y señalaron que la identidad palestina, lejos de ser un invento político reciente, tiene raíces profundas en el país.
“El mejor ejemplo es que el primer antecedente del Club Deportivo Palestino es en 1916, antes del Mandato Británico”, afirmaron en la carta, demostrando que la autodenominación y el sentido de pertenencia a Palestina existían mucho antes de la creación del Estado de Israel.
Los integrantes de la Comunidad Palestina consideraron “impropio que quien representa oficialmente a Chile ante otro Estado pretenda desde el extranjero relativizar la identidad” con la que generaciones de ciudadanos chilenos se han reconocido.
La preocupación se eleva a un nivel institucional cuando el embajador, en su rol oficial, utilizó el «nosotros» para referirse a la comunidad judía y no a la totalidad de los chilenos.
“Su ‘nosotros’ debe ser Chile, y dentro de ese Chile estamos todos”, reclamaron en la carta, apelando a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.
Señalaron que el problema se agrava al hacer pública su adhesión al sionismo en la entrega de cartas credenciales, una ideología que, según la agrupación, es objeto de intenso debate.
Al respecto expusieron que “un representante oficial de Chile debe comprender que el sionismo es también una corriente política e ideológica” y señalaron que de igual manera sería impropio declararse marxista ante Cuba, ya que la función diplomática exige prudencia y la distinción clara entre convicciones personales y el deber de representar a todo el país.
Finalmente, la Comunidad Palestina condenó de manera absoluta el antisemitismo, pero rechazó tajantemente la equiparación automática entre antisionismo y antisemitismo.
La carta sostiene que “criticar al Gobierno de Israel, denunciar la ocupación, cuestionar los asentamientos o rechazar políticamente el sionismo no constituye, por sí mismo, antisemitismo”. Establecer esa equivalencia, advierten, produce el efecto perverso de hacer responsables a todos los judíos del mundo por las decisiones de un Estado, una lógica que rechazan tanto para ellos como para cualquier otra comunidad.
“Los ciudadanos judíos de Chile no deben responder por el Gobierno israelí, de la misma manera que los chilenos de origen palestino no debemos responder por gobiernos, autoridades u organizaciones palestinas”, aclaraeonn.
La carta concluye con un emplazamiento directo al presidente Kast, expresando la tristeza y la indignación de una comunidad que está siendo señalada y estigmatizada, recordándole que «nuestros antepasados llegaron a Chile hace más de un siglo y ayudaron, junto a tantos otros, a construir este país» y que «sus hijos, nietos y bisnietos somos plenamente chilenos».
«Creíamos que después de tantas generaciones no volveríamos a sentir que nuestro origen podía transformarnos ante nuestras propias autoridades en un “ellos” distinto del resto de la sociedad. Por eso, más que indignación, sentimos tristeza. Y frente a la acumulación de estos hechos no podemos evitar formularle una pregunta que jamás pensamos que deberíamos dirigir a un Presidente de la República: ¿debemos entender que ésta será la forma en que su Gobierno se relacionará durante los próximos años con los chilenos de origen palestino? Esperamos sinceramente que la respuesta sea no», cerraron.
