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La Codicia S.A.

Piñera planea abandonar su fortuna para dedicarse al servicio público. Con un fideicomiso ciego él encargará a alguien que haga sus negocios y no sabrá una palabra de lo que ocurre con los dineros que ha ganado levantándose temprano, en teoría.  En la práctica,  tendrá que olvidarse de los nombres de sus empresas para que, indirectamente no le influyan. No deberá leer los diarios que se refieren a éstas para que sus intereses no contaminen sus decisiones de Primer Mandatario. Probablemente recibirá un dividendo de parte del encargado del fideicomiso, ya que no va a dejar que su riqueza quede guardada hasta que termine su servicio público. Además, los funcionarios públicos ganan tan poco para la escala sideral a la que acostumbra un magnate. Esta especie de sobresueldo se le depositará en su cuenta, porque si se encuentra con su manager será difícil que no se les escape en la conversación algo acerca de la última gestión bursátil.

Pero no cabe duda que, con acciones o sin acciones, él será la misma persona. Aparentemente él es un buen padre y esposo cariñoso. Lo mismo aparentan  los empresarios de la Alianza sin importar si tienen o no acciones. La mayor parte de los dueños y ejecutivos de empresas parecen ser  buenas personas , pero hay que ver sus acciones cuando se trata de obtener utilidades.

La duda de los electores para decidirse por un candidato a la Presidencia de la República de Chile se relaciona con los intereses que cada candidatura representa. Es claro que Piñera representa los intereses de las grandes Corporaciones, como los representó el gobierno de Pinochet y los Chicago Boys. Como lo hicieron los ministros y directores en cargos claves de la Administración Pública de la época, como Joaquín Lavín, Sergio Melnick y Evelyn Matthei, aquellos que prepararon el modelo que luego administraría la Concertación.

¿Y qué significa defender los intereses de las grandes Corporaciones?

Según el ideólogo máximo de los Chicago Boys, Milton Friedman, las sociedades anónimas o corporaciones defienden los intereses de sus accionistas y lo único que les debe interesar es obtener la máxima utilidad.1

Friedman expone refiriéndose a las corporaciones: “sus intereses son los intereses de sus accionistas. Ahora, ¿debería (la sociedad anónima) gastar dinero de los accionistas en propósitos llamados de responsabilidad social? Mi respuesta es NO”.

Para Milton Friedman, los ejecutivos de las empresas tienen una sola responsabilidad social y esa es con sus accionistas. El resto es sólo un engaño relacionado con las campañas publicitarias. En efecto, las sociedades anónimas están creadas con una legalidad y ésta define lo que sus Directores y Administradores pueden y deben hacer.

En los EEUU y otros países industrializados, los ejecutivos privados deben priorizar los intereses de sus accionistas sobre todo el resto de la sociedad y les está prohibido, por ley, ser socialmente responsables. En otras palabras, la Responsabilidad Social es ilegal.

Los ejecutivos de las grandes empresas, o sus dueños, deben cumplir la ley y no tienen ninguna obligación de defender los intereses de ningún sector, salvo el de sus accionistas. No tienen que investigar sobre las formas de contribuir a la solución de los problemas de la sociedad, ni deben producir las medicinas que los enfermos más necesiten, ni tienen que venderlas más baratas. Los empresarios deben vincularse a todas aquéllas áreas que les proporcionen mayores utilidades a la empresa.

Ello no significa que los ejecutivos o los accionistas sean gente mala, pero business is business y esta esquizofrenia es la que permite funcionar en sociedad, no sólo a los grandes ejecutivos de las sociedades anónimas, sino también a los traficantes de armas, a los torturadores, a los vendedores de droga y a los que deben matar a sangre fría.

De otra manera, su trabajo los convertiría en sicópatas. Estas ideas se encuentran en el libro The Corporation, de Joel Balkan quien cita palabras de Anita Roddick, dueña de The Body Shop, quien trató de establecer un negocio diferente.

Roddick afirma que la lógica de la Sociedad Anónima lleva a personas decentes a hacer cosas indecentes. Debido a que tiene que maximizar la utilidad, todo es legítimo para obtener dicho objetivo, todo. Usar trabajo infantil, trabajo esclavo (el de los sweatshops), o destruir el ambiente. Todo es legítimo si sirve para aumentar utilidades.

Es legítimo despedir a 5000 trabajadores y destruir comunidades para maximizar las utilidades. Esta es la ley de la gran empresa y obligarla a cambiar, significa matarla, destruir la esencia de su funcionamiento.

Es tarea del Gobierno y de la sociedad civil, defendernos del avasallamiento de las Corporaciones sin esperar nada de ellas, sólo exigiéndoles que cumplan la ley. No sólo su Ley, sino también las leyes del país. Lo grave es cuando un Gobierno no exige el cumplimiento de la ley que nos protege, o cuando no se legisla de acuerdo a los intereses de toda la sociedad, especialmente de los más débiles.

Es así que los candidatos a la Presidencia podrían tener o no tener acciones, incluso tener un pasado con el que quieren romper. Da lo mismo. Lo importante es si defienden los intereses de las corporaciones o del conjunto de la sociedad.

Nos debe interesar cómo se definen respecto a la evasión y elusión de impuestos, a la depredación y contaminación del medio ambiente, al trabajo precario y el avasallaje de los grandes almacenes contra los proveedores, a las tarifas de interés usurero que cobran los grandes malls y sus tarjetas.

Especialmente, y lo más importante, es que se declaren, con medidas concretas, por el apoyo a la sociedad civil para reorganizar su defensa en sindicatos, organizaciones sociales y agrupaciones de todo tipo que destruidas por la dictadura y el miedo no se han podido recuperar.

Los afectados por la depredación y el avasallaje debemos organizarnos y defendernos con la denuncia, aclarándonos a nosotros mismos que nada podremos esperar de la buena voluntad de las Corporaciones o sus ejecutivos y exigiendo al Gobierno y sus candidatos, que no vendan sus acciones, sino que velen por el cumplimiento de la ley que debe favorecer a todos los chilenos por igual. Así de simple.

En los últimos 150 años La Gran Empresa, desde una relativa oscuridad, ha llegado a convertirse en la institución económica dominante en el mundo. Hoy las corporaciones gobiernan nuestras vidas. Determinan lo que comemos, lo que miramos en la TV, lo que vestimos, donde trabajamos y qué hacemos. Estamos inevitablemente rodeados por su cultura, iconografía e ideología. Como La Iglesia y La Monarquía en otros tiempos, se glorifican a sí mismas al imponer sus planteamientos que asumen infalibles y omnipotentes. Crecientemente dictan las decisiones de sus supuestos fiscalizadores en el Gobierno y controlan a la sociedad aún en áreas que normalmente correspondieron a la esfera pública.

Debemos organizarnos para elegir a representantes que nos protejan para impedir la depredación total.

Por Patricia Santa Lucía

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