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Crudo análisis: “Chile y las elecciones”

 

El capital tiene a Chile como la niña de sus ojos. Se trata de uno de los países con mayor índice de inversiones. Los capitales mineros, por ejemplo, se desplazan por todo el país mediante empresas de estudio previo que analizan regiones, cerros y montañas solicitando la concesión, la compra o cualquiera que sea el medio de acceder a la exclusividad. Sólo a veces salen a la publicidad para estar presentes en el debate público. La mayor parte pasa desapercibido. La oposición no pondrá problemas y los grupos rebeldes tampoco, ya que todos están de acuerdo en que la minería, en especial el cobre, es el «sueldo de Chile». Hay una especie de consenso nacional prefabricado que inhibe la discusión al respecto. Los partidos de oposición que tienen puestos de dirección en los sindicatos mineros, aún con la presencia de ex militantes revolucionarios que aparecen de tanto en tanto en listas de apoyo o convocatoria a esta o la otra acción, guardan prudente silencio, ya que cuando sean gobernantes como Evo Morales en Bolivia o Chávez en Venezuela, tomarán control de esas riquezas y Chile será un país muy rico y con una gran distribución de renta, se acabará la pobreza y vendrá la «igualdad», eje del programa de Bachelet, la abanderada presidencial de la oposición, el bloque de partidos neoliberales que administraron la economía pos-golpe militar llevándola al sitial mundial donde está ahora: un lugar ideal para meter plata y extraer ganancia, además donde nadie mueve un pelo contra la agresión que representa la gran minería el día de hoy, con sus secuelas de depredación, envenenamiento, deterioro del ambiente, desviación y aniquilamiento del curso de las aguas, pretexto para buscar y generar más electricidad de la que se necesita.

Las empresas mineras y la extracción del metal son la verdadera causa de la insistencia de las represas en Aysén, que han concitado tanto rechazo local, regional y a nivel de todos los territorios controlados por el Estado chileno, puesto que las propuestas y acuerdos ya aprobados de nuevas explotaciones requieren una gigantesca cantidad de electricidad que el país no produce. No hay electricidad para eso, de modo que las empresas eléctricas en funcionamiento desarrollan potentes campañas de ahorro de la energía casera. Todos ven con beneplácito que las empresas enseñen en sus volantes, propaganda y boletas de cobro del consumo, a economizar energía, desenchufar todos los artefactos que no están siendo utilizados en la casa, a sabiendas que si hay gasto extra, la empresa va a cobrarlo, lo que significa ingreso en caja, o sea, que esta campaña tiende a disminuir las posibilidades de ese ingreso extra en caja, lo que suena contradictorio a la lógica de la acumulación, por lo que hay que buscar la explicación en otro lado: el desvío de energía hacia la explotación minera, la racionalización de los recursos disponibles, pues invertir energía en la minería es «la» inversión, de modo que se les hace la boca agua de ver tanta empresa recorriendo el país y adquiriendo tierras, cerros, montañas y bosques por todos lados. De seguro voy a sorprender a más de un lector si relato que el millonario Farcas (o Farkas), si, aquel que hace imagen de dadivoso, está comprando en diversos lugares sin miramientos y una de sus últimas adquisiciones ha sido en territorio mapuche, justamente donde brotan y se cultivan plantas y hierbas medicinales en una gran diversidad, donde llegan las y los machis de kilómetros a la redonda en una especie de peregrinación ritual fundamental a colectar lo que necesitan para la restitución del equilibrio, roto con alguna dolencia que occidente llama enfermedad y ellos denominan ruptura del equilibrio. Por eso no es de extrañar que el planteamiento tan sólo de la posibilidad de extracción minera allí produce gran afectación estructural, emocional, cultural y espiritual en las comunidades de ese país ocupado. Es claro que la aplanadora del extractivismo capitalista no identifica esos valores, principios y necesidades, por lo que los partidos, tanto de gobierno como de oposición, no podrán aparecerse por esos lados, ya que no tendrán respuesta a las quejas razonables.

 

Basta ese ejemplo para dar una idea de como la campaña electoral se extiende como una nube y como troupe de circo malabarista ocultando y desviando la atención, ya que el debate hasta ahora es superficial, de ataques unos a los otros y asuntos como la gratuidad de la enseñanza que han conseguido envolver al estudiantado durante tres años sin mover un pelo del sistema, las «movilizaciones» están teniendo el efecto de ser aprovechadas casualmente por las candidaturas de ex dirigentes estudiantiles y oenegeros (gente que profita del asistencialismo de las ONGs), así como los «movimientos sociales» que han sido reabsorbidos en su totalidad por la dinámica institucional ante la ausencia de formas de protagonismo de construcciones locales, como fue la gran dinámica movilizadora de Aysén, que luego se agotó y no quedó en nada, salvo dos o tres candidatos salidos de los dirigentes de la experiencia, como Fuentes, tan elogiado por todos, vaya usted a revisar los apelativos y panegíricos que se le otorgaban a la época, hoy día un candidato al parlamento por los partidos que han estado siempre en contra de la pesca artesanal, el rubro del que el candidato es representante, igualito que la superstar Camila Vallejo, ambos diciendo que en el parlamento podrán luchar por los derechos conculcados y por las reivindicaciones que motivaron la lucha, o como el líder de los trabajadores del cobre, que llevan de candidato a esta región, luego a la otra, que en la anterior ganaba en el norte, pero lo hicieron enroque hacia el sur para dejar la plaza a Carmona, que se robó los huevos que había puesto Cuevas en Antofagasta y Calama.

