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Tocopilla: “¿Cómo es posible que un imbécil haga encarcelar un alcalde?”

 

 

 

Tocopilla se está convirtiendo en una ciudad-símbolo –como otrora Madrid lo fuera para la república española – y sus habitantes, como un solo hombre, liderados por su gran alcalde, Fernando San Román, siguen librando una batalla que representa el anhelo de justicia de las regiones de Chile pospuesta por un centralismo exacerbado, que viene de la dictadura pelucona de Diego Portales, como también del dominio de la aristocracia santiaguina sobre los provincianos. Chile tuvo, durante el siglo XIX dos guerras civiles, provocadas por la rebelión de las provincias de Concepción y de Coquimbo, cuyos líderes fueron el general Cruz y Pedro León Gallo, respectivamente.

Hoy, la opinión pública mundial sabe más de Tocopilla que de Santiago –la capital– pues cuenta con embajadores como Jodorowsky y Alexis Sánchez– el último logró que todo el equipo de Barcelona diera su apoyo a su ciudad natal -. Karen Doggenweiler, en un programa radial, pronunciaba una frase que se antoja muy atingente: “en Chile, los ancianos pueden tener televisión con cable y computadores, sin embargo, si se enferman quedan en la más completa indefensión”. La idea de Karen encaja a la perfección en la actual realidad de Tocopilla, pues tienen un hospital ultramoderno, pero no cuentan con ningún especialista. Proporcionalmente, Tocopilla es la ciudad con el más alto índice de enfermedades cancerígenas en Chile, y junto con otras del Norte, está cubierta, permanentemente, por una nube tóxica que afecta la vida cotidiana de la población.

Las personas que no han visitado el norte de nuestro país suelen creer que todos sus habitantes trabajan para las compañías de la gran minería, pero pocos saben de la difícil labor que se suma a la pobreza en que viven los pirquineros, además de personas jubiladas o que viven de la pesca o, simplemente, familias monoparentales – muy común en Chile –. En consecuencia, es una falacia sostener que los habitantes del Norte tienen altos ingresos y “buena calidad de vida”, como lo sostienen, sin ética periodística, los diarios de la derecha política. Por lo demás, los precios de los productos básicos de una alimentación mínima son mucho más altos que en el centro del país.

Otro de los problemas se refiere a la reconstrucción de las viviendas tras el terremoto, que aún continúa manteniendo a los pobladores en campamentos o en casas de emergencia de mala calidad y, en muchos casos, soportando vivir apiñados en una sola habitación. Cualquier persona con mínimo conocimiento de la pampa sabe que las temperaturas pueden fluctuar entre 30º o descender a menos de cero grados. En las noches tocopillanas se pasa mucho frío, aunque el mar lo suaviza. Uno de los malos gobiernos de la historia de Chile, el actual, culpa al anterior por incapacidad y negligencia en enfrentar las consecuencias del terremoto, pero la verdad es que ambos gobiernos han sido desastrosos para el Norte con un olímpico desprecio para con los pobres que viven en provincia.

Los tocopillanos se ven forzados a soportar dos grandes termoeléctricas, que pagan al municipio apenas $18.000 – el vendedor del “superocho” tiene que pagar $40.000 -; la electricidad para estos ciudadanos es mucho más cara que la que pagan las empresas mineras – es que “tontilandia (parafraseando a Genaro Prieto),es un país anormal”.

El Liceo donde estudió Alexis Sánchez sigue destruido – a causa del terremoto – sin que, hasta ahora, ninguno de los dos últimos gobiernos haya hecho nada para su reconstrucción.

La tontería de los ministros de este gobierno es infinita: a las apremiantes necesidades de dotar al hospital de especialistas, el ministro de Salud no encontró mejores palabras que pedir al alcalde que se “sosegara” – atentando contra la dignidad de los habitantes -.

Intuyo que Tocopilla constituye un hito más en la necesaria rebelión de las provincias contra el gran monstruo del centralismo, apara construir, de una vez por todas, un Chile federal, siguiendo la senda de don José Miguel Infante, el verdadero padre de la patria.

 

Por Rafael Luis Gumucio Rivas

Fuente: Clarin.cl

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