Matías Sagredo: Me preocupa la promesa de Nueva Constitución de Bachelet

  Matías Sagredo, miembro del Movimiento Nacional por una Asamblea Constituyente y fundador de la Red de Estudiantes de Chile por la Asamblea Constituyente, decidió conversar con El Ciudadano para plantear entre otros la necesidad de una Constituyente amplia y participativa en Chile, y de paso justificar la candidatura presidencial que intenta levantar parte del […]

Por Director

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Matías Sagredo, miembro del Movimiento Nacional por una Asamblea Constituyente y fundador de la Red de Estudiantes de Chile por la Asamblea Constituyente, decidió conversar con El Ciudadano para plantear entre otros la necesidad de una Constituyente amplia y participativa en Chile, y de paso justificar la candidatura presidencial que intenta levantar parte del movimiento constituyente, candidatura presidencial encarnada en el sociólogo Gustavo Ruz,   la que no tienen certeza si llegue a estar en la papeleta, pero que dicen les sirve para instalar el tema en discusión pública sin que se tergiverse el propósito, en un contexto de elecciones donde la palabra Asamblea Constituyente, se oye más que nunca.

-¿Cuéntanos sobre el Movimiento por la Asamblea Constituyente, cómo surge y por qué se plantean la exigencia de una nueva constitución mediante esta vía?

-El Movimiento Nacional por la Asamblea Constituyente surge desde lo más profundo de las demandas sociales de los pueblos de Chile, incluyendo quienes lucharon por derrocar a la dictadura -con su modelo económico y constitución- y las nuevas generaciones que han venido exigiendo transformaciones durante los últimos 23 años. Ambas generaciones han visto siempre impedida la realización de sus demandas –pese a las gigantescas movilizaciones de los últimos años- debido a las trabas institucionales que se impusieron en la Constitución de 1980, las que han hecho y seguirán haciendo inviable todo cambio profundo al sistema.

Sucede que toda iniciativa de cambio real pasa inevitablemente por el Congreso y es entonces cuando los llamados quórum calificados frenan cualquier proyecto, ya que el sistema binominal asegura que siempre exista una minoría conservadora que utilice dicho quórum para impedir los cambios. Minoría que ha reclutado adeptos tanto en la Alianza como dentro de la Concertación.

Todas estas trabas fueron creadas específicamente con este fin; el de impedir que nunca más el pueblo de Chile tome el destino en sus propias manos, es decir, que las grandes decisiones políticas del país no pasen jamás por la deliberación ciudadana. Es por eso que el mismo Jaime Guzmán –creador de nuestra mal llamada Constitución- aseguró frente a sus correligionarios gremialistas que con esta carta magna “no importa quien gobierne, tendrá que hacer lo mismo que haríamos nosotros”,  es decir que no importa quien salga electo presidente el 19 de noviembre, mientras no se convoque a una Asamblea Constituyente, cualquier gobierno estará obligado a ceñirse a la voluntad plasmada por la dictadura en la Constitución.

Sucede que en Chile vivimos bajo un engaño de proporciones históricas, una fantasía consolidada en el imaginario colectivo a través del control de los medios de comunicación: la ilusión de haber conquistado la democracia en 1990. Sucede que las fuerzas sociales que luchaban contra la dictadura no fueron las que triunfaron en 1989, sino un pequeño grupo de dirigentes que aceptaron el sometimiento a los intereses económicos de Estados Unidos, los que incluían: mantener la impunidad de los generales golpistas, aplicar y mantener el modelo económico, aceptar las trabas institucionales para que la ciudadanía no deliberase en los temas trascendentes y finalmente como exigencia principal entregar el cobre a las empresas trasnacionales.

Ocurre que la dirigencia de la Concertación pactó con la Dictadura ciertas reformas constitucionales que fueron plebiscitadas el 30 de julio de 1989, plebiscito al cual ambos bandos llamaron a votar SI, pero sin decirle a la ciudadanía que los cambios a la constitución incluían el aumento de los quórum necesarios para realizar reformas al sistema, quórum que no existía en el texto original de 1980 y que, en cambio, la Concertación aceptó incorporar como moneda de canje para ellos asumir la “transición”. Posteriormente serían esos mismos quórum la excusa reiterada de sus gobiernos, entre 1990 y 2010, para disculparse con la ciudadanía por no haber podido realizar los cambios que nos prometieron a todos antes de asumir el primer gobierno con Patricio Aylwin, cambios que incluían incluso la Asamblea Constituyente y el fin al modelo económico neoliberal.