 

A los movimientos sociales se les moviliza para calentar motores y ganar en conciencia dependiente de las instituciones, haciendo tabla rasa con las capacidades, la potencia y los gérmenes de contrapoder que allí se pueden instalar. Si se consigue alguna cosa de la institucionalidad estatal, se canta victoria, la lucha tuvo sentido, viva, bravo! Arriba Papá Noel y el paternalismo estatal. Si se pierde, la institución está mal dirigida, por eso llevemos a Fuentes, Vallejo, Cuevas, etc, que están con nosotros y harán oír nuestra voz entre los parlamentarios y van a proponer leyes en nuestro beneficio. Los grupos rebeldes están cayendo en lo mismo, pues en la disputa por asumir el mando de los movimientos para darles otra orientación, deben acompañar los ritmos de las protestas para radicalizarlas y reproducen el voluntarismo de la lucha corporal contra el aparato de dominación en espacios donde llegan todos los antisistémicos separándose más y más de la población y los vecinos. La política de los reformistas de utilizar los movimientos para montar sus candidatos encima de ellos, se complementa con la política de los grupos rebeldes vanguardistas que no han aprendido nada del Che y también disputan ganado entre la población, que no muestra tendencia a sumarse, sino más bien a distanciarse de la «lucha» cayendo en la pasividad y el conformismo de la izquierda reformista que intenta imponer gobiernos nacional-populistas para desarrollar el capitalismo estatista y que por eso consigue aliarse a sectores empresariales seguidores de la nueva política económica que ha superado al estado de bienestar y al neoliberalismo, el neo-institucionalismo de Joseph Stiglitz, que ganó el premio Nóbel de Economía por su política de oxigenación del capital que hoy día es aplicada en Bolivia, Brasil y otros gobiernos «progresistas» del continente.

 

Las elecciones en Chile muestran la novedad de que hay como 10 candidatos presidenciales, cuando la tónica «democrática» binominal presentaba sólo entre dos a cuatro hasta que Marco Enríquez demostró que hay dentro del electorado una parte importante que no apoya a ninguno de los dos grandes bloques neoliberales de la Alianza (actual gobierno) ni de la Concertación (que fue gobierno los últimos 20 años) llevándose nada menos que el 20% de la votación en primera vuelta, lo que es un indicador, más que de la validez o vigencia de su persona como candidato, del cansancio de la población hacia la Concertación, que intenta recuperar espacios levantando nuevamente a la blanca paloma Bachelet, la inmaculada e impoluta, que no se aparece mucho para no contaminarse y que no le escupan, la que ante la muerte de un comunero mapuche ponía por delante un ministro y escondía la cabeza en la arena, como avestruz. Esa señora tiene bastantes cuentas por pagar, de modo que es muy difícil que llegue holgada al primer lugar en la primera vuelta, pues vendrá pisándole los talones el candidato de la Alianza y ambos fluctuarán entre los 30 y 40% de los votos cada uno, o sea, los dos tercios de la votación, ya que el PC aporta sólo con 3% de votos, si es que los mantiene, con tanta voltereta que ha hecho. El MAS, si llega al 2% hay que aplaudirlo. La segunda vuelta la tiene asegurada esta señora, ya que el candidato de la derecha dura jugará todas sus cartas en la primera vuelta y no tendrá mucho de donde rescatar votación para la segunda, pues los votantes de Parisi irán algunos a la derecha conservadora, otros a la derecha neoliberal (la Concertación, que aún llaman algunos de centro-izquierda) y otros a la abstención, los votantes de Velasco harán lo mismo, en tanto los de Igualdad, de Claude, del ecologista y algún otro izquierdoso, no votarán derecha aliancista, algunos lo harán por la derecha concertacionista y otros se abstendrán. Sin embargo el único fuera del binominal que sacará un porcentaje elevado es Marco y es sabido que un porciento importante de sus electores son de izquierda, de modo que de allí saldrá el grueso que hará ganar a Bachelet la segunda vuelta.

 

Por el Profesor J.

Clajadep: Red de Divulgación e Intercambios sobre Autonomía y Poder Popular

 

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