martes, octubre 15, 2019

Habemus Fiscal… (¿A qué costo?)

Respaldo transversal a Jorge Abbott
Respaldo transversal a Jorge Abbott

Cuando en octubre de 2023 el Ejecutivo someta a consideración del Senado al elegido para suceder a Jorge Abbott Charme como nuevo Fiscal Nacional, tal vez nadie recuerde que un día 21 de octubre de 2015, el abogado viñamarino fue aclamado por amplia mayoría de los senadores para ejercer ese importante cargo. Tampoco nadie recordará los pormenores de la sesión que esa tarde se resolvió por 32 votos a favor y dos abstenciones (Iván Moreira y Jorge Pizarro), y que dos senadores se inhabilitaron (Fulvio Rossi y Carlos Montes), mientras que el número 38 (Carlos Bianchi) se encontraba desaforado debido a una querella del Consejo de Defensa del Estado. Todo ello será historia.

 

Lo que no será fácil de olvidar en los próximos meses, son ciertos detalles de la jornada vivida este miércoles 21 en la sede del Poder Legislativo, y cuyos efectos aún son impredecibles. Ello, porque desde que se supo que Jorge Abbott había sido seleccionado por la Corte Suprema, como integrante de la quina de que la Presidenta debía elegir un nombre para someterlo a consideración del Senado, de inmediato el abogado fue descartado como primera opción, y no de la Mandataria, sino de muchos de los senadores que acabaron votando por él, tanto oficialistas como opositores, quienes declararon sin tapujos su predilección por el postulante que había obtenido la mejor calificación frente al Pleno del Poder Judicial, el fiscal regional José Morales, a tal punto, que dicha preferencia fue interpretada en La Moneda como una presión indebida hacia la Jefa de Estado, al menoscabar su facultad privativa de elección.

 

Con todo, estando en visita de Estado en Ecuador, la Presidenta informó desde ese país que Jorge Abbott era su elegido, cuestión que desató una fuerte polémica transversal entre los senadores, que no lo veían como el más apto para dirigir el Ministerio Público. Una de las aprensiones era que se le consideraba un continuador de la gestión del actual Fiscal Sabas Chahúan, a quien se le critica la ineficiencia de la institución, a raíz de la acumulación de causas no resueltas. También se dijo que el elegido, actual director ejecutivo de la Fiscalía, tenía problemas de relaciones con los funcionarios, de quienes se ganó dos denuncias ante la OIT; que es primo hermano del ex ministro de Relaciones Exteriores Alfredo Moreno, quien hoy preside el holding Penta, cuyos controladores se hallan procesados por financiamiento irregular de campañas políticas, y que Abbott solo había obtenido siete votos de la Corte Suprema…

 

Está claro que entre las 10:15 y las 12:15, Jorge Abbott se explayó con toda soltura y pedagogía sobre el rol del Ministerio Público, sobre sus planes de modernización; dio su parecer respecto a la necesidad de capacitar a los fiscales y reconoció las falencias de la Fiscalía en el control de la delincuencia; abordó con la mayor sutileza su relación familiar con “un primo hermano que está vinculado a una empresa cuyos dueños están siendo investigados en una causa”, y dijo que estaba consciente del sentido y alcance de esa coyuntura al ser incluido en la quina como candidato. “Desde el primer momento le pedí al Fiscal Nacional que me dejara fuera de cualquier especie en esa causa; si soy elegido Fiscal Nacional, evidentemente tendré que inhabilitarme”. Del mismo modo, llamó a fortalecer la relación entre las policías y el Ministerio Público para concluir de manera oportuna la tramitación de las causas, y sobre todo, relevó el fiel cumplimiento de la obligación de objetividad de los fiscales en la investigación, defendiendo de manera férrea el principio de presunción de inocencia.

 

¿Qué ocurrió entonces tras la exposición de dos horas del abogado frente a la comisión de Constitución, y la posterior ronda de preguntas y respuestas, que se extendió hasta las 14:30?, ¿acaso fue solo la habilidad política de la ministra de Justicia para romper los cercos la que determinó el punto de inflexión que modificó el criterio de los senadores que miraban con recelo al ex fiscal porteño?, ¿la sola exposición del postulante fue tan sólida que dejó sin opción a sus detractores?

 

Lo que resulta indesmentible es que a la llegada del ahora nuevo Fiscal Nacional, la incertidumbre del Gobierno era evidente: no estaban los 25 votos necesarios para dar el quórum de los dos tercios exigidos. Al comienzo de la agotadora jornada, todo hacía presagiar una segunda derrota en menos de una semana para la Presidenta, tras el rechazo que sufrió en el mismo Senado el postulante a Contralor General. ¿En qué momento cambió la suerte de Abbott?

 

Durante la sesión en la Sala del Senado, sin querer, Andrés Zaldívar entregó parte de esa respuesta, al descartar de manera enfática que la unción haya pasado por un arreglín entre cuatro paredes. Cierta o no, oportuna o extemporánea, la expresión del experto parlamentario democratacristiano no hace sino dejar entreabierta una puerta hacia la duda inmensa sobre cómo y cuándo se fraguó el consenso en torno a Jorge Abbott, si él se produjo este miércoles o si venía cocinado desde la capital, y todo no fue más que una performance mediática, digitada desde las alturas del poder real, toda vez que el propio Gobierno no podía, por una cuestión de imagen, exponerse a una nueva derrota política. ¿Es el país un rebaño obsecuente?

 

De ahora en más habrá que estar muy atentos a los efectos de una negociación que –antes o ayer mismo–, tuvo lugar en los pasillos de la política omnímoda, para saber cuánto pidieron unos y cuánto dieron otros; qué tanto se estiró ese chicle, y los más importante, quién pagará la factura del acuerdo. Desde hoy en adelante, y por los próximos años, habrá que observar el sello que le imprime el principal persecutor nacional a su institución, habrá que poner atención si el apoyo transversal que obtuvo en el Senado, se mantenga alejado de toda sospecha que propicie impunidades e injusticias, habrá que cautelar que nadie invite a su casa a cenar al Fiscal, y que nadie le mande recados por la prensa, o haga sonar su teléfono para pedirle clemencia.

 

En ocho más, la ciudadanía de entonces, tendrá todo el derecho a exigir cuentas de los 32 votos que la dotaron de su persecutor.

 

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