Es desde esta raíz; de imposición de una Constitución por la fuerza (1980) y su ratificación mediante el engaño (1989), sumado a la indignación generalizada ante las promesas incumplidas de los distintos gobiernos desde 1990, que las distintas fuerzas sociales que exigían demandas justas como: la recuperación del cobre, el agua, la educación pública, la salud, la participación ciudadana, etc. comenzaron a confluir en la necesidad urgente de una transformación profunda en toda la institucionalidad del Estado, comprendiendo así que es éste el problema y no la elección de uno u otro gobernante.

El Movimiento por la Asamblea Constituyente lleva más de 7 años difundiendo e impulsando el surgimiento de la organización ciudadana en todo el territorio nacional, para llegar ojalá pronto a exigir de manera masiva y unitaria nuestro derecho irrenunciable de convocar a una Asamblea Constituyente. El objetivo del movimiento es impulsar la unidad entre las chilenas y chilenos, de todas las raíces sociales e ideológicas, étnicas, etarias y culturales, para avanzar juntos hacia la recuperación de nuestra soberanía popular.

-¿Qué piensas de las promesas de Bachelet sobre una nueva constitución y el nombramiento de una comisión de estudios sobre este tema?

-Claro que estoy de acuerdo con una Nueva Constitución, es obvio que eso es lo que necesitamos. El punto es que si no es mediante Asamblea Constituyente entonces la promesa de nueva constitución es un engaño, pues el Congreso no tiene posibilidad alguna de lograrlo. Por otro lado al Congreso no le corresponde esta labor pues, como poder constituido, no puede ejercer el poder constituyente que reside única e indelegablemente en el pueblo. Sólo una Asamblea Constituyente corresponde al ejercicio directo de la soberanía popular, como debe ser: elegida democráticamente con delegados de todo el país, asegurando su máxima representatividad, en un proceso participativo y de protagonismo ciudadano.

Una Asamblea Constituyente es lo que es y no puede ser tergiversada como una comisión de expertos ni parlamentaria. Sucede también que últimamente se ha venido tratando con negligencia el concepto de Asamblea Constituyente por parte de los abogados asesores de Bachelet, dando a entender que ésta puede ser cualquier cosa. La Asamblea Constituyente no puede ser disfrazada de lo que no es para evitar conflictos con la derecha dura y los poderes fácticos.

Un proceso constituyente no es sólo la redacción de un nuevo texto constitucional, es un proceso de refundación del país donde el pueblo en su totalidad debate y piensa sobre cómo quiere que sea su patria, cómo cree que es mejor organizarnos para vivir en armonía, cuáles son las características que debe tener el Estado para asegurar el bien común, la protección de los derechos ciudadanos y de la naturaleza. Se trata de mucho más que una simple promesa de nueva constitución. En un proceso constituyente reaparece el pueblo de Chile, olvidado y marginado durante 40 años, y vuelve a tener voz y voto en la definición de su propio destino.

Si Michelle Bachelet promete una nueva constitución, pero esto no incluye un proceso constituyente democrático, sin binominal, con delegados de todo el país y participación constante de la ciudadanía en todas las etapas de redacción y aprobación de la nueva constitución, entonces estará mintiéndole al pueblo, engañándolo una vez más, al insinuar que ella, por el sólo hecho de ser Michelle Bachelet, tendrá el poder de realizar las transformaciones profundas que el país necesita y eso me preocupa profundamente. Debemos poner atención a lo señalado por  su vocero Ricardo Lagos Weber al reconocer que no serán capaces de hacer los cambios que prometen debido a los altos quórum que necesitan.

 -¿Qué conflicto crees que puede generarse si la Concertación definiera su propuesta hacia un mecanismo distinto a la Asamblea Constituyente?

-La Concertación ya ha generado ese conflicto. En Enero de 2012 los senadores Girardi, Escalona, Zaldívar, Rossi, junto a otros 19 senadores, incluido un RN, impulsaron un proyecto de acuerdo que fue aprobado por el Senado para que se constituya una Comisión Bicameral de 10 diputados y 10 senadores que auto asumieran la potestad constituyente –al igual como lo hicieran los generales de la Junta militar- y redactaran la nueva constitución. Esta línea queda bien definida en los recientes dichos de Zaldívar donde declara que “es el congreso” y no el pueblo “quien posee el poder constituyente”. Esta es la propuesta que sigue sosteniendo Escalona y que corresponde a la lógica de los 20 años de gobierno de la Concertación: haciendo las cosas a espaldas del pueblo.

Si deciden imponer un proceso de este tipo lo único que lograrán será acentuar el conflicto con la ciudadanía, pues el engaño será evidente y la sociedad chilena no aceptará que le metan el dedo en la boca nuevamente en algo tan transcendente.

-¿Sería entonces la Asamblea Constituyente la mejor vía?

 -La Asamblea Constituyente devolverá al país la cordura política, el sentido común, ese que la mayoría de la población expresa en todas las encuestas de opinión al declarar, en más del 70%, que están de acuerdo con la renacionalización del cobre, con el fortalecimiento de la educación pública, con la protección de la madre tierra por sobre los intereses económicos, etc. La sociedad chilena está clara y madura en todos los grandes temas. El punto es que si se les preguntara sobre estos temas, la respuesta sería contundente y categórica. Y es que justamente el meollo del asunto es que los poderes fácticos y económicos no quieren permitir siquiera que se abra un poco la institucionalidad democrática para que a los ciudadanos no se nos pregunte nada, pues saben que ningún chileno aprobará la continuidad de los abusos y privilegios que hoy existen y se cometen a destajo.

Si la concertación persevera en el método bicameral, o en cualquier mecanismo que no implique la participación directa de la ciudadanía, el resultado será el de un nuevo texto constitucional que no incluirá los grandes cambios visibilizados por el Movimiento Social, sino que incorporará un perfume, un maquillaje jurídico y retórico, que disfrace el contenido neoliberal y antidemocrático que permanecerá intacto, como ocurrió en 2005 con la firma de Lagos y el 2006 en el caso LOCE – LGE.

El Movimiento Social en su conjunto ya se ha apropiado de la demanda de Asamblea Constituyente y nada podrá detener su avance, hasta que por alguna vía se logre convocar a una consulta donde el pueblo demuestre en un acto contable e indesmentible que es la amplia mayoría la que desea terminar con la Constitución actual y redactar otra mediante un proceso de Asamblea Constituyente. Cuando se logre esa demostración empírica de las mayorías por esta opción, quedarán sentadas las primeras bases de jurisprudencia supraconstitucional que avalen jurídicamente la convocatoria a una Asamblea Constituyente, aunque ésta no se encuentre contemplada en la legalidad actual. La presión social será determinante a la hora de lograr abrir las puertas burocráticas para la existencia legal de un proceso constituyente en Chile.

-Finalmente, ustedes están proponiendo una candidatura presidencial independiente, ¿qué nos puedes decir sobre eso, qué tiene que ver con la Asamblea Constituyente?

-Es en nuestro último congreso nacional, en enero del presente año, donde decidimos levantar una candidatura presidencial cuya bandera principal sea defender el derecho a la Asamblea Constituyente y se encargue justamente de proteger esta demanda de toda tergiversación oportunista, así como también generar en cada habitante del país la conciencia necesaria para exigir el inicio de un proceso constituyente. Proceso en donde cada ciudadano pueda participar en la reconstrucción de su patria.

Una candidatura responsable que no se sustente en ofrecer promesas al pueblo sino en demostrarle a la gente que existe una esperanza de cambio real donde ellos serán los protagonistas.

Para el logro de este objetivo, desde el Movimiento por la Asamblea Constituyente proponemos a los pueblos de Chile la candidatura presidencial de Gustavo Ruz Zañartu,  miembro fundador del movimiento y coordinador de esta iniciativa durante añosY es que no estamos proponiendo una candidatura mesiánica que prometa mil cosas para “cuando sea presidente”, levantamos esta candidatura con el único fin de contribuir a la unidad de las distintas fuerzas sociales para avanzar en conjunto hacia una Asamblea Constituyente. El candidato es la forma de poder entregar de manera masiva a millones de chilenos la información que les ha sido ocultada durante décadas y que se convertirá en la herramienta necesaria para que defiendan su legítimo derecho a un proceso constituyente participativo y democrático.

El Ciudadano


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