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Elecciones Chile 2009: El circo electoral


Un padrón electoral envejecido seleccionará, en la atrofiada democracia chilena, a representantes para que legislen por ellos, delegando la participación y anulando la autodeterminación. Dos cámaras que se podrían reducir sólo a una, se llenarán de ellos, raptándose la cultura cívica del debate democrático a palacios de privilegiados por la raya, uno de los cuales se sentará en La Moneda.

Muchos de los elegidos, no serán los que tienen las mejores ideas ni los más capaces, si no los que tuvieron el dinero para multicopiar su imagen más veces en las calles, los nominados por la partidocracia del binominal, mientras que las candidaturas hechas a puro pulso para la transformación del país, por y para el pueblo, seguirán apareciendo como minoría en su intento por rearticulación.

En el caso del presidenciable que entre al palacio de gobierno, se verá con las arcas fiscales más grande de la historia de Chile, acrecentada por el monetarismo, la depredación indiscriminada de los recursos naturales como país exportador de materias primas, y fundamentalmente el precio del cobre, del que Codelco explota sólo un tercio; imagine cuánto han recaudado las mineras privadas con el restante 66%. El cobre puede dar salud, trabajo, vivienda y educación a todos los habitantes del país -hemos sacado cuentas precisas en varios artículos al respecto-, pero el problema es que salga quien salga, Codelco sería privatizada en gran parte, apenas se elimine el 10% que se llevan los militares. Y si bien podemos estar muy en desacuerdo con ese porcentaje destinado a las Fuerzas Armadas, es lo único que hoy traba que se regale el tercio que nos va quedando del sueldo de Chile a las transnacionales.

Frente a todo esto, los ciudadanos observamos con desazón una función más de un circo electoral que no hace reír a nadie más que a los payasos de los carteles, que se carcajean bajo frases de falsa esperanza: Que sigue el cambio, que así me gusta Chile y que vamos a vivir mejor –buena cuota de humor negro en este episodio del show que se repite cada cuatro años-.

Circo caricaturizado y disfrazado de democracia, una democracia que paradójicamente lo único que permite al ciudadano es marcar una raya cada cierto tiempo para elegir quien seguirá profundizando más aún esta fase del capitalismo que se desmorona a nivel global, pero que en Chile se agudiza extremando la desigualdad y la injusticia social, a la vez que transforma anti valores en valores preciados.

Debemos ser claros, mientras no seamos el pueblo soberano y organizado quien decida cómo queremos vivir en este territorio, mientras no sea sólo Santiago, sino también las regiones las que cuenten, en un proceso participativo e incluyente de Asamblea Constituyente, seguiremos estando demasiado lejos de experimentar lo que es verdaderamente una democracia.

Para graficar un poco lo “representativa” que es nuestra democracia, veamos algunas cifras sobre quienes –luego de haber sido designados por los partidos- “eligen” al presidente.

Según datos oficiales del Tribunal Calificador de Elecciones (TRICEL), los mayores de 18 años no inscritos en los registros electorales en las últimas elecciones presidenciales, ascienden a 3.101.872, nada más ni nada menos que el 27,4% de las personas en edad de votar. De los 8.220.897 inscritos en los registros en la última elección presidencial, no fueron a las urnas 1.058.552 personas; mientras que acudieron a votar 7.162.345, de los cuales se emitieron 6.959.413 votos válidos; los votos nulos ascendieron a 154.972, y los blancos a 47.960. Si sumamos las personas en edad de votar que no estaban inscritas, más las que no acudieron a sufragar, más las que votaron nulo o blanco, tenemos 4 millones 363 mil 356 personas, vale decir, superan en número a quienes votaron por Bachelet en segunda vuelta: 3 millones 723 mil 19 personas. Más personas prefirieron no votar por nadie o simplemente no votar, antes que optar por nuestra presidenta, quien fue electa con el respaldo de un 32,8% de las personas con derecho a sufragio. Si tomamos datos más actualizados, hoy en día un 32,2% de los mayores de 18 años no hace la fila para el circo electoral.

Algo quiere decir que el pueblo destruya sus carteles, que los candidatos no pongan el nombre de sus partidos en sus letreros. Los hechos hablan por sí solos en un país donde la demora en trascender a una democracia participativa y fraterna, sólo acarrea tensiones sociales y violencia por parte de los órganos represivos del Estado.

Cambiarán los payasos, el circo seguirá y nosotros, aún en la cuerda floja, no estaremos para aplaudirles su descaro. La oligarquía chilena y transnacional -disfrazada de clase política-, seguirá detentando el poder económico, político y militar, y continuará moldeando a su gusto y beneficio, el destino de los pueblos de este territorio, hasta que sepamos ponerle coto.

Y lo haremos, pues su show caradura nos hizo despertar, claramente la democracia no está en sus urnas que resguardarán con fuerza militar el 13 de diciembre y el 17 de enero, está en otro lado. En la recuperación del ser gregario, y la solidaridad para nuestra emancipación soberana.
Finalmente, queremos decirle que el periódico que tiene en sus manos es simplemente expresión de nuestro sentir frente a un nuevo evento que pretende legitimar esta democracia truncada, vigilada y “en la medida de lo posible”, que consideramos del todo ilegítima desde su raíz. Un único consejo: si acude a votar hágalo como quiera, pero no olvide, escriba Asamblea Constituyente (AC) en la papeleta.

El Ciudadano

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