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Un diplomático impasible ante los conflictos internacionales

Lobos con piel de oveja (IV): Ban Ki-moon, el Secretario de la ONU que defendió las violaciones a los DD. HH.

En lugar de condenar, detener o impedir las guerras promovidas por la Casa Blanca, las autorizó o permaneció callado, traicionando su mandato de apoyo a la paz y a los derechos humanos


Durante los diez años en los que Ban Ki Moon ejerció la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) no pudo librarse de la etiqueta de «hombre invisible», debido a su actitud impasible frente a los grandes conflictos internacionales, una posición que contribuyó desdibujar el papel de esta institución en la defensa de la paz y los derechos humanos.

Entre el 1º de enero de 2007 y el 31 de diciembre de 2016, su gestión tuvo escaso impacto en la política mundial y fue cómplice de conspiraciones, crímenes de guerra y otros abusos cometidos por el segundo período presidencial de George W. Bush (2005-2009) y la administración de Barack Obama (2009-2017).

El surcoreano heredó el testigo de Kofi Annan, quien dejó a la ONU hundida en los escándalos de su mala gestión, denuncias de corrupción relacionadas con el programa “Petróleo por Alimentos” en Irak -una controversia que involucró a su hijo- y por agresiones sexuales cometidas por los Cascos Azules.

Aunque al momento de asumir el cargo declaró que una de sus principales tareas sería «revivir y suscitar una renovación de confianza hacia una secretaría de la ONU un poco agotada”, su periodo es catalogado como uno de las más criticados y cuestionados de la historia.

Ban ki Moon recorría diariamente 9 kilómetros para practicar inglés con los empleados norteamericanos de una fábrica de fertilizantes. Foto: Web.

Un admirador de Estados Unidos

Ban Ki Moon (nacido el 13 de junio de 1944) no contaba con mayores credenciales para dirigir la ONU, sino apenas los casi tres años estuvo al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Sur.

Sin embargo, tenía una información occidental y desde su juventud fue un admirador del establishment estadounidense. De hecho, para aprender el idioma inglés recorría diariamente nueve kilómetros para practicar con los empleados norteamericanos de una  fábrica de fertilizantes.

En 1962 ganó un concurso de ensayos patrocinado por la Cruz Roja y obtuvo un viaje a Estados Unidos, donde vivió durante varios meses con una familia en San Francisco, California. Durante esa estadía, conoció al entonces presidente John F. Kennedy, en un acto en el que un periodista le preguntó qué profesión le interesaba ejercer y Ban contestó: «Quiero convertirme en diplomático».

En 1970 obtuvo un título en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Seúl. En 1985 recibió una maestría en Administración Pública en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de la Universidad de Harvard, donde se formó con Joseph Nye, creador de la teoría neoliberal de las relaciones internacionales.

Al frente de la ONU, Ban Ki Moon evitó los conflictos con el Gobierno estadounidense. Foto: Web.

Una diplomacia invisible

A cargo de la ONU, Ban Ki Moon optó por la diplomacia discreta, para evitar presiones y conflictos con el Gobierno de Estados Unidos, con el que estaba en deuda por su rápido ascenso político dentro de las Naciones Unidas.

«La gente de George W. Bush, que quería reducir el papel del secretario general, encontró en Ban Ki-moon al hombre que necesitaba«, afirmó un ex diplomático estadounidense citado en un reportaje de El País.

Lejos de ejercer un liderazgo político y moral, Ban se limitó a lanzar comunicados y formular declaraciones efímeras.

El reportaje del diario español contó con el testimonio de colaboradores del diplomático surcoreano, quienes lo criticaron por no animar el debate y molestarse cuando sus asesores internacionales en la secretaría general se atrevían a proponerle opiniones contrarias a las suyas.

Según El País, la opinión dominante pronunciada una y otra vez por los entrevistados fue que Ban Ki Moon actuó «más como secretario que como general”, ya que no tuvo “la visión, el intelecto, la atención ni el liderazgo necesarios para reactivar las Naciones Unidas».

«Es un líder reacio a actuar, que espera a obtener el consenso antes de avanzar (…) La tragedia de esta parálisis en el tema de la intervención es que los que salen perdiendo son los derechos humanos y la democracia”, expresaron funcionarios de su entorno.

Un cómplice de las guerras

Al juramentarse como Secretario General el 1º de enero de 2017, el diplomático se comprometió  a ejercer sus funciones «teniendo presente solamente los intereses de Naciones Unidas», y a «no buscar ni aceptar instrucciones de gobierno alguno o de otra autoridad exterior a la organización»

Sin embargo, en lugar de condenar, detener o impedir las guerras promovidas por la Casa Blanca, Ban Ki Moon las autorizó o permaneció callado, traicionando su mandato de apoyo a la paz y a los derechos humanos.

Incluso, Human Rights Watch (HRW,  en su reporte de 2011, incluyó una crítica a su “fachada de tranquila diplomacia de (in)acción” por no dar los pasos oportunos cuando fue necesario.

El  entonces director ejecutivo de HRW, Kenneth Roth, criticó su “uso del diálogo y la cooperación en vez de presionar públicamente a gobiernos abusivos”, especialmente EE. UU. y sus socios imperiales.  

“Lejos de condenar la represión, Ban llegó en ocasiones a retratar con una luz positiva a gobiernos represores”, planteó Roth.

Uno de los actos más cuestionados del surcoreano fue la decisión de revertir la larga oposición de las Naciones Unidas a la pena capital, una práctica que en muchos casos cobra la vida de inocentes y que es aplicada en varios estados norteamericanos. Su argumento fue que “era a cada país a quien le correspondía decidir si la respetaba o no”, en vez de condenarla francamente.

En su gestión no hizo nada para abordar el ilegítimo poder de veto de algunos países del Consejo de Seguridad, que da a naciones como EE. UU. autoridad sobre los demás. 

Bajo su liderazgo, la ONU no tuvo jugó un papel predominante en  el abordaje y resolución de varios conflictos africanos, ni en los de Oriente Medio, ni ante la amenaza nuclear de Corea del Norte.

En 2009, la ONU no fue clara sobre las violaciones a los derechos humanos durante la guerra de Sri Lanka. Foto: Web.

En 2009, la organización fue criticada debido a su fracaso para hablar claramente sobre las extendidas violaciones a los derechos humanos al final de la guerra civil en Sri Lanka

Asimismo, apoyó varias intervenciones y golpes de Estado. En Costa de Márfil autorizó una ilegal operación militar apoyada por Francia contra el presidente Laurent Gbagbo, que acabó con la vida de cientos de civiles.

No obstante, se hizo eco del llamado de Washington para derrocar a Muamar Gadafi, bajo la excusa de que el exlíder libio había perdido toda legitimidad. Manifestó su total apoyo a los ilegales bombardeos aéreos que arrasaron grandes zonas y edificaciones, y que ocasionaron la muerte de más de 50.000 ciudadanos libios.  

De hecho, cuando en octubre de 2011 se anunció que Gadafi había sido asesinado, Ban Ki Moon se sumó a la opinión del gobierno de Barack Obama y afirmó que este hecho marcaba «una histórica transición para Libia», ya que significaba»el final del principio», cuando la realidad es que la nación africana quedó destruida tras la invasión.

Con su falta de carácter, el entonces Secretario General no logró detener las violaciones a los derechos humanos en regiones como Myanmar (Birmania), regido por una junta militar, y Sri Lanka, donde el gobierno mató miles de civiles en su campaña para liquidar a los Tigres Tamiles.

Tampoco se pronunció o actuó de forma enérgica frente a los conflictos registrados en Sudán, Kosovo, Zimbabue y  Georgia.

En 2015, el Consejo de Derechos Humanos rechazó las peticiones para establecer una comisión para investigar las atrocidades en Yemen, donde una coalición militar encabezada por Arabia Saudí combate a insurgentes de la etnia hutí.

La guerra en Yemen suma más de 90.000 muertos. Foto The Intercept.

La guerra en Yemen es considerada como una de las mayores catástrofes humanitaria, que ha arrasado a uno de los países más pobres del planeta a un escenario de absoluta devastación, hambruna y brotes de cólera, y que a la fecha suma más de 90.000 muertos.

Al igual, que su predecesor Kofi Annan, el surcoreano se olvidó de hacer frente a las denuncias de abusos sexuales contra «cascos azules» procedentes de 21 países distintos, y en especial de las fuerzas desplegadas en la República Centroafricana.

Calentamiento global

Antes de entregar el mando de la ONU, Ban Ki Moon destacó que su mayor logro fue que la comunidad internacional ratificara el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, que se propone evitar que la temperatura global se eleve por encima de dos grados centígrados durante este siglo.

Este acuerdo, sin embargo, corre el riesgo de descarrilarse por la falta de unidad en Europa y la decisión del presidente destadounidense, Donald Trump, de retirarse en 2017 del pacto, teniendo en cuenta que la nación norteamericana es el mayor emisor de contaminantes en el mundo

Ban Ki Moon y América Latina

Con respecto a América Latina, Ban Ki Moon no actuó de forma firme frente a Washington tras el golpe de Estado contra el presidente hondureño Manuel Zelaya, el 28 de junio de 2009.

También fue cómplice de la militarización de Haití por la administración Obama, para colocar en la presidencia a Michel Martelly y defender los poderosos intereses capitalistas de EE. UU. en este país.

Antes de finalizar su gestión en 2016, pidió perdón por la responsabilidad de la ONU en la epidemia de cólera que afecta a Haití desde 2010 y que ha matado a más de un millón de personas.

Durante su gestión tampoco hizo esfuerzo alguno por presionar a Washington a derogar la orden ejecutiva aprobada, inicialmente en 2015, por Barack Obama, que califica a Venezuela de amenaza “inusual y extraordinaria” contra la seguridad estadounidense y que ha sido una de las causas de la crisis política y el bloqueo económico que enfrenta la nación caribeña.

La gestión de Ban Ki Moon frente a la ONU estuvo parcializada a favor de Israel. Foto: Web.

Como defensor de las políticas neoliberales, Ban Ki Moon ha elogiado el “liderazgo”del presidente argentino, Mauricio Macri, quien ha endeudado a su país con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y ha sometido a su pueblo a altos índices de pobreza.

Su complicidad con Israel

En 2007, durante una reunión con líderes palestinos en Jerusalén, el diplomático surcoreano se refirió a la satisfacción que le proporcionaba «estar en Israel», demostrando que estaba parcializado con los intereses sionistas.

De hecho, como Secretario General fue muy cuestionado por ser cómplice de los crímenes, violaciones a los derechos humanos y constantes bombardeos del régimen de Israel en la Franja de Gaza, con el auspicio de Washington.

“Mi mayor remordimiento al dejar el cargo es la continuación de la pesadilla en Siria”, admitió Ban Ki Moon antes de culminar su gestión en 2016. Foto: Web.

Su fracaso en Siria

En noviembre de 2016, Ban Ki Moon reconoció que la crisis de Siria podía considerarse un fracaso de la Organización de las Naciones Unidas.

«Es una gran lástima que sigamos observando las muertes de hombres, niños y mujeres debido a la falta de liderazgo político, la visión y la humanidad por parte de los líderes sirios; puede considerarse un fracaso de la ONU pero al mismo tiempo es una especie de fracaso colectivo«, expresó Ban a la televisión antes de culminar su gestión.

La guerra en Siria, que inició en 2011, ha provocado entre 300.000 y 400.000 muertos, según cifras de las mismas Naciones Unidas. “Mi mayor remordimiento al dejar el cargo es la continuación de la pesadilla en Siria”, admitió .

Ban Ki Moon cumplió dos mandatos al frente de la ONU. Lejos de dejar avances en materia de respeto a los derechos humanos y  relaciones entre los países del mundo, su gestión dejó complejos desafíos, entre ellos sangrientos conflictos y el auge del terrorismo, desencadenantes de un flujo de migrantes y refugiados sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Su labor, al igual que la de sus predecesores, se vio afectada por las presiones de potencias, que con su poderío financiero y militar lograron imponer una agenda global subordinada a sus intereses, haciendo de las Naciones Unidas una institución cada vez menos independiente y útil para promover un mundo mejor.

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