sábado, octubre 19, 2019

La Concertación sin Lagos y la participación de los trabajadores en un nuevo sistema de seguridad social

1. “No soy ni seré candidato presidencial.” Así sentenció el ex Presidente Ricardo Lagos Escobar el 4 de diciembre, despejando por fin su opaca posición al respecto, lo cual tuvo en ascuas a la casta política tanto de la Concertación, como de la Alianza por Chile durante un buen tiempo. La declaración se realizó al día siguiente de que se publicara la encuesta Adimark de octubre sobre percepción política ciudadana, donde ante la consulta ¿Qué candidato presidencial cree usted que salió más fortalecido después de conocerse los resultados de la elección municipal de Octubre 2008?, un 52% dijo que Sebastián Piñera;  un 7,6% afirmó que el beneficiado fue Ricardo Lagos Escobar; Eduardo Frei Ruiz Tagle obtuvo un 3,3 %, y el actual Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza,  un 1.5 %. No es coincidencia que Lagos se retire ahora. Además, la opinión pública desconoce otro tipo de indicadores electorales que probablemente emplean políticos con super vínculos internacionales provenientes de los países centrales, la España del PSOE y el propio gobierno norteamericano, como es el caso de Lagos.. Lo contundente es que si Ricardo Lagos se niega definitivamente a participar en la contienda presidencial de fines de 2009 es porque está seguro de que no tiene posibilidades de ganar. Más allá de su discurso sobre el desorden concertacionista y la necesidad de  “construir una nueva fuerza política” ante la debacle del conglomerado en el gobierno transitoriamente, adquiere mayor verosimilitud la cacareada política del “relevo” ya refrendada por Patricio Aylwin. El turno de la derecha histórica en el Ejecutivo es hoy una desgracia posible frente al continuismo y profundización de la Concertación respecto del paradigma de acumulación capitalista inaugurado por la dictadura militar y tutelado por la ortodoxia neoliberal norteamericana.

Por su parte, el pre candidato demócratacristiano Eduardo Frei Ruiz Tagle, cuya candidatura será coronada el fin de semana del 13 y 14 de diciembre donde también se efectuará  la elección de la nueva directiva de esa tienda (la gran perdedora en las elecciones municipales recién pasadas) a tropezones procura dar golpes de audacia anunciando una propuesta de 37 modificaciones constitucionales. El viejo gatopardismo en manos del ex Presidente Eduardo Frei (1994-2000) intenta mostrar un nuevo rostro hablando de corrido y postulando una “profunda” reestructuración del régimen político, ofreciendo mayores atribuciones al Congreso, más autonomía y facultades a las regiones, posibilitando la participación electoral legislativa a dirigentes sociales y otras reformas cosméticas menores.. Su gobierno se caracterizó por la firma de los primeros Tratados de Libre Comercio asimétricos (que luego consolidaría Ricardo Lagos) y una reforma educacional inútil. Hasta el momento, además de la DC, sectores del Partido por la Democracia (PPD) apoyan su postulación. Sin embargo, la indiferencia mayoritaria expresada al menos en las encuestas del propio poder en relación a su popularidad, castiga sustantivamente sus posibilidades presidenciales.

Por su parte, y desde el fondo del favoritismo de la opinión pública ilustrada en las consultas pagadas, el actual Secretario General de la ONU, José Miguel Insulza, ex ministro de los gobiernos concertacionistas de Frei y Lagos, arriba a Santiago la presente semana para definir con el Partido Socialista su pre candidatura presidencial. Insulza es el candidato del Presidente del PS, Camilo Escalona y del parlamentario “a dedo” Marcelo Schilling. En buenas cuentas, su eventual programa político –aún desconocido, pero predecible- mantendrá las cosas tal cual están, salvo por las consecuencias reactivadoras del mundo del los trabajadores y el pueblo devenidas de los efectos de la crisis mundial en Chile. El garrote contra el pueblo que puede prometer a la clase en el poder –de la cual es parte, vehículo y representante- resulta indistinguible del ofrecido por Frei o el propio Piñera.

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Y, justamente, Sebastián Piñera, hace rato en carrera, podría ser elegido como candidato único de la derecha histórica luego del conciábulo de la integrista UDI que se realizará el viernes 12 de diciembre. El hombre lidera las encuestas y aventura un discurso difuso cuando habla de transparencia, de clase cuando habla de igualdad de oportunidades, y cupular cuando habla de estar más cerca “de la gente”. ¿Es posible un resultado en la segunda vuelta presidencial parecida a la que se presentó entre Lagos y Joaquín Lavín el 2000, con una diferencia nimia, pero muy similar, donde esta vez gane Sebastián Piñera? Los dados están echados.

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2. La crisis mundial en Chile  no sólo destruye empleo en áreas de la construcción, el comercio, la banca, y la industria salmonera. Sobre todas las cosas ha revelado el contenido genéticamente burgués del Estado a través de las inyecciones de recursos fiscales a los empresarios bursátiles, del salmón y de la construcción inmobiliaria. Frente a la ruina del sistema privado de previsión individual, AFP, el gobierno baraja el proyecto de una AFP de propiedad del Estado, es decir, de propiedad de los que mandan. Porque el Estado no es la arquitectura neutral de la conciliación de los intereses nacionales, o la báscula maestra del consenso social. Es el instrumento burocrático, político y militar que en Chile ha empleado históricamente la burguesía, los pocos dueños de todo, para garantizar sus privilegios. Luego de un paréntesis inestable de mil días durante la Unidad Popular, el Estado pronto retornó a sus funciones asociadas a la dominación y el disciplinamiento de clase. ¿Qué ya se sabía? Pues bien, es por ello que una demanda coyuntural de tal trascendencia como es la lucha desde el campo de los trabajadores y el pueblo para el establecimiento de un régimen de seguridad social fundado en el reparto solidario no puede limitarse a un modelo puramente estatista, aunque aparentemente ello signifique un mejor sistema que el de las AFPs. Necesariamente, la lucha de los trabajadores y el pueblo debe sostenerse sobre la concepción de la participación estratégica de los ahorristas en la gestión de los recursos en un eventual modelo de seguridad social o previsional.  No sólo porque los dineros son parte del salario de los trabajadores, ya jibarizado por el recorte patronal estructural que funda las granjerías de la minoría en el poder, sino porque sólo la participación garantiza en alguna medida cierto control sobre los propios fondos. Es sabido que no será sino en una sociedad de iguales y libres, que todavía hay que conquistar, donde se desplegarán plenamente como océano hegemónico los intereses de las grandes mayorías. Sin embargo, ello no significa que hay que renunciar o postergar ahora y una vez más la reivindicación correspondiente a  que los trabajadores cuestionen con su participación sustantiva en el porvenir de sus ahorros al menos, la actual democracia sin pueblo que reina en Chile. ¿O es que la estatización por sí sola, ante los acontecimientos históricamente repetidos, asegura que los ahorros previsionales no serán empleados en oxigenar la economía de los de arriba?


Andrés Figueroa Cornejo

